El Efecto Dramamine

Algo súper emocionante que nos contaron nuestros amigos de Cruceros y Grupos, es que durante las vacaciones de crucero habría dos noches de gala: El capitán cenaría con nosotros (con todos los del barco) en un gran salón, era un evento elegante con un menú especial. 

Y Oh! My! GOD! El menú especial tenía como platillo principal langostas. ¡LANGOSTAS!


-¿Sintieron? – preguntó mi mamá de repente mientras platicábamos y esperábamos la comida.
Todos nos quedamos callados y mirando alrededor.

-Se está moviendo mucho el barco.

(Yo sé que es súper tonto decir que se siente el movimiento de un barco. ¡Está en movimiento! Pero normalmente no se siente. Se siente cuando estás acostado, pero nunca en el gran salón).

Empecé a recordar la película del Titanic y comencé a sentir miedo. Estaba muy oscuro afuera y muy profundo donde estábamos. 

Luego me acordé de que estábamos en el Caribe y que afuera hacía bastante calor… Y se me quitó el miedo. 

Llegaron las langostas. Empezamos a prepararnos para comer cuando:

-Más langostas para que disfruten, de mi parte – nos dijo el mesero.

Éramos 6 adultos en la mesa y había 14 langostas por comer. 

Emoción. TOTAL.

Debo admitir que fui al baño a quitarme la faja: ¡Había 14 langostas! Y desperdiciar comida es pecado… 
Y debo admitir que soy una gran creyente de que las mujeres no nos debemos hacer de la boca chiquita. El hombre que me quiera, ¡querrá mis carnes también!

Después de cenar quisimos tomarnos fotos familiares. 

-Sí, este… me siento mal, iré al cuarto – dijo mi hermana medio nauseabunda y sin despedirse.

Los demás empezamos a pasear por el barco, intentando bajar la comida. De repente, empecé a sentirla langosta atorada en mi garganta. Moviéndose de arriba abajo, junto con la marea… y el barco.

No pasa nada. Todo está bien, pensaba mientras intentaba concentrarme en la tienda de souvenirs.

Y luego otra vez, de arriba abajo. 

Concéntrate en el barbón, concéntrate en el barbón.

De arriba abajo.

Y de repente lo sentí muy cerca de mi boca.

-Miren, show cancelado por movimiento del barco – dijo mi mamá mientras señalaba el aviso. 

-Sí, este no me siento bien, iré al cuarto.

-¿Estás mareada?

Afirmé con la cabeza. Ya no sentía que era seguro abrir la boca.

-En mi cuarto, en el buró derecho está el Dramamine.

Debo admitir que cuando quieres vomitar no hay nada más difícil que mantener la compostura frente a un montón de desconocidos y no hay nada que odie más que los elevadores que se detienen en cada piso. 

¡¡Emergencia people!! ¿¡¿Qué no ven mi cara o qué?!?

Los pasillos de los cruceros son como los de las películas de terror. Largos, tan largo que parecen nunca terminar. Ahora intenta recorrerlos mareada, con gente intentando pasar a tu lado por el angosto pasillo y usando tacones. 

Entré al cuarto para encontrar a mi hermana debajo de las cobijas y en posición fetal. Estaba pálida, pálida, entre desmayada y dormida. Tomé un Dramamine, aventé los tacones y me metí a la cama. La sensación del movimiento del barco se intensificó. 

Todo está bien. No necesito vomitar. No necesito vomitar. Todo está bien, empecé a pensar mientras respiraba profundamente, esperando el efecto del Dramamine. 

Empecé a sentir sueño y con el sueño se comenzó a pasar el mareo. El medicamento hacía efecto. Volteé a ver a mi hermana y medio adormilada le pregunté si quería medicamento. Me dijo que no, que la hacía sentir peor. No entendí a qué se refería y empecé a quedarme dormida.

Se oyó un portazo y me desperté asustada. No sabía cuánto tiempo había pasado dormida pero sabía que no fue mucho porque el barco aún se movía mucho, pero ya no me sentía mareada. Salí de la cama y con miedo revisé el cuarto de mis papás. No estaban. Me asomé afuera del cuarto y no había nadie. Los demás se sentían bien -al parecer TODO el barco se sentía bien- y estaban disfrutando la fiesta. Pero juraba que había escuchado algo.

Revisé el balcón pero no había nadie, tampoco dentro del clóset ni del baño. Me metí de nuevo a la cama temblando. No tenía frío y ni sentía miedo, pero temblaba. Sentía mi corazón acelerado y me sentía sensible a todos los sonidos. Intenté dormir de frente a la puerta, como si necesitara estar preparada para algo. 

Otro sonido. Algo. Algo me despertó. Volteé a ver a mi hermana y seguía entre desmayada y dormida, o lo mejor ya solo estaba dormida. Busqué nuestros pasaportes y los acomodé cerca de mí, también acerqué mis tenis y los suyos a ella para que estuviéramos preparadas, solo por si acaso. 

Entre la temblorina y mi sensibilidad de oído comencé a quedarme dormida de nuevo, con cada nuevo sonido despertaba asustada pero no lograba mantenerme despierta. Sentía pánico por mi alrededor y por no poder controlar mi cuerpo. 

A la mañana siguiente desperté y mi hermana no estaba. El sol brillaba y hacía demasiado calor, típico en el Caribe. Ya no sentía ganas de vomitar ni miedo. Me alisté y encontré a mi familia en el comedor para desayunar.

-¿Todo bien? 

-Sí, se me quitó el mareo pero luego la noche me empezó a dar mucho miedo

-Nombre wey. Es el compuesto, yo por eso no tomo Dramamine porque me da la sensación como de… Como si me persiguiera un asesino en serie.

¡Eso! Era eso lo que sentí toda la noche! Lo que no me dejaba dormir. Sentía como si fuera perseguida por aliens o un asesino. 

… Supongo que ese es el efecto del Dramamine. 

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