A los 30

A los 30

Beep. Beep. BEEP. BEEP. BEEEEP.
¡Ash!
Sin ganas desactivé la alarma.
6:30 am.
Sin querer pensar en todo lo que tenía que hacer ese día, salí de la cama aún un poco dormida.
Escogí sin muchas ganas mi atuendo y me metí a bañar.
Al salir:

Sha la la la. La la. Sha la laaaaa.
Sin ritmo cantaba. La ducha me había puesto de buen humor, y de repente me detuve en seco.
¿Qué? No…. NO.
Tomé mis lentes y comencé a estirarme la piel. La pequeña marca en mi muslo casi no se movía.
No. No es cierto. ¿Cuándo? ¿Por qué?
Empecé a darle manotazos a mi pierna, con la esperanza de que fuera una pequeña marca de frío, calor o la marca del pantalón de mi pijama, pero la pequeña marca seguía ahí.
“Vas a ver Leva, cuando empiezan los 30, de repente, cosas que no sabían que existían, cosas que no le habían pasado a tu cuerpo, comienzan a suceder. ¡Es como una segunda pubertad!”, me dijo emocionada una amiga en mi fiesta de cumpleaños. Ella tiene 36 años.
¡No!

Me vestí rápidamente y salí de casa. En cada alto les mandaba un audio a los grupos que tengo en WhatsApp con mi mamá, hermana, primas, tías y mejores amigas. En cada grupo les contaba con pánico, estrés y un poco de tristeza lo que había encontrado.
-Alguien páseme el número de un buen dermatólogo. ¿Se quitan? O sea, está minitoy, ¿sí se quitan?
O sea, ni novio tengo, pero otra imperfección más en mi cuerpo de 1.55 metros sí.
Maldita. Sea.

“Leva relax. Yo tengo miiiiles por todas mis piernas y las ando enseñando todo el tiempo”.
“Leva, no pasa nada, a todas nos salen. Yo tengo desde bien chavita y la verdad casi ni se notan, entonces tú tranqui”.
“Leva, levanta las piernas después del trabajo, un ratito nada más. Pero ya las que salieron no se quitan, llévalas con orgullo. Eres una guerrera, por algo salen las malditas”.

Poco a poco mis amigas y mi familia comenzaron a animarme.
Ok, entonces, esto no es para tanto. De que, al parecer, de hecho tardaron en salir… Es una. Ni se ve. No pasa nada Leva, ¿quién te va a estar bien esa parte de la pierna?
Y yo sola me recordé que sigo soltera y sin perro que me ladre.
Damn it!
Comencé a calmarle y decidí llevar con orgullo esas pequeñas arañitas rojizas que salen, esporádicamente, en mis piernas.

Buscaré esos ejercicios para la circulación de las piernas. ¿Sería mucho si muevo un poco mi lugar para poder descansar y estirarlas de vez en cuando? Digo, está bien que la llevaré con orgullo, pero tampoco las animo mucho a seguir apareciendo.

Ahora, si me disculpan, voy a la farmacia para comprarme compresas frías y que luego se hacen calientes para ponerme encima de las piernas, mientras me acuesto boca-arriba para subir las piernas por un rato para que baje la sangre. De pasada que no se me olvide comprar la crema, esa que tanto anuncian en la tele, para ponerme en la mañana y en la noche, y a ver si puedo comprarme las pastillas -de la misma marca- sin receta. Aunque tal vez eso sea mucho. O a lo mejor no….
Mmmm….

¿Alguien quiere algo de la farmacia?

Fin.

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