La Planta

La planta

Todo comenzó con un WhatsApp. Después de semanas de no saber de él, de darlo por perdido y de sentir que mi esfuerzo de ligue fue en vano, Jorge me escribió para invitarme a un evento de trabajo: “Es este viernes, a las 9:00pm… Es semi formal. A lo que entendí de otros compañeros, es como arreglados para salir un sábado por la noche. No de gala, pero bien”, fue la información que me dio para dicha salida.

Así, se llegó el viernes. Ese día salí temprano del trabajo. Era necesario esmerarme en mi arreglo. Después de todo, esto no era una salida a un bar, sino a un evento de trabajo.

Como soy muy puntual, yo estaba lista a las 8:30pm: Mi maquillaje era un poco cargado, pero decente para la luz de noche; mi vestido lindo, coqueto y formal, nada demasiado corto, apretado, escotado o transparente, pero tampoco recién salida del convento; mi pelo liso perfecto. Finalmente agregué unos toques de perfume por aquí y por allá, y me senté a ver la televisión.

Gracias a Dios mis papás estaban de viaje ese fin de semana, así que tenía toda la casa para mí poder esperar ansiosamente la llegada de Jorge tranquilamente. Ya saben, disfrutar del nervio y la ansiedad a mi antojo sin nadie que me dijera que me tranquilizara o “¿ya llegó?” constantemente.

A las nueve en punto decidí bajar con mi bolsa y abrigo al primer nivel de la casa. Estaba dando vueltas por la sala y la cocina con el celular en la mano por si Jorge intentaba comunicarse conmigo.

Después de 10 minutos chequé mi celular. No tenía notificaciones.
Equis, debe venir manejando. Ahorita llega.

15 minutos después volví a checarlo. Nada. Cero notificaciones. Recordé que Jorge no era el más puntual, así que volví a tranquilizarme.

Volví a mirar el reloj. Había pasado ya casi media hora de que Jorge debía haber llegado y no se había reportado.
¿Por qué hace eso? ¡Ahhh! ¡Qué estrés!

Me quité los zapatos y los dejé en la sala. Al escuchar el sonido de un motor, corrí hacia la ventana para ver si era el carro de Jorge. Era solamente el vecino que había llegado a su casa.

Pasaron unos minutos más y dejé de sentirme nerviosa. Bajó la adrenalina y con ella regresó el frío al mi cuerpo.

Desganada y un poco preocupada subí a mi recámara, prendí la televisión pero sin sonido para poder escuchar la llegada de Jorge.

Checaba constantemente mi celular para ver si Jorge se había comunicado. Temía hacerlo yo, admito que no quería verme intensa.

¿Por qué hice eso? ¡Él era el que iba tarde y no se había reportado! ¿Y yo era la preocupada por lo que él pensaría de mí?

Soy una dejada. Seamos honestos. O al menos, en ese momento lo fui, simplemente porque encontraba a Jorge atractivo.

Ash.

Después de escribirle entré varias veces al WhatsApp para ver si, mínimo, había visto mi mensaje.

Nada.

La espalda me dolía y me sentía incómodo. No quería estar mucho tiempo sentada, mucho menos recargarme, por temor a arruinar mi vestido y peinado. Pero pasaron las horas y la incomodidad iba apoderándose de mí. Terminó por no importarme y me senté cómodamente en el sillón de mi cuarto.

Sabía lo que había pasado. Jorge me había dejado plantada, solamente era demasiado cobarde para aceptarlo en el momento.

Una hora y quince minutos después, yo estaba acostada en el sillón “viendo televisión” (ya sabe, encendida, pero si realmente poner atención), con el celular en mi estómago para poder contestar rápidamente.

A lo mejor pasó algo. Espera, probablemente se reporte, me decía constantemente cual perdedora que no se deja ver la realidad de las cosas.

Después de un rato opté por quitarme el vestido. Después de todo, la lógica me indicaba que podía ponérmelo rápidamente de nuevo cuando él llegara.

Sí, seguía siendo “optimista”.
Oso. TOTAL.

