#Tinderaventuras

TINDER 1

Estaba harta. Después del sugar daddy, empecé a ponerme un poco agresiva con los hombres que conocía por Tinder o Bumble.

Lo esperé varios días, pero Xavier alias Sugar Daddy no volvió a buscarme. Supongo que se dio cuenta de que realmente no tenía ganas de conocerme o simplemente no quería perder el tiempo con alguien que no tenía en mente “aflojar”. Medio me pegó el asunto.  Pero había más match en Tinder y Pedro parecía estar más animado a conocerme.

Sin embargo, Pedro era “raro” (yo no soy nada normal).  Sus conversaciones me tenían confundida. Era el típico “galán” que se la pasa “invitándote” a cosas o preguntando si te interesa cierta actividad, pero nunca realmente te está invitando y pues terminas sintiéndote super idiota porque pensaste que de hecho quería tu compañía.  “Ayy, perdón. Yo decía que me acompañaras por teléfono”, era siempre su respuesta.
(Por favor, alguien explíqueme eso).
El tipo me desesperaba un poco, pero su insistencia en tener conversaciones me hacía dudar. ¿Debería ser paciente o mandarlo a la goma?
Seamos honestos:  Decidí mandarlo a la goma.

El día de la boda se acercaba y los galanes de Tinder iban de mal en peor:

Diego
“Hola, morilla… ¿Qué haces?”, me llegó el mensaje casi a medianoche.
“Nada, veo tele… ¿Tú?”
“Invítame a tu depa…. ¿O no?”
O sea, vivo con mis papás (cosa que él ya sabía), pero claro, ¡vente a ver tele con nosotros!
“No.”
Hueva.

Víctor
“Hola, seré directo y honesto: Busco sexo casual, ¿te interesa?”
“No”.
Dude…
(Eliminar Match: Borrado)

Francisco
“Hola, ¿qué andas buscando?”
(Insertar “carita sexy”).
“Sexo casual no”
“Buuuu.”
Pendejo.
(Eliminar Match: Borrado)

Osvaldo
“… Acabo de salir de bañarme y me eche así a la cama…., ¿quieres venir?”
Hola, ¿cómo estás? ¿Qué haces? ¿Te digo mi nombre? ¿Quieres saber de dónde soy? ¿No?
“¿Neta eso te funciona, con alguien? O sea….”
(Eliminar Match: Borrado)

Empecé a estudiar mi perfil: En todas mis fotos salía con vestido o con mi perro, usando gafas o mis lentes de contacto; no había poses llamativas ni caras coquetas. Entonces bajé la mirada hacia el texto:
“Hola, soy Leva. Tengo 32 años y soy una mujer de lo casual…”
¡No!

“…Soy una mujer de lo casual…”

“…Soy una mujer de lo casual…”

Dios. Santo. De mi Vida. Me he estado “vendiendo” en Tinder y Bumble como una mujer casual. Me he topado a gente del trabajo en estas redes. ¡A amigos! ¡A PRIMOS! Oh, por Dios. ¿Y si el barbón de mi vida me dio “no like” por lo que puse? ¿Y si ya me quemé en todo Monterrey por ser una mujer “de lo casual”? 

Me sentí culpable con todos aquellos hombres que buscaban solo tener sexo conmigo. ¡Yo les daba las señales incorrectas!
Estaba al borde de eliminar la cuenta, cambiar mi nombre y residencia. Pero algo me dijo solamente agregara un “no” a la oración para corregir mi error y esperar. Después de todo, ¿quién realmente se pone a leer lo que uno escribe en los perfiles de ligue?

Comencé de nuevo la búsqueda. Tuve un match. Era un barbón:
“Hola, Leva. Soy Ricardo y me gustaría conocerte mejor. Si me lo permites, me gustaría invitarte un café o a cenar, ¿te gustaría?”

Ohh, yeah…

Que comience el juego del buen ligue…

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