El Momento de la Verdad

Shopaholic2

Después de mi salida rápida que terminó convirtiéndose en un momento de compras y gastos intenso, manejé de regreso a casa. Durante el trayecto no pude evitar pensar: “¿tengo algo malo? ¿qué me está pasando?

Llegué a casa y antes de bajar las cosas chequé que no hubiera nadie en la casa.

Corrí con las bolsas hasta mi cuarto y empecé a sacar todo, casa cosa que compré y cada nota.
En mi vuelta para buscar el regalo de mi mamá me tardé dos horas y media. En ese tiempo, logré gastar miles de pesos, más el cargo en la tarjeta de mi papá.

Empecé a sentir como un hormigueo recorría mi cuerpo entero. Respirando profundo empecé a sacar cada uno de los productos que compré: todos los perfumes que tenía, los primers, las sombras de ojos, zapatos de plataforma y vestidos.

4 primers: dos nuevos sin abrir y el que acabo de comprar.
3 plataformas blancas: unas con dorado, las otras blancas completamente (ni me acordaba que las tenía).
5 perfumes: dos completamente llenos y 2 que acabo de comprar.
7 vestidos: todos son del mismo corte. .
10 conjuntos de sombras: 4 paletas y 6 individuales (muchas de las cuales no me acordaba).

En pánico y con mi mente vuelta loca saqué cada uno de los recibos de compra: “No se aceptan cambios ni…”, lo aventé. El que sigue: “No se aceptan cambios ni…”, “No se aceptan cambios ni…”. Mi miedo iba creciendo cada vez que leía la frase, hasta que “30 días para…”

-¡Sí! -grité emocionada. Podía devolver algo, podía recuperarme. Lo demás, ya vería cómo lo acomodaba: tal vez podía regalárselo a mi hermana o a mi mamá.

Empecé a leer la nota, buscando qué producto era el que tenía que devolver. Leía mientras al mismo tiempo me podía de nuevo los zapatos.

“Bolsa Guess color camello….”

Era el regalo de mi mamá. No podía devolverlo.

Corrí hacia mi computadora. Lo más rápido que pude, abrí la página del banco para checar mi saldo:
Saldo disponible: MXN376.45

¿Cómo voy a pagar todo esto?, pensé mientras volteaba a ver las cosas que había comprado regadas sobre mi cama.

No quería decirles a mis papás, no quería que mi papá otra vez me “prestara dinero”, por eso tenía trabajo. Para comprar y pagar mis cosas.

Encontraría una solución, pero primero lo primero, tomé las tarjetas de crédito y mis tijeras. Cuando estuve a punto de cortarlas me detuve. No quería hacerlo. ¿Y si las necesitaba después?

Las escondí en un cajón, con la esperanza de que olvidaría donde las había puesto.
Comencé a pensar en toda esa gente que tenía problemas con las compras. ¿Esto era eso? ¿O solamente me había desorganizado? ¿No puse atención? ¿Era normal que en dos horas y media comprara tantas cosas? ¿Qué estaba haciendo?

¿Qué me está pasando?

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