Una Semana Después

Una semana despues

Ok, ok. El título debería ser “Dos Semanas Después” porque la verdad es que hace casi dos semana que cumplí 30 años. Ante la presencia de la gravedad, la edad y …  el tiempo… Decidí cambiar mi vida: Ser más sana, responsable y bla bla bla…. Así me fue:

¡Estoy exhusta! Debo admitir que lo que comenzó como una etapa a la que entraba llena de energía, bueno….

Sí, a los 30 años una empieza a sentir la diferencia. ¡Y es que estoy exhausta! No lo sé, tal vez me precipité, tal vez debí pensarlo más, planearlo mejor y no meterme de lleno a cambiar mi vida en 180 grados.

¿Me culpo? ¡No! ¿Los culpo? ¡Tampoco!… Ok, tal vez a algunos sí. Un poquito.

Pero es que, ¿les sorprende?

Es increíble: Cumplí 30 años y la gente comenzó a hablarme acerca de la llegada de las arrugas (las famosas patas de gallo), las varices (nota a mí misma: recordar acostarme unos minutos en el piso con los pies levantados y recargados contra la pared…Al pareces esto lo tengo que empezar a hacer desde ya…y por el resto de mis días… Si es que no quiero varices) y las canas (que ya empecé a preguntarle a la gente: “Oye, mientras me cortas el pelo, ¿puedes checar si notas alguna cana?” y a asustarme -realmente- cuando alguien me dice: “¿Es eso una cana?” …Maldita broma de mal gusto).

¡Ah! Y no hay que olvidarnos del tiempo. Aunque sé que las intenciones son buenas -y lo sé porque yo pido y deseo lo mismo para todos los demás que estamos solteros-, es imposible -al menos para mí- no sentir cierta presión cada que alguien me recuerda que estoy soltera y que, todavía…a pesar de que tengo AÑOS soltera, tienen la esperanza, la fe, la creencia, la seguridad y la corazonada de que “pronto” tendré novio.

“Primero lo primero m’hijita”… Me dicen cuando me aventuro a hablar de aquella boda que me gustaría tener algún día, con el chavo que todavía no llega.

Maldito bitch!

Y entonces está el factor tiempo: 30 años, un reloj biológico que hace tic tac desde el 9 de diciembre de 2015 a las 7:00am… Un reloj que me recuerda que en cualquier momento me salen canas, varices, arrugas, se me caeran las bubis yyyy… Que en cualquier momento tengo que dejar de perder el tiempo.

Entonces, me metí de lleno a la tarea de cambiar mi vida:

Primero me pesé. O gran error. Después de como media hora de regañarme y fastidiarme cual villana de telenovela mexicana (de esas de Televisa), pasé a autolamentarme con el consuelo de un chocolate (como siempre: comenzando bien el cambio), para después sentir una inyección de energía y mover de vuelta (sí, estaba aquí y luego decidí que ya no la quería) la caminadora eléctrica que tenemos en la casa (y que en este momento está feliz siendo el perchero de mis toallas de la mañana).

Entonces corrí a la cocina: Después de ver todo el mugrero (mejor conocido como “comida chatarra”) que había y que, en algún punto, me compré o “aconsejé” a mi mami a que me comprara…

(sí, 30 años y aún vivo con mis papás, pero de eso hablaremos más adelante)

… Empecé a “separar” lo sano de lo bueno. Y me sentí poderosa al decidir el destino de ciertas comidas. Unos momentos después, me podían encontrar ahí…Separando de nuevo aquello que ya había decidido no comer más: Coca Cola, Barrilito (una marca de refresco gaseoso mexicano, deli!), chocolates kisses, chocolates snickers, milky way, cervezas tecate, clamatos Sol (esos de lata: listos para tomar), nieve de Ben&Jerry’s (Los únicos hombres a los que realmente les soy fiel)…

Bueno, todo quedó de nuevo de vuelta en la alacena, pero con el firme convencimiento de que “serán para un momento de antojo, de esos de emergencia”.

#epicfail (derrota épica).

Entonces decicí que lo mejor era volver a la faja. Sí. Algunos recordarán la historia, a otros les recomiendo leer “Yo vs. La faja”.

La pinche faja ya no me quedaba.

Demonios. Total.

Cuando mi mamá me preguntó qué pasó y cómo fue posible le dije: Se me hace que la lavé mal y se encogió.

Ella no me cree. Pero yo me mantengo con esa historia.

De aquí, hasta la tumba.

