¡Va de Nuevo!

1.DESESPERACIÓN

¡Bienvenido a Monterrey! ¡Bienvenido a una boda regia!

De nueva cuenta, me han invitado a celebrar el amors, un nuevo comienzo y así. ¡Bien padre! Y la verdad es que, no es mentira, pero me encantan las bodas: Todo es bonito, todos estamos guapos y olorosos (perfumados y así, rico), los hombres se delinean la barba (arrrrggg…) se ponen corbata (barba delineada + corbata = le aviento el calzón -mentalmente, porque pues soy católica, y la menor en una familia regia conservadora-), te dan comida deliciosa y ¡hay bebidas gratis! De que… Muchas. Bebidas. Gratis.
Shots!

(Pausa para que el lector suspire por tanta belleza).

La verdad es que, aunque estoy en mis treintas y pues, claramente sigo soltera, me encantan las bodas. Tal vez es aceptación total de mi estatus, tal vez es pesimismo intenso de que sé que nunca seré yo o tal vez es simplemente la cantidad de fijador que me pongo en el pelo que hace que mi mente se aliviane un poco y disfrute todo el proceso de ir a la despedida de soltera, comprar el regalo, conseguir vestido y así, hasta que recibo la invitación: “2 personas”.
Drama. TOTAL.

Y sí, es BIEN fácil solucionarlo: Nomas es de decir “Confirmo asistencia. Una persona”. Y ya.
Pero no. ¡Oh! no, no, no, no, no. Todo cambia cuando de repente todas tus amigas -incluyendo las solteras- te dicen que van acompañadas.

Y es que, no sé ustedes, pero yo soy súuuuuper tímida cuando no conozco a la gente -y sí me gusta el chavo pues…también- y me choca ser la única sin pareja porque luego de repente aunque bailemos “en bolita” las parejas se empiezan a unir y pues me quedo de mal tercio o como hongo bailando en la pista según yo muy valiente hasta que ya no me aguanto y voy a la mesa… Sola.

OSO. TOTAL.

Entonces empecé a hacer frenéticamente la lista de posibles candidatos. Cada que recibía una negativa entraba en pánico:

Barbón 1: “El Traumado con las Finanzas”: Se sordeó; sospecho que sale con una chava que comenta mucho sus fotos en las redes sociales, pero no quiere apagar la velita. (¿Alguien dijo posible patán?)

Barbón 2: “El Viajero”: De viaje -de nuevo- por Nueva York -de nuevo-.

Barbón 3: “El Ruido Blanco”: La última vez que lo vi canté mentalmente el último álbum de M2M. ¿Quién iba a pensar que todavía me acordaría de las letras? (Weba.)

Barbón 4: “El Viajero Más Nice”: De viaje por Asia. (Tal vez por eso casi no me habla).

Ya no sabía qué hacer. La primera boda empezaba acercarse y yo seguía sin pareja, pero ya había confirmado dos personas.
Empecé a buscar soluciones: 1) Decirle a mi amiga que siempre voy sola; 2) pedirle a alguien que me presente a una persona -solo porque sí-; 3) comerme los dos platillos.

Y luego, típico de mí, comencé a divagar en cómo estaría yo en las listas de los demás:

“La chaparra” (Mmmm… muy equis).
“La bubona” (Mmmm…. maybe).
“La chubby” (Lo mato).
“La rarita que escribe” (Mmmm….”¿creativa?”).
“La intensa”. (YEAP! Esa mera).

“Oye, ¿y Tinder?”, me iluminó una amiga sacándome de mis pensamientos.
TINDER. ¡Claro! Era más que obvio. ¿En qué otro lugar podría encontrar a un chavo fiestero que me quisiera acompañar a una boda solo para divertirse sin necesariamente importarle yo?

“¡Síiiii! ¡Buena idea! Tengo de aquí al viernes para conseguir pareja: ¡YYY….!”, le dije emocionada mientras terminaba de instalarse la aplicación, “¡Comenzamos!”.

Continuará

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