El ramo

El ramo

Hay un hombre en mi vida. (¿Cuándo no?). Pero este hombre regresó después de pasar un tiempo lejos de mí.

Fue parte de mi vida, después el universo-destino-o como lo quieran llamar nos alejó y, de repente, sin realmente esperarlo, ya estaba de regreso.

Solamente que ahora no estaba lista para esto. Habían sucedido muchas cosas en mi vida. Estaba (¡Estoy! ¡Estoy! ¡Siempre lo olvido! Chincheros…) en la banca y no estaba segura de que él sería el indicado para dejar mi “tiempo fuera”. Las intenciones se conocían, los sentimientos salían a flote, pero mi inseguridad también.

¿Será este el mejor momento?

Entonces, mientras yo estaba con mi drama interno (y que solo compartía con mis bffs), se acercaba el día de la boda de una amiga en común y su propuesta de ir juntos no se hizo esperar:

–Oye, ¿y por qué no vas con él? –me preguntó Ana Pi mientras acomodaba su pelo rubio-liso perfecto en una cola de caballo, dejando sus ojos azules en total descubierto y se preparaba para ir a correr.

–Sí, amiga. Creo que es una buena oportunidad para que veas qué onda con él –me animó Mariel mientras acomodaba su cabello negro azabache-liso perfecto sobre su hombro izquierdo.

–Ay, ¡no sé! –les dije mientras agarraba mis rizos  despeinado y frizzeados y totalmente enredados y me ponía a jugar con ellos.
Malditas bitches lisas perfectas!

Lo que necesito es una señal, pensé sin realmente querer decirlo en voz alta.

¿Es ridículo que casi a mis 30 años aún crea en las señales y que no hay coincidencias en esta vida?

Entonces con los ánimos y bendiciones de Mariel y Ana Pi decidí asistir a esa boda en el norte de México con Pepe, prometiéndome ser racional en todo momento, cuidar mi corazón mientras volvía a conocerlo y, sobre todo, cuidando no dejarme llevar por cada detalle y evitando sobreanalizar cada momento que pasáramos juntos.
#epicfail

–¡Eit! –llamó mi atención Charlie, mientras Pepe se disculpaba un momento para ir a los sanitarios –Dude, se ven súper bien juntos. Muy compenetrados, siento que ahora sí es el momento! –gritó por encima del estruendo de la música.

–Ay, ¿tú crees?

–Sí, dude! Se ven súper bien. De que: ¡mírate! Esa sonrisa nadie te la esconde.

Otras frases no se hicieron esperar: “De que, ya casense”, “Yo creo que ahora si viene el anillo”, “Dude, ¿si te pregunta (que te cases con él) qué le dirías?”, “¿ya sabes si vivirían en Monterrey o en México?”

Presión. Presión. Presión. Presión.

También, aquellos que no so-n “#teamPepe” no contuvieron sus opiniones: “Pa’tras ni para agarrar vuelo”, “¿Para qué regresar a lo mismo?”, “La gente no cambia, solo actúa hasta convencer”, “Es un tarado y sabe lo que perdió y entonces ahora sí, ahí viene ¿no?”, “No te merece”.

Cállense. Cállense. Cállense.

Y también –lo más importante– sus detalles, pláticas y demás no se hicieron esperar. Pepe estaba en la lucha, en la reconquista y usaba sus mejores armas: aquellas que sabía que funcionaban, que me ganaban, que me hacían ceder un poquito, volver a confiar y darle un espacio en mi corazón de nuevo.

(¡Ay! ¡Qué oso! ¡Qué cursi, wey!)

Sin realmente concentrarme en la boda. Sin ya poder –ni saber– que contestar ante tanto comentario, decidí hacer lo que sé hacer mejor: Pedir ayuda divina.

Por favor, daddy God. Ayúdame. Guíame en el camino. Guía mis pasos. No me dejes sola y permíteme tomar la mejor decisión. Quiero hacer lo correcto, lo que sé que esperas de mí. Ayudame a tomar las decisiones y acciones necesarias para seguir Tú camino… No sé qué hacer. ¿Es Pepe una lección o una bendición? ¿Es Pepe las dos cosas? ¿Debo confiar de nuevo o solamente despedirme y seguir con mi vida? Por favor, daddy God…Tan solo..Tan solo.