Entonces tuve que ir en chinga (expresión mexicana-norteña para decir: rápidamente) a comprarme otras.  De diferente talla las originales….

…No pienso hablar de eso.

Regresé intenseando a mi casa, pero sumamente cansada de mi día. Supongo que es cierto eso que dicen que después de los 30 ya se siente lo corrido de la semana. Entonces decidí que lo mejor sería comenzar al día siguiente (porque para qué empezar hoy lo que puedes comenzar mañana… Tranqui, relax.) y puse mi despertador a las 5:00 am… De lunes a viernes.

Estaba decidida. Empezaría primero caminando, luego, a la semana (o dos semanas, dependiendo de como me sintiera) intercalaría momentos de trote, para después aventarme de lleno una hora corriendo. Desayunaría proteína o algo más saludable (nada de que mi desayuno fuera el café matutino). Sí, lo lograría.

Puse mi ropa en el sillón, lista para cambiarme rápidamente y no perder el tiempo durante la mañana.

La ropa sigue en el sillón y mi despertador sigue sonando a las 5:00am…. Y luego a las 6:00, 6:15, 6:30 y 7:20 (y a esa hora sí que exageré: esa hora es “toma una decisión: te bañas o te maquillas”)….

¿La intención es lo que cuenta no?

Entonces empiezo mi día apurada porque ya se me hizo tarde para llegar al trabajo, me voy medio bañada y maquillada (admito que hay días en que mi pica la cabeza y sé que es porque no me quité bien el shampoo… Pero mejor con exceso de shampoo que sin shampoo, ¿no?), con un agujero creciente en el estómago por tomar café a primera hora, pero con un agujero controlado por la faja que controla mis carnes, pero que se asegura que lo que sea que coma… de alguna forma (siempre como reflujo) visite mi garganta.

Ewww¡ y Auch!

Trabajo, trabajo, trabajo, convivo, convivo, convivo y ahorro, ahorro, ahorro.

Ok, eso todavía tampoco no. Empezando enero. Ahora sí. Ya lo juro.

¡Por que también esa es la cosa! “M’hijita es hora de que comiences a pensar en tu patrimonio y en tu retiro”…

…Tan solo tengo 30 años, pero supongo más vale temprano que nunca.

Entonces todo eso me asusta: Las canas, las varices, la dieta que tengo que empezar a hacer y que debe ser permanente porque al parecer el metabolismo y la gravedad están en mi contra; el ahorro obligado porque quien sabe si sea “entre dos” y haya quien me cuide de viejita (sin presiones a mi misma, pero tengo 30 años y estoy soltera)…

Pero sobre todo: la novela que he estado planeando desde que tengo 15 años y aun no termino.

Wooow…

No lo sé. En un post sumamente largo en el que digo mucho y no sé si digo algo realmente, solamente quiero externar esta pequeña anécdota/reflexión de que estoy cansada de la presión que siento de ser adulta, de venir el tiempo caer sobre mí y, sobre todo, de la expectativa que hay en la sociedad y , más que nada, en mi misma de cambiar mi vida en 180 grados.

¿Qué si aún no sé cuándo terminaré mi novela? (ok, admito ese si es un problema). ¿Qué si el chavo que me gusta y que creeeo que le gusto (post en un futuro próximo) medio me pela y luego no? ¿Qué si sé que lloraré cual Magdalena el día que me salga una cana… no se diga las varices? ¿Y qué si la ropa sigue en el sillón, la caminadora eléctrica apagada y el despertador sonando a las 5:00 am para seguir dormida hasta las 6:30….?

¡Tan solo tengo 30 años! Desde hace dos semanas.

Como dice alguna persona: Elva… Relájate un Chingo.

 

p.d: Mi nombre real es Elva… ¿Sí lo sabían, verdad?

 

 

 

One thought on “Una Semana Después

  1. Elva, eres simpática, graciosa, honesta y un montón de cosas lindas más. Ah, ya quisiera yo tener 30 de nuevo. Estás en una edad buenísima. Cuando la mujer sabe lo que quiere. Se sabe arreglar, Sabe lo que le queda bien. Sabe cómo quiere que la traten y cómo no. Está definida en la vida. Tiene trabajo. Tiene su propio dinero. Es maravilloso tener 30. Abrázate, Elva. Eres una gran mujer. Sigue escribiendo, porque me haces reir recordando esa época tan preciosa de mi vida. Feliz Navidad y mucha PAZ en el nuevo año. 🙂

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