Invisible

Invisible

“Quiero una buena mujer. Estoy buscando una buena mujer. Una que sea….”, decía mientras yo lo escuchaba sentada a su lado. Él busca y busca. Por todos lados… Supongo nunca se le ocurrió voltear a su lado derecho.

Todo comenzó un día al salir de clase, vi su automóvil cuando caminaba hacia el mío. Como siempre, el de él estaba rechinando de limpio, de esas pequeñas ventajas que tiene el ser un chico sampetrino, y entonces vi la botella de agua Bonafot descansando plácidamente en el portavaso del copiloto.
Dios. Santo. De mi Vida.

Mientras manejaba, intentaba alejar de mi mente la imagen de esa maldita botella semi-vacía de Bonafot de 250 mililitros….
En el portavaso del asiento del copiloto.
Chin.Gada.Madre.

Seguía manejando y sin poder sacar esa maldita botella de mi mente… ¿A quién pertenecía?
Si fuera de él, no estaría en el portavaso del copiloto.
Nope.
Estaría en SU portavaso.

Y luego recordé lo que dijo en la última salida. Cuando después de clase, varios del salón fuimos por hamburguesas, antojados después de ver tantos comerciales y líneas de producción de diferentes franquicias.

“Yo quiero una buena mujer. Quiero una chava buena. Salí con una del gym, guapísima la morra…” – dijo.
Y volteé a ver mi lonjita, mientras me acomodaba los lentes ñoños.

Y también recordé la lista completa que dijo acerca de lo que está buscando:

Mujer “buena” (lo que sea que eso significa), listo!
Ponerle atención, listo!
Entender sus horarios, listo!
Entenderlo y apoyarlo en sus metas, listo!
Entender que le “gusta trabajar” (para otros workaholic), listo!
Entender que tiene que ver por su familia, listo!

Y volví a acomodarme los lentes, mientras volteaba a ver mi lonjita.

Él siguió hablando y yo empecé a mandarle mensajes a mi amiga que estaba frente a él. Una de mis amigas más cercanas. Quería irme, pedir un uber, fingir diarrea explosiva y que irme era una situación diarréica.
“No lo hagas, Leva. Tenle paciencia”, me contestó Mariana.

Pero no era paciencia lo que necesitaba, necesitaba otra cara: Algo que me choca de mi ser es que soy muy transparente y cuando algo me molesta se me nota, pero cuando algo me duele… se me nota todavía más.

Mientras Rodrigo, otro amigo presente, le preguntaba y le echaba ánimos acerca de ya sentar cabeza, de lo cambiado que lo ve, bla bla bla… Él volvió a mencionar su búsqueda. Noté decisión y una meta en su voz. Esto es cuestión de tiempo.

Y entonces, mientras estaba sentada a su lado derecho, me cayó el veinte: Soy invisible para él.

No importa lo mucho que esté a su lado (literal, físicamente), no importa la cercanía, que nos veamos en clase, lo mucho que me preocupe por él, le de ánimos, lleve conmigo a clase los snacks que le gusta (para compartir, ya saben, el despiste), le pregunte por su papá o le mandé detallitos insignificantes a su mamá. Nada de eso importa porque él no lo ve, no lo nota.

Fue justo en ese momento que supe que es totalmente irrelevante lo mucho que yo, Leva Mimi, voltee a ver a mi lado izquierdo, que observe, escuche o apoye… Él nunca va a voltear a su lado derecho.

2 thoughts on “Invisible

  1. Leva, dile, plantate adelante de él y dile que te gusta! que tú eres lo que él busca, que es un idiota por no fijarse en ti! atrevete!!!! Te me haces una chava alivianada como para sobrellevar la situación de la incomodidad al ser rechazada y estar con él en clases. Las lonjas se quitan, Leva, o también se olvidan, él es muy idiota como para priorizar el físico, asi que, DILE, DILE, DILE, DILE!

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