#Tinderaventuras: La mirada

TINDER 3

“Hola, ¿dónde estás?” – decía su mensaje, “estoy justo frente a la puerta”.
Volteé con una sonrisa y mi sonrisa se congeló al instante. No soy una mujer superficial.

¡Es en serio! Si vieran al último chavo barbón que me gustó lo asegurarían. Y es que también sé lo que soy. Pero cuando se sentó a mi lado dudé de si era el chavo de Tinder con el que hablaba o si era parte de una broma, de esas de cámaras escondidas, porque no se parecía en NADA al chico de su foto: Parecía un oso (abrazable) más que un hombre con barba. Pero supe que era él cuando sonrió. Esa sonrisa era inigualable: sonrisa “Colgate”, sincera, como de niño travieso pero sexy… Ufff… Una sonrisa con la que no te topas a cada rato.

Pero esa sonrisa se evaporó al instante, como si pudiera leer mi mente y saber lo que estaba pensando en el momento. No decía nada. Solamente me miraba fijamente a los ojos.

Se acomodó en su silla, sentándose frente a mí pero muy de cerca y sin dejar de mirarme fijamente a los ojos.
Parpadea.
Seguía sin decir nada.
Parpadea.
Nada.
Empecé a parpadear por él y por mí.

Llegó el mesero.
-¿Les puedo ofrecer algo de tomar? – dijo, logrando interrumpir su mirada fija.
Sentí alivio.
Dios Bendito.

Los dos pedimos un café. Aprendí rápido en Tinder que si te sientes inseguro sobre tu date o si simplemente quieres tener la libertad de hacer la cita tan corta o larga como te parezca, lo mejor es empezar con un café. Presentí que duraría poco.

Él seguía serio, viéndome fijamente a los ojos.
¡Es un juego! Es su forma de romper el hielo.
Me emocioné. Jamás había estado en un date -no es como que he tenido muchos dates- en el que el chavo hiciera algo tan original (y bonito, aclaro).
Empecé mirarlo fijamente, evitando parpadear.
Parpadeó.
¡Aja! ¡Gané!
Pero no dejó de mirarme fijamente.
OK, es un juego moderno, con reglas diferentes.
Seguí mirándolo fijamente, evitando parpadear tan seguido.

Llegó el mesero. Ambos sentimos su presencia. No dejamos de mirarnos a los ojos.

Dejó las tazas de café sobre la mesa. No dejamos de mirarnos a los ojos.
Preguntó si necesitábamos algo más.
-Leche, por favor- dije sin dejar de mirar a mi date a los ojos.
Se fue el mesero, probablemente pensando que éramos personas extrañas, que estábamos locos, o que estábamos haciendo algún experimento.

Seguía mirándome a los ojos.
¿Está esperando a que diga algo? ¿Y si digo algo cuando él debería decir algo? ¿Y si está jugando pero ya pasó más tiempo de lo normal y no sabe cómo arreglarlo? ¿Y si esto es una broma y en cualquier momento sale una cámara escondida de que “las peores citas del mundo”?
¿Y si hay alguien robándome la bolsa y el auto pero no me doy cuenta por quedarme viendo a sus ojos? ¡Me está hipnotizando!

Empecé a sentirme observada y los delirios de persecución no se hicieron esperar. Sentí como si en cualquier momento Michael Myers aparecería frente a mí.

-Entonces – por fin habló.
Alabado sea el señor, respiré de alivio.
-Sí… – le contesté insegura, un poco mareada por verlo tanto a los ojos.
-¿Qué tipo de música te gusta?
-De todo menos cumbias y banda…
-¿Qué películas te gusta ver?
-De todo, las de terror sí me dan miedo pero me gusta verlas, supongo que soy…
-¿Qué programas de televisión ves?
-Pues… lo que me encuentre en Netflix o así…
-¿Quieres casarte?
-Sí
-¿Tener hijos?
-Sí
-¿Estás dispuesta a seguir trabajando y ser mamá?
-Pues… Creo que son cosas que platicaré con el susodicho en el momento, pero ahorita…

Se relajó, se alejó un poco de mí; justo lo necesario para dejar de invadir mi espacio personal y tomó un sorbo de su café ya frío.

-¿Quieres saber algo de mí?

Pues, no sé, cuáles son las responsabilidades de este puesto, los beneficios… Esto es una maldita entrevista, no un date.  ¿A quién le dije que sí en Tinder?  ¿Eres un padrote y me estás confundiendo o qué?, pensé mientras incómodamente me arreglaba el escote del vestido.

-No. Todo bien… -dije finalmente.
-Bueno, pensé que querías conocerme, pero supongo que no – dijo molesto.
-Pues, la verdad es que estoy como un poco sacada de onda, o sea, esto realmente fue como que raro, tipo tantas preguntas – comencé a explicarle nerviosa e insegura.
-Aja… – me dijo molesto y ya sin mirarme a los ojos.
Pinche barbón feo. 

Me encabroné. No tenía razón alguna para estarme dejando tratar así.
-Y la verdad por lo mismo como que no tengo ganas de seguir con la velada… Muchas gracias y buenas noches. – Me paré y caminé con prisa hacia mi carro, con miedo de que fuera un loco desquiciado y se enojará por dejarlo en medio de su berrinche.

En el primer semáforo en rojo, ya lejos de él, entré rápido a la aplicación de Tinder.
A la chingada con estas cosas… Debe haber otra manera.

Borré la aplicación.

Estaba harta de los patanes que solamente me buscaban para tener sexo. Soy más que un maldito orificio.
Y claramente ya había comprobado que inclusive el “buen ligue” era malo. Al menos en estas aplicaciones.
Necesitaba ayuda profesional. (Y no. No me refiero para arreglar problemas mentales). Me refería a ayuda profesional para arreglar mi estatus amoroso en Facebook y estaba decidida a conseguirlo.

 

10 thoughts on “#Tinderaventuras: La mirada

    • Súper complicado. Pensé que sería algo más ligero, sin tanta expectativa (vaya! siguiendo los consejos que nos dan a todos los solteros). Supongo que él tiene una meta en mente, espero lo logre pronto! (…y yo también).

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