Lo importante es no arruinar el maquillaje, pensé cuando me di cuenta que mi liso perfecto ya no lo era tanto por estar recostada en el sillón.

Eran pasadas de las once. Jorge nunca llegó. Tampoco llamó ni me mandó mensaje.

En ese momento. Justo en ese momento en que acepté lo que había pasado, no sucedió nada. No lloré, no me enojé, ni me sentí herida… Aun pienso en eso. Tal vez fue el shock o quizás solamente negación total.

En pijama, abrí de nuevo el celular y entré a Facebook. Jorge me había quitado de sus amigos.

Por un momento mi mente comenzó a precipitarse: ¿Había hecho algo mal? ¿Me equivoqué? ¿Qué había pasado? Poco después, mi sabiduría de 30 años me indicó que fue su forma de no lidiar de nuevo conmigo, ni con lo que pasó.

Wow. Realmente me salvé de una.
Probablemente la gente crea -Dios sabe que yo lo hice- que ese pensamiento fue una forma de protegerme: “Sí, Jorge no vale la pena, entonces qué bueno que pasó esto para que pronto te dieras cuenta de que es un bueno para nada, bla bla bla”.

Pero la verdad es que, mejor perder dos horas -ok, casi tres- de mi vida, que semanas intentando algo con un chavo que claramente no quería nada conmigo.

¡Ni siquiera le importe lo suficiente para cancelarme!

Después de pensar eso comencé a analizar mi vida: ¿Por qué me permití esperar tanto tiempo? ¿Acaso me gusta que me dejen esperando? Y, al darme cuenta del tipo de hombre que encontré atractivo: ¿Por qué me gusta esa clase de chavo? ¿Quiero sufrir?

Luego, ya lista para dormir comencé a pensar si lo que hice es normal: Esperarlo, estar al pendiente, aferrarme al último estrago de esperanza de que Jorge me mandara señales de humo de su presencia en este planeta.

¿Es normal? ¿Pensar que lo último que cedería sería en el maquillaje porque “a lo mejor llega tarde”?

Mujeres: ¿Les ha pasado esto? ¿Han esperado como yo? ¿Cómo reaccionaron cuando se dieron cuenta de lo sucedido?

Hombres: ¿Por qué hacen esto? ¿Por qué dejar esperando a una chava si ustedes son los que le dijeron de salir desde un principio?

Y en general: ¿Por qué mi reacción fue estar como “adormilada”? ¿Estaba en shock?

Ya con los ojos cansados y harta de pensar, terminé por mandarle un mensaje a Ale para recordarle de nuestra reunión al día siguiente.

Dormí como bebé.

¿Quién sabe? Tal vez estaba en shock. Quizás no me importó tanto como yo pensaba.

Fin.

 

 

One thought on “La Planta

  1. Cobarde!!
    Ese tipo de hombres hacen su propio menú y comen lo que en ese momento quieren. Mi punto de vista. O tal vez se le murió alguien O.o?
    Me quedé reflexionando en esto: “¿Acaso me gusta que me dejen esperando?” Cuando no hay interés de la otra persona, es en vano que uno se afane, el problema es que uno siempre se afana. Mi primera ida al cine fue un desastre, íbamos a ver Ice Age 2 y paramos viendo Firewall con Harrison Ford (acción y matanzas jajajaja). Esas escenas donde imaginas que esa persona podría llevarte un tulipán (muy escaso por cierto) y tratarte como una princesa en toda la cita, o en mi caso, imaginar que ella se me me quedara viendo solo unos segundos mas para ver si podia sostener su mirada, solo pueden ser escritos en nuestros blogs por ejemplo. Para mi, una buena relación de noviazgo comienza con una buena amistad. El día de hoy tengo 5 años de conocer a mi pareja, y comenzó diciéndonos quienes nos gustaban. (Es toda una historia que tendré que contarla en su momento)
    Hay un buen consejo que escuché: No te cases con quien quieres vivir, cásate con quien puedes vivir. Exitos!

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