Yo y el Pavo

Yo y el Pavo

Algo que sucedió esta Navidad es que decidí que era tiempo de poner en práctica mi habilidad en la cocina y pues ¿qué mejor ocasión que cuando vas a alimentar a TODA tu familia?

¿Verdad Leva?

Entonces hablé con mi mama y le di la lista de las cosas que necesitaba: Yo haría el pavo.

¿Qué tan díficil puede ser?

Comencé un día antes. Después de salir del trabajo llegué a la casa decidida a hacerlo bien: Saqué el recetario, puse el iPad en youtube -por si acaso-  me aseguré de que mi mamá estaría todo el tiempo en la casa -también por si acaso-, puse todas las cosas las cosas sobre la mesa y listo.

¿Y ahora? !Ah! ¡Sí!

Agarré el pavo. Estaba sumamente frío. Al moverlo de un lado a otro, sostenerlo y demás, el frío quemaba mis pequeñas manos, hasta llegar al punto en que no las sentía.

-Mami…. ¡Maaaaa! -grité cual chava regia.
-Ehhh – me contestó como mamá regia.
-Ven y ayúdame con el pavo.
De repente escuché sus pasos. En poco tiempo mi mamá ya estaba en la cocina de pie a un lado mío y con una sonrisa en su cara.
-¿Qué pasó m’hija?
-Me duelen las manos.
-No, no, no. Échale ganas. Querías hacer el pavo, ¿no? Ya viste que no es tan fácil, ¿eh? ¿Ya viste todo lo que batallo? Y apenas vas empezando -se alejó para hacerse un café.

Incrédula, me quedé parada sin hacer nada con la esperanza de que, como siempre, ella tomará el control de las cosas y me dijera que hacer…

…Ok no. Lo acepto: Que ella hiciera el maldito pavo.

-… Si batallas, me dices y vengo -y salió de la cocina.

Damn it!

Ok Pavo, somos tú y yo.

Ya estaba marinado, a un lado tenía el gravy que le pondría encima a todo antes de meterlo al horno.
Ok, para no hacer el cuento largo: El problema fue el momento en que me di cuenta que tenía que meterle la mano al pavo para ponerle el relleno.
El relleno lo tenía listo, fue sencillo hacerlo, era algo para mi nivel. Consistía en una mezcla de caldo de carne, tocino, pasas y almendras.

Realmente no tenía dificultad alguna. Lo probé, acepté que me quedó…decente. “Comestible”. Me espere unos minutos para asegurarme de que no tenía ganas intensas de vomitar o de ir al baño (algo que creo que siempre debe de checar alguien que comienza a cocinar) y voltee a ver el pavo.

Gracias a Dios estaba limpio. No había que sacarle cositas y así, aun así tenía que meter el relleno.

Empecé primero agarrando un poco de la mezcla que acababa de hacer con una cuchara pequeña.
-¡Chingada madre! -grité cuando todo el relleno cayó en la mesa y no en el pavo.
Lo intenté de nuevo, ahora logré meter un poco del relleno.

Me voy a tardar HORAS si lo hago así…. ¿Debería de esperar a que el relleno se enfríe antes de meterlo? ¿El relleno va antes de cocer el pavo verdad? Bueno, equis.

Seguí intentándolo con la cuchara, pero más de la mitad caía en la mesa, en el refractario, en mi mano o el piso.
-¡Ay ya!
Sintiendo que estaba por sobrepasarme con el pobre pavo, lo tomé a como pude, lo recargué en le refractario y sube sus patitas, dejando el agujero a la vista…lo más que pude.
-Sí, así mejor… Así está bien. Tú puedes Leva. Sigue así.
En mi movimiento dejé al pavo semirecargado sobre mí. Lo bueno es que tenía el delantal que protegía mi ropa, pero en lo recargado, la posición de mi mano sosteniendo el pavo y la forma en que intentaba alcanzar el relleno con la otra, los lentes poco a poco comenzaban a resbalarse de mi cara.

-No. No, no, no, no. -decía en voz baja mientras intentaba lograr agarrar rápidamente el relleno para poner mis lentes en un lugar seguro.
-Leva… Que no se te olvide precalentar el horno -me indicó mi mamá desde su cuarto.
Damn it!

Ok. Tomar el relleno, precalentar horno. Salvar mis lentes de embarrarse de grasa y de pavo.
Si se embarran olerán a pavo por días…. ¡Semanas! Ok, no exagero, días. Asco. Total.

La vi fácil. Pensé que con mi 1.55 de estatura mis brazos eran lo suficientemente largos para alcanzar el sartén que tenía el relleno.  Sin querer perder mi posición, rocé el mango del sartén lo suficiente para moverlo un poco, con ese movimiento intenté tomarlo por completo.

Y entonces lo vi todo en cámara lenta:
El sartén perdía el equilibrio en la estufa y se inclinaba para caerse. Y con él, todo mi relleno. Sin pensarlo dos veces solté el pavo y me lancé a por el relleno. El relleno cayó, seguido de un estruendo del sartén que chocaba con el piso. Volteé a la mesa y vi al pavo no recargarse en el refractario, sino descansar sobre el mantel de la mesa… El bonito, ese que mi mamá saca solo en Navidad.

Frustrada de mi intento y después de ver el reloj y darme cuenta de que no llevaba ni dos horas en el cometido. Subí al cuarto de mis papás desganada y con ganas de llorar.
-Mami, ¿tenemos el teléfono de los tamales? -le pregunté a mi mamá.
-A ver m’hijita, ¿qué hiciste? -me dijo mientras caminaba decidida hacia la cocina y yo atrás de ella.

Ese fue el día en que hice mi primer pavo. Con la ayuda de mi mamá.
Ok, no.. Ese fue el día en que, como todas las navidades, comimos lo que mi mamá hizo… Yo solamente le hice compañía y ayudé a poner la mesa.

Fin.

 

¡Feliz Navidad 2015!

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