Un Pequeño Cuento de Navidad

1.DESESPERACIÓN

Había una vez una princesa rechazada por la sociedad. Le decían “la gallina sin cabeza” por no tener un barbón en su vida.

-Una doncella sin un barbón es un ser sin sentido- le decían los hombres mayores con el ceño fruncido, y las mujeres ancianas, de peinados copeteados, la miraban con desdén.

La doncella, triste y sin esperanzas, buscaba y buscaba. Entonces encontró a un sapo que prometió convertirse en príncipe si ella lo trataba bien, veía por él y era paciente.

-Solo tienes que firmar usando tu amor y esperanza. Firma que esperarás por mí y serás paciente. No importa cómo te trate. Y yo, yo seré tu príncipe.

La princesa tomó amor y esperanza de su corazón y firmó el contrato, sin pensarlo dos veces. Solo porque el sapo tenía barba.
El tiempo pasó, pero el sapo nunca se convirtió en príncipe.

La doncella se armó de valor por primera vez y exigió ver al príncipe que tanto esperaba; entonces, el sapo tomó una espada mágica, con la que hirió a la princesa y dejó un hueco grande en su torso.

Ella notó que no sangraba, pero sí un líquido plateado que goteaba de su herida.

-Es tu esencia -le dijo un pug que observó todo desde las sombras de su camita – El sapo logró lastimarte muy adentro, tocó tu esencia, tu fe y esperanza… Si no logras encontrar la cura, perderás tu vida.
-¿Me voy a morir? ¿¡Por un SAPO!?
-No. Será mucho peor que eso: Vivirás sin tu luz, no serás como eres ahora. Poco a poco, a medida en que vayas perdiendo tu esencia, las personas no podrán conocerte ni verte. Estarás apagada en vida. Estarás presente, pero serás invisible para todos.

Asustada y débil, ella buscó ayuda. Encontró a otro barbón que dijo que la ayudaría, pero cuando ella confió en él, el barbón tomó parte de su esencia y la guardó, para usarla en momentos en que se sintiera débil por el rechazo de otras mujeres.
Ya sin fuerzas y sintiéndose más débil que nunca, fue en búsqueda del pug.

-Ya no me queda esencia. Estoy perdida. Me equivoqué, perdí el tiempo buscando ayuda de barbones y no conseguí nada… Moriré en vida -le dijo triste y derrotada.
-Yo puedo ayudarte. Sé quién puede darte lo que necesitas para sanar, recuperar tu esencia y ser fuerte otra vez. Será una tarea difícil, pero valdrá la pena ¡Ven! ¡Sigue mi colita enroscada!

La doncella meditó por un momento. Recordó el trato del sapo y la traición del mismo.

-¿Por qué debería de confiar en ti?
-Yo soy tu angelito perruno. Fui enviado desde arriba para cuidarte y acompañarte. En momento tristes estaré contigo y cuando estés feliz también. ¡Soy un pug! Soy un perro de amor, gordo y dormilón. Mi misión es traer felicidad a las personas, y hacer que se levanten a las cinco de la mañana… No me importa que sea día festivo o domingo. ¡Ahora! ¡Vamos!

La princesa siguió al pug. El camino era largo, había subidas y bajadas, esmog y tráfico. El pug, siendo gordo, no podía más, así que la princesa tuvo que cargarlo con las pocas fuerzas que le quedaban durante el resto del trayecto.

-Hemos llegado….
-¿Es aquí? ¿Este es el lugar mágico en donde sanaré?…
…Estamos en PETCO.

-Ve hacia las peceras -le dijo el pug solemnemente, ignorando lo que acababa de decir la princesa.

La doncella respiró profundo. Con los brazos adoloridos se acercó con el pug hacia las peceras. Cuando estuvo parada frente a ellos, bajó al pug.

-Ok…Ahora qu-…
Gua gua gua! GUA!…. Gua gua! GUA! GUA!
Molesta vio al pug.
-Lo siento… El instinto…
Seguía viendo molesta al pug.
-Ve las peceras, observa… ¿Qué ves?
Ella respiró profundamente y observó.
-Peces -dijo, señalando lo obvio.
El pug no contestó, solo la vio con sus ojos saltones.
Lo intentó de nuevo.
-Veo….¿muchos colores?…¿Peces de muchos colores?
-Ve más allá…¿Qué ves más allá de los peces?

La princesa respiró profundo. Observó por unos segundos, hasta que lo notó.
-¡A mí! ¡Me veo a mí! ¡Mi reflejo!
El pug se emocionó tanto e hizo sonidos como cerdito. La doncella sonrió también, sin hacer sonidos como cerdito.

-¡Sí! ¡Solo tú puedes sanarte! Curar la herida que hizo el sapo y recuperar tu esencia y tu luz.
-¿Y al recuperarme encontraré a un barbón?
-No lo sé. Solo hay un ser que sabe eso. Pero sí sé que solamente tú puedes sanarte. Pero necesitarás de mucho amor propio, paciencia y perseverancia. Deberás demostrarte tanto amor a ti misma como le has demostrado a otros barbones.

-¿Amor a mi misma? ¿Esa es la respuesta? O sea, eso es fácil… Me quiero y así…
-¡Es de las tareas más difíciles que harás! Deberás aprender a ser diferente contigo misma, deberás aprender a tratarte bien. Y fallarás, sobre todo al principio. Serás tu peor crítico, serás dura contigo y volverás a sentirte débil… Pero yo estaré ahí para ayudarte en el camino. Solo debes prometer poner de tu parte.

-Ok… Pug: prometo…
-¡NO! No a mí… A la persona que ves en la pecera…

-Ok. -La princesa se le quedo viendo al reflejo -Leva: Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad. Amarte y respetarte todos los días de mi vida. Prometo ser paciente contigo cuando estés débil y triste. Prometo no ser dura contigo, ni decirte cosas hirientes. Prometo cuidar tus pensamientos, para cuando aquellos malos y pesimistas te acechen poder deshacerlos. Prometo amarte como te mereces, para que no busques ese amor que te falta en otros. Prometo estar ahí para ti. Prometo creer en ti y tener esperanza y fe en tu vida y tu futuro.

-¡Bien! – gruñó feliz el pug.
-Oye… ¿Y teníamos que venir hasta PETCO para esto? ¿No podía hacerlo, no sé… En el espejo que está en mi cuarto?
-Era más drámatico así… Ahora, llévame a la sección de juguetes y cómprame más pelotas.
-Oye, ángel perruno… ¿Y cómo te llamas?
-Me llamo Thor, el dios perruno del trueno.

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