La Alergia

La Alergia

Como todos sabemos, una vez al mes las mujeres pagamos el karma de lo sucedió de entre 20 y 28 días antes… Yeap. Era mi turno.

Como muchas mujeres, me dejé llevar por los comerciales y, queriendo creer en la posibilidad de usar blanco, hacer maromas, dormir como bebé y estar alegre durante esa semana, quise optar por lo bonito y natural, así que antes de llegar al trabajo compré unas toallas sanitarias de manzanilla.

Llegué a mi lugar y corrí al baño, después de asegurarme de que tenía la protección adecuada para que mi día pasara como cualquier otro, regresé a mi lugar tranquila, sin saber lo que deparaba el futuro cercano.

Mientras veía mis pendientes, empecé a sentir una incomodidad -ya saben dónde-, entonces me acomodé en mi lugar, pensando que todo se debía a la forma en que estaba sentada.

No pasaron ni dos minutos cuando sentí de nuevo… ¡Comezón!… Así que me puse de pie dentro de mi cubículo y, volteando para asegurarme de que nadie me viera, empecé a mover las caderas, haciendo un movimiento híbrido entre baile y calentamiento.
Acomódate el calzón, eso es todo lo que necesitas.

Sin embargo, mis movimientos de cadera no me ayudaban a lograr mi cometido, no queriendo regresar al baño, opté por hacer lo mismo que los hombres: Levantar más o menos una pierna, dar una patadita y ¡listo!

Me separé un poco de mi silla y escritorio para tener suficiente espacio para mi patada; pero cuando por fin lo hice, lo único que logré fue golpearme con la orilla del escritorio.
-¡Auch! -grité olvidando que estaba en el trabajo y que mi cubículo está justo en medio de todos.
-¿Estás bien? -dijo una compañera desde su lugar.
-Sí -contesté entre avergonzada, decepcionada y enojada por mi error.
-Ok, ¿junta? -contestó mientras oía como salía de su lugar y caminaba hacia donde están todas las salas de juntas.
Noooo. No. No. No. No. Noooo.
La comezón se apoderaba de mí.
¿Alcanzo a ir al baño?
No podía estar dos horas en junta. Saliendo de mi cubículo, noté que mis compañeras ya no se encontraban en los suyos, yo era la única que seguía en el pasillo. Iba tarde. No había nada que podía hacer, tenía que ir directo a la sala.

Entré cuando mi jefa ya estaba dando la agenda de los temas que se verían durante la junta. Tomé el último asiento disponible y, de nuevo, para intentar quitarme la comezón, me senté con un golpe fuerte.
Fue un poco más ruidoso de lo que esperaba y varias amigas voltearon a verme.
Auch.
Y la comezón volvió.

Mi jefa hablaba, yo turnaba mi mirada entre ella y la presentación que estaba en la pantalla.
Concéntrate en las gráficas, Leva. Concéntrate en las gráficas. Tu cerebro no nota nada más, solamente las gráficas, pensaba constantemente mientras me movía incómoda en mi asiento.

Desesperada comencé a mover mi cadera de un lado a otro, de atrás hacia adelante, me sentaba derechita y luego me dejaba caer, todo para intentar rascarme despistadamente.

(¿Quién está leyendo esto? ¡Qué pena!)

Ya no podía más. No me concentraba en las gráficas, eran solamente figuras con colores, no sabía de lo que hablaba mi jefa ni ponía atención a los comentarios que hacían mis compañeras.
Vamos, solo un ratito más. Respira. Respira, pensé mientras respiraba lo suficientemente profundo y lo despistadamente necesario para que no se notara mi incomodidad.
-¡Eit! ¿Estás bien? -me preguntó una compañera de equipo mientras nuestra jefa buscaba una gráfica en específico de la presentación.
Epic fail de mi despiste.
-Mmm…. Aja -le contesté con una sonrisa forzada.
Dile. Dile la verdad. Lo sabe Dios, ¡qué lo sepa el mundo! Dile. Dile que duele, que incomoda, que sientes como si hormigas estuvieran en tu partecita… Dile. Ella te ayudará. No hay vergüenza en esto. No eres ni la primera ni la última mujer a la que le ocasiona alergia una toalla sanitaria.
-Oye… -le dije en su susurro.
Pero pareció no escucharme.
Mi jefa seguía hablando. Yo no podía más.
Interrúmpela. Es una emergencia. Todas aquí son mujeres, nadie dirá nada. Nadie te juzgará. Ellas entenderán. Interrúmpela.
Pero no podía hacerlo. Sentía como la comezón se apoderaba de mí, empecé a desesperarme y sabía que en cualquier momento gritaría ahí, justo ahí, en medio de la sala de juntas, en medio de una presentación.
Interrumpe. O no lo hagas. Solamente hazlo.
Da un manotazo. Ráscate. Ya. ¡A la fregada con todo! La que nunca ha sufrido de una alergia por una toalla sanitaria que lance la primera piedra.
No. No hagas eso. Eres una mujer adulta. Puedes soportarlo, tienes fuerza de volutad.
Grita. Párate. Corre al baño. Que todos se enteren de que estás sufriendo. ¡No importa nada de esto! ¡Importa tu salud!
No. Leva. No.

Genial. Me había convertido en Golum.*

Y de pronto me imaginé: Corriendo y gritando hacia el baño, con todas las mujeres y hombres en la oficina presentes. Todos sabrían que algo no estaba bien conmigo. Pronto preguntarían que le paso a su compañera y sabrían que había sufrido una alergia… A una toalla sanitaria.
Estaba a punto de gritar. Mi fuerza de volutad y paciencia estaban terminando cuando:

-Muy bien, ahora es el turno del equipo de Proyecto 1 -dijo mi jefa.
-¿Me hablaste? -por fin me respondió.
Está era mi oportunidad. Mientras el equipo se preparaba para su presentación, compañeras comenzaron a pararse y estirarse.
-¿Pausa para baño? -pregunté en voz alta, mientras me levantaba de mi lugar y sin esperarme a escuchar una respuesta.
Corrí -realmente- hacia el baño. Ahí, entré al primer lugar disponible. Tome la toalla y la tiré con coraje en el bote de basura.
Maldita bitch!
Me dejé lleva un momento por el ambiente frío de enero y la libertad de no tener esa cosa pegada a mi piel.

Y de repente me di cuenta de que estaba en el cubículo de baño sola y sin “repuesto”. Y tenía que regresar a la junta.

-Emmm…¿Hola? ¿Hay alguien ahí? -pregunté desde el otro lado.
Genial. Ahora soy la chava que se quedó sin toalla sanitaria.
Demonios.

Fin.
*Golum es un personaje de la historia “El Señor de los Anillos” de J. R. R. Tolkien que hablaba consigo mismo teniendo dos personalidades.

5 thoughts on “La Alergia

  1. Solo para aclarar conceptos, los hombres no levantamos más o menos una pierna y damos patadita. Los hombres de verdad, lo que viene siendo los que somos de la especie macho iberico, metemos la mano sin contemplaciones y colocamos o rascamos todo lo que haya que colocar o rascar 🙂

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    • Gracias! Yo también me divertí escribiéndolo.. Y también entré un poco en pánico por si alguien más conservador se topaba con el post y le incomodaba. No sé. Soy rara.
      Sí, sí pica.
      Bonito martes!

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