La carta

La carta

Escribo este post en histeria TOTAL: He perdido una carta comprometedora en la cual pongo en papel, a mano, con mi letra, muletillas, expresiones, firma y obvio –porque tenía que hacerlo– el nombre del destinatario.
Y la he perdido. Damn it!

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Cita a Ciegas

Cita a ciegas

Después de los éxitos no obtenidos de conocer a chavos por medio de aplicaciones… OK, por medio de Tinder… Decidí que tal vez debería de probar suerte e intentar conocer a aquellas personas que siempre me quieren presentar porque “es muy buen chavo y creo que súper quedan”.
Bueno, esta historia es sobre ese “buen chavo” con el que –según mi amiga– “súper quedaba”.

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Solterita y Sin Pareja en Boda Familiar

Solterita y Sin Pareja en Boda Familiar

Algo que tal vez muchas personas no sepan es que en Monterrey se acostumbra a ir con pareja a las bodas, es decir, si eres una mujer soltera tienes que encontrar con quien ir hasta que consigas novio y termine ese problema.

Bueno. La cosa se complica un poquito más si dicha boda es familiar porque ¿cómo le dices a un amigo equis, perfecto desconocido, o chavo que te gusta que te acompañe a una boda en donde –probablemente– tenga que sentarse con tu familia y platicar? Y entiéndase por papá, mamá, hermanos, tíos, primos, ¡vaya! el paquete completo. Todo depende de la suerte o de los arreglos de asientos que hagan los novios.  Incómodo, ¿no? Y con potencial para el desastre.

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El sapo que se creía príncipe. Final.

El sapo que se creía príncipe. Final.

Estaba en un evento importante del trabajo con el chavo que me gustaba, pero mis sentimientos eran encontrados –me atraía y estaba enojada con él–, me había quedado mal: casi me dejó plantada y al parecer, era imposible para él reportarse pues ni un mensaje pudo enviarme. Decidí olvidarlo todo e intentar divertirme con él, pero al ver que no podíamos superar su cansancio y que su actitud empezó a cambiar me di por vencida: Sí él no quería ser atento conmigo, ¿por qué debía yo ser buena con él?

Game on!

Mientras Fulanito seguía luchando por mantenerse despierto en mi mente resonaban sus palabras “Relájate. No es para tanto”.

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El sapo que se creía príncipe. Parte 2.

ILUSTRACIÓN4

¿Y ahora qué?

Me preguntaba mientras estábamos de pie frente a la pista de baile. En silencio. Sin voltearnos a ver, sin movernos. Con el roce de su saco en mi brazo. Su maldito saco. ¿Alguien dijo “momento incómodo” acaso?

Demonios.

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