¿Negación? ¿Lucha? ¿O qué?

Shopaholic3

Día 1:
No pasa nada Leva.
Todo está bien. No estás comprando, ni estás pensando en comprar, ni tienes ansiedad o ganas de ir a comprar algo que no necesitas.
No pasa nada Leva.
Solamente fue “algo del momento”.
No tienes ningún problema, solamente querías consentirte y se te pasó la mano y ya. Eso es todo.

Intenté todo el día tranquilizarme, pero no pude evitar sacudir esa sensación de “delirios de persecución”.

Día 2:
Mientras dejaba que la inspiración laboral regresara a mí, entré a mi banca electrónica. Descargué el estado de cuenta, vi el total a pagar y cerré la ventana en el momento. Volteé hacia atrás, para asegurarme que nadie hubiera visto lo que debía.

“¿No quieres ser de esas personas que trabajan solamente para pagar sus tarjetas de crédito, verdad?”, recordé a mi hermana diciéndome un día, mientras le contaba las cosas que me había comprado. Cosas bonitas, no baratas, pero sí buenas. Cosas que, realmente, no necesitaba.

No pasa nada. Pagas lo que puedas y en dos meses, ¡tada!, sin deudas ni nada de nada. Tal vez tres o cuatro. La cosa es no volver a usar la tarjeta de crédito.

Día 3:
-Oye, pues, en una nota de no sé dónde, venía que una persona necesita al menos tres tarjetas de crédito. La primera para cargos automáticos, la segunda para usar como normalmente lo hace uno y la tercera para imprevistos -me comentó una compañera de trabajo cuando le dije que quería cancelar mis dos tarjetas de crédito.
-¿En serio? -le dije interesada.
Ella afirmó con un movimiento de cabeza.
-¡Entonces me falta una! -le dije más emocionada de lo normal.

Día 4:
Ok, ya. Dije que llegando a la casa lo haría, entonces lo haré. Cancelaré una tarjeta de crédito, la que sí pude pagar. Esa mera. No la necesito. ¡Tengo dos del mismo banco! ¿Para qué quiero dos?
Tomé decidida el teléfono, marqué al teléfono y mientras esperaba porque “todos los ejecutivos están ocupados por el momento, por favor, espere en la línea”, recibí un mensaje de mi hermano:
Nueva dirección de PO Box en Laredo.
Damn it!
Pensaba en todas las cosas que podía comprar: Cosas de Sephora, cosas que no conseguía aquí.
Respiré profundo.
No. ¿Con qué lo vas a pagar?
Seguía escuchando esa música instrumental y molesta, veía mi tarjeta de crédito con solamente un número. Nada de nombres, nada de nada. Así me la dieron “en el momento” y así la usé.
-Buenas tardes, mi nombre es Jessica. ¿Tengo el gusto con la señorita Leva González?
-Este, sí, buenas tardes.
-¿En qué le puedo ayudar señorita González?
-Emmmm…
Titubeé solamente un segundo, pero eso fue suficiente.
-Sí, ¡quiero cambiar mi tarjeta de crédito! ¡Quiero que tenga mi nombre para poder comprar en línea!

Día 5:
Día de pago y de pagar deudas. Administré todo mi sueldo en pagar cierta parte de las tarjetas y me quedé con lo suficiente para cubrir la gasolina y una que otra salida.
Me sentía bien conmigo misma. Estaba feliz, había logrado algo. Al parecer, todo el asunto había sido solamente un susto.
Exageré las cosas, hice drama de más.
Entré a mi Instagram y en el momento me encontré con varias fotografías de Mockingbird, una boutique local que apoya a diseñadores mexicanos.
¡Ay! ¡No! ¡Qué bonito!, ¡Belleza!, ¡Me enamoré!, ¡Me encantó!, Lo quiero, ¡ya!, pensaba mientras iba pasando foto por foto, dándole “like” a cada uno de los conjuntitos, blusas, vestidos o accesorios que promocionaba.
Mientras guardaba mi tarjeta de acceso, vi que traía conmigo las tarjetas de crédito. Recién pagadas. Con salgo disponible. Ahí conmigo.
Bueno, mejor voy tantito. No más a ver si tienen ESE vestido,  pensé mientras le daba screenshot a la foto de un vestido de hombros descubierto y corte amplio del que me enamoré.
Ojalá y lo tengan.

 

Dos horas después regresé a mi casa con una bolsa grande Mockingbird. Blusas, EL vestido, los lentes de sol de gatito, unos blancos y uno y que otro collar.
Vi la nota: MXN2, 670.

Fuck!
-¡Fregados! ¿Qué nunca voy a dejar de pagar tarjetas o qué?
Hice bolita la nota y la tiré lejos de mí. Después lo reconsideré y cuando me dispuse a recoger mi recibo de compras, volteé a ver la ropa que estaba extendida en mi cama.
!Ay qué! ¡Me quedo sin fondo de ahorro, pero me veré bonita todos los días! Emoción. Total., pensé mientras me aventaba emocionada en mi cama, intentando abrazar cada artículo nuevo (sin aplastar los lentes, claro está).
-¿Qué me estreno mañana?

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s