La Nalga Perfecta

La nalga perfecta

 

Hello!!!

So, regresé. Estoy de vuelta. ¿Me extrañaron? ¿Alguien notó mi ausencia?

Bueno, o sea, yo sé que dije que me iba de vacaciones dos semanas, pero algunas veces una se tiene que tomar unas vacaciones de las vacaciones, entonces las extendí a tres semanas.

Como dice la juventud de hoy: Yolo.

(Ingas, pero sí).

¡Pero ya estoy de vuelta!

Y lo prometido es deuda: Este post será sobre la nalga perfecta.

Todo comenzó un día en Cancún, bueno, en Playa del Carmen para ser más exactos.  Mis amigas y yo decidimos intentar la “receta infalible para el bronceado perfecto”. Es decir, bañarnos en cerveza + bronceador + embarrarnos arena + una gotita (cosita de nada) de bloqueador (por aquello del cáncer de piel) + tumbarnos en la playa (nos dijeron que máximo 15 minutos, pero lo extendimos a la hora completa “por si acaso”). Entonces de repente, nos dimos cuenta de que lo comenzó como un tono naranjita-doradito “bonito”, terminó siendo color langosta (nada de salmón, ni camarón). Estábamos al rojo vivo.

Ardidas (literalmente) y con un tremendo dolorón de cabeza, regresamos al hotel cabizbajas por nuestra estupidez (estábamos chavas y se nos hizo fácil).

Pero entonces el universo, Dios, un poder Superior o cómo sea que cada uno que lea esto lo conozca se apiadó de nosotros y llegando al hotel, al pasar por la alberca vimos a un grupo de europeos…

Ya se imaginarán. De repente a todas se nos olvidó nuestro actual tono de piel (rojo vivo + brillo extremo, por aquello del aloe vera para el ardor y el bloqueador spf 100 (ahora sí, ¿verdad?), para ponernos en modo “movimiento de cabellera intenso”, es decir, a ligar.

Entonces nos pusimos a descansar tantito cerca de la alberca. Olvídense de las poses sexys que una puede tomar mientras se broncea. Nosotras nos dirigimos a la sección de papás, cerca de la sombra, donde había abanicos que aventaban agua para aquello de la brisita fresca y cuidábamos que nada –ni nadie– pudiera rozar nuestras espaldas, hombros y cuerpos enteros.

Pronto nos dimos cuenta de que nuestro esfuerzo era en vano. Eso pasa cuando una chava de 1.55mts lucha por la atención de un chavo de 1.80mts contra otra mexicana –esa sí, bronceada como Dios manda– y de 1.70mts…. Digamos que pasé desapercibida por completo.

¡No me importa! Regresaré a los chicos mexicanos, no tan altos que sí me alcanzan a ver.

Entonces, después de unos minutos, aún ardidas, cansadas, medio crudas y hambrientas, nos dispusimos a regresar al cuarto de hotel  y de repente uno de los chicos intentó salir de la alberca.

El impulsó provocó que parte de su traje de baño deslizará dejando al descubierto –por una milésima de segunda– su nalga perfecta.

Y es que sí era perfecta. Tal cual la imagen de esa marca de protector solar que tiene a una bebé enseñando nalguitas. Eran nalgas de bebé, pero en un hombre guapo, fornido, bronceado y extranjero.

–¿Viste? ¿Vieron? –Empezamos a preguntarnos todas con ojos abiertos como platos, en shock, sintiéndonos culpables por la conmoción que nuestras acciones provocarían con las monjitas del colegio en que estudiamos y sintiéndonos peligrosas por vivir unas vacaciones llenas de adrenalina.

(Sí, así de “ñoñas” somos, pero bueno).

Regresamos al hotel platicando de la nalga perfecta. El regalo que el universo nos mandó, después de engañarnos con “la receta para el mejor bronceado”. #epicfail

Ok! Ya se imaginarán como regresamos al hotel… y a Monterrey: Rojas, pero contando a padres, hermanos y novios (en las que aplica) la historia de cómo descubrimos que sí existe….La pompi perfecta.

2 thoughts on “La Nalga Perfecta

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s