La Primera Impresión

Primeras Impresiones

Como algunos tal vez leyeron (La Soltera y la Boda Regia), es muy difícil ser una mujer soltera y tener que asistir a una boda 100% regia porque, a menos de que tengas la inmensa suerte de ponerte de acuerdo con un grupo de amigos, siempre –lo que se dice SIEMPRE– tienes que ir acompañada.

Entonces, yo tenía una boda y había conseguido pareja: El amigo de una prima.
Así, tal cual, no lo conocía, pero él accedió a acompañarme (Dios lo bendiga y se lo multiplique… Lo digo en serio, cero sarcasmo).

Como soy medio ranchera (como dicen en Monterrey; entiéndase: penosa), yo le propuse que nos conociéramos antes (algo tranqui, relax, casualón, como amigos  y así), pero nunca nos pudimos poner de acuerdo.

La noche se llegó y con ella el diluvio: Literal. Y yo estaba súper producida, es decir, maquillada y peinada de salón.
Cuando llegó su mensaje “Ya estoy aquí”, mi primera reacción y la de mis papás (sí, estaban en la casa conmigo) fue: ¡Que no se baje del carro!

Seguro se empapaba y hubiera estado peor. Al parecer, todos estábamos en sintonía, pues él me esperaba en su camioneta (sí, pensé que era carro, pero no).

Buscando la forma de sobrevivir en el trayecto que era de la puerta principal de mi casa a la camioneta (bajar unas escaleras, cruzar el portón, etc.), mi papá me dio el bolso de noche, puse entre mi brazo y mis costillas, con la mano izquierda agarre el paraguas morado y con la mano derecha mi vestido (porque seamos honestos, si lo pisaba ahí quedaba yo lisiada o algo).

Di un paso afuera, aun no aventurándome a dejar el techo. Los vientos huracanados me hicieron temer por mi peinado. Al parecer, mi mamá pensó lo mismo:

–Si te pones muy pegado el paraguas a la cabeza te lo puedes enganchar y despeinar, mejor te pongo una bolsa en el pelo –me dijo mi mamá.
Sin esperar respuesta, de repente apareció con una bolsa pequeña para la basura: blanca (o sea, que ni combinada con mi outfit, pero bueno) La abrió y cubrió todo mi pelo.
–¿Y ahora? ¿Cómo la vas a amarrar? –le pregunté cuando noté que no era lo suficientemente grande como para amarrarse debajo de mi barbilla.
–No pues, ¡muérdela!
Damn it!

Vi el reloj, mi nuevo amigo me esperaba en la camioneta. Sentía como la lluvia, el viento y las escaleras me retaban a bajar y llegar en una sola pieza.
Sin pensarlo mucho, mordí el pedazo de bolsa que mi mamá me acercó a la boca.
–¿Puedes sola? –me dijeron mis papás en unísono.
–Mmmm-hm –les contesté sin realmente poder hacerlo y sin voltear atrás.

Bajé muy concentrada las escaleras, vi como él abrió la puerta desde adentro y aventé la bolsa de mano que traía resbalándose entre mi brazo y costilla con un solo movimiento, fuerte y rápido, sin realmente ver dónde cayó; agarré mi vestido y sin subir como una señorita (con las piernas juntas), entré a la camioneta, cual bato con paquetote entre las piernas: primero una pierna y luego la otra….-¡ingesu!- Sin decirle hola, es más, casi creo que sin voltearlo a ver.

–¿Con qué te ayudo? –me dijo, mientras yo veía la forma en como cerrar el paraguas sin mojarme.
–¡La bolsa! ¡La bolsa de la cabeza! –le contesté sin realmente voltear a verlo –¡Paa-piiii! –grité para que mi papá bajara y se llevará el paraguas.
Mi papá lindo y hermoso llegó, me ayudó y se regresó empapado a la casa.
(<3 mi papi)

Por fin, pude acomodar mi vestido, mi traserito en el asiento y o volteé a ver.
Hola desconocido.
Estaba por saludarlo cuando reaccioné: Espera.
–Te aventé la bolsa, ¿verdad? –le pregunté apenada, saltándome las cordialidades que dicta la sociedad: ¿qué más da un ‘hola, mucho gusto’ cuando la persona te ve por primera vez luchando contra la lluvia y una bolsa de basura en la cabeza?
–No pasa nada, no te preocupes –me dijo súper relajado.
Oso. Leva. Oso Total.

Siguió la noche y cuando llegaban amigos no quedaba más que saludar:
–¡Hay, Leva! ¡No te reconocí! –me dijo mi mejor amiga.
Maldita bitch!
–O sea, dude: No manches, ayúdame tantito.
–¡Sorry! Es que no traigo los lentes, lo juro.

Igual con otra amiga:
–¡Leva! ¡Te ves súper bien! –me dijo Laura emocionada.
O sea, mil gracias pero tipo, ¡despiste!
–Dude, di que así me veo todos los días –le dije medio en broma y medio indignada.
Osea, mi amigo va a pensar que estoy megaproducida. Tipo sí, pero no seamos tan obvias.
¿Extreme makeover, acaso?

Siguió la noche en la boda. Bailamos, tomamos fotos, bebimos, bailamos, reímos y nos la estábamos pasando bien, todos bailando en “bola” (como se dice en mis tierras; entiéndase: en grupo, todos juntos) y así. Poco a poco, cada “pareja” fueron cediendo ante el cansancio, la hora o el alcohol y se iban de la fiesta.

Cuando quedábamos unos cuantos, el resto ya estábamos en la mesa disfrutando de los chilaquiles de la tornaboda y de una buena plática.
En eso, una de chava de la mesa empezó a contar que ella madrugaba todos los días para hacer ejercicio y estar puntual en el trabajo.

–Nombre, qué disciplinada. Yo a las 5:30 me levanto pero para hacer pipí –dije.
¿Por qué Leva? ¿Por qué?, pensé mientras  mi comentario se quedaba flotando en la mesa, sin que nadie dijera nada y sin que nadie reaccionara.

–Eso es demasiada información –dijo el acompañante de Ale intentado esconder una risita.
¿Woops?
–¿Qué es eso en tu foto de fondo del cel? –le pregunté a mi acompañante para despistar el momento.

 

Conclusión sobre la impresión dada durante la noche:
-Mujer poco femenina (por aquello de la forma en que me subí a la camioneta).
-Mujer agresiva (porque le “aventé” la bolsa)
-Mujer desquiciada (¿bolsa de basura en la cabeza?)
-Mujer desarreglada (porque ni mi mejor amiga me pudo reconocer con maquillaje…)
-Mujer que comparte de más (al parecer el que la gente sepa a qué hora me levanto al baño es importante).

Lo que aprendí de mi:

-Cuando estoy concentrada en una cosa (por ejemplo: no caerme, mojarme y arruinar mi vestido) soy agresiva.
-Tiendo a no ver a la gente cuando estoy decidida a lograr una tarea (dejar el paraguas sin mojarme).
-Tomada (con unas cuantas bebidas de más) y no tomada suelo compartir cosas de más.
Lo que una amiga me indicó sobre esa noche:
No tengo filtro cerebro-boca.
¡Woops!

 

¿A ustedes cómo les ha ido con esas primeras impresiones? ¿Alguna anécdota que me quieran compartir? O sea, no soy la única vieja loca que baja a conocer a alguien con una bolsa en la cabeza, ¿o si?

5 thoughts on “La Primera Impresión

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