Y me acordé de una canción:

Tan solo dame una señal chiquita. OH! Mi vida…Que sepa que debo hace-eeer. Ohh sí.

Ok ya, en serio daddy God! Dime qué onda. ¿Pa’ dónde le doy?

–Y que aviente el ramo y que aviente el raaa-mo. Y que aviente el raaaa-mo –empezaron las chavas a cantar en unísono. El momento había llegado.

Aunque nunca me había sacado el ramo. Siempre me acercaba. Últimamente ya sin afán de atraparlo, solamente para salir en la foto.

Entonces me puse hasta mero atrás (ok, probablemente no saldría en la foto) pero con todos los comentarios de la gente ya ni ganas tenía de sonreír y salir con cara de “tengo una misión” en las fotos “pre ramo lanzado”.

–Una, dos, ¡tres! ¡Naaaada! –decía el animador a través del micrófono.

Serían varios intentos antes de que Claudia lanzara el ramo.

Este momento es tan bueno como cualquier otro, pensé mientras miraba a Pepe sin que él se diera cuenta.

Pretty please, daddy God. ¿Pepe o no Pepe? ¿Qué hago? ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es la decisión correcta?

Tan metida estaba en mi oración que:

–¡Leva levanta las manos! –me gritó Ale mientras tomaba mi mano izquierda para itentar atrapar el ramo.

De repente, antes de alcanzar a ver, sentí que algo húmedo, fresco y olorosamente rico golpeaba mi cara.

¡Auch! ¿Qué fregados?

Volteé a ver a Ale y luego al piso mientras tocaba mi frente y mi ojo en búsqueda de sangre.

–¡El ramo! ¡Atrapaste el ramo! ¡Es tuyo! –me dijo una de las chavas emocionadas.

–¿Quéee? –pregunté confundida y adolorida.

–Wey! ¡Agarralo! –me dijo Ana Pi mientras me quitaba una hoja del pelo.

¿Me saqué el ramo?

–Ella atrapo el ramo. Ella atrapó el raaaa-mo y se llevó el raaa-mo. –Empezó a cantar el animador –¿Cuál es tu nombre?

–Leva –dije confundida, sosteniendo pedazos del ramo con una mano y , despistadamente, buscando pedazos de hojas y pétalos en mi cabello.

–¿Alguna vez ya habías atrapado el ramo con tu cara? –me dijo juguetonamente.

–No –le dije confundida.

–Y que la novia se tome una foto con la chica del ramo y las demás amigas…Ahora una con el galán. –¿Vas a participar por la liga? ¿O con la señal del ramo tienes? –le preguntó burlonamente el animador a Pepe.

¿Señal? ¿Señal? ¡Esa era mi señal? Wooo…Qué rápido, pensé mientras intentaba arreglar el ramo semidesecho por el impacto con mi cara.

Una señal clara y directa, pensé mientras me volvía a sobar el rostro.

Pepe es el indicado. Debo confiar. Todo saldrá bien. Solamente dejarme llevar, dejar que las cosas fluyan y poco a poco todo se irá dando de nuevo, me dije contenta y tranquila.

–Dude, qué madrazo! –me dijo Caly –Así o más agresiva la señal.

–¿Agresiva? –le contesté saliendo de mis pensamientos y volviendo al presente.

–Sí, wey. Una cosa es dejar las cosas en claro, otra es golpearte de frente… Qué fuerte wey. Yo que tú, una limpia.

Fuck! ¿Y si tiene razón? ¿Si esto más que ser una señal de “dale!” como canta Pitbull, es más una señal de “reacciona de lo que estás pensando, niña mensa”? Y si solamente fue una coincidencia. ¿Qué tal si esto no significa nada y yo se lo adjudicó a una respuesta de daddy God? ¿Y si sí era y realmente lo estoy sobreanalizando todo y termino tomando la decisión incorrecta por no dejarme llevar? ¿Y hacía donde debo dejarme llevar?

Damnit!

¿Fue esto una señal o simplemente mala suerte?

Está historia está basada en el hecho de que a Ana Pi le cayó el ramo en la cara en una boda y nada más. Tomé ese acontecimiento chistoso para crear está historia. Sentimientos, dudas, pensamientos y demás son totalmente míos. Producto de mi imaginación y así.

(Solo aclaro, nada que meto a gente en broncas y yo ni en cuenta…)

Bueno, bye!

7 thoughts on “El ramo

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