En el Limbo

En el limbo

Hay algo muy interesante de estar por cumplir 30 años. Mientras que ha habido ocasiones en que no me bajan de “señora”, en otras se van al extremo contrario y no me bajan de “¿Y cuándo va a ser tu graduación?”
(Tipo fue real. ¡Lo juro! Pero maybe la persona no traía lentes o no sé).

Entonces a mis casi 30 años, esto es lo que vivo:

La señora

Estaba platicando con una chava en una estética. Mientras ella me atendía, peinaba mi cabello y masajeaba mi cuero cabelludo, yo le decía de mi vida profesional, amorosa, de las películas que acababa de ver en el cine y bla bla bla. Cuando de repente:

–Oiga, señora. ¿Y cómo le hace con sus niños?
WHAAAAAAAT?!?!!?!?!
Mi cara de shock le dijo todo.
–….Perdón –me dijo apenada –Es que pensé que tenía niños porque tiene las bubis muy grandes.
Ahora resulta…

Después, unas cuantas semanas en H-E-B:
–¿Señora? –escuché  que dijo una demostradora, sacándome de mis pensamientos y de mi búsqueda por los champiñones ya cortados pero no en aceite, sino en agua… De esos que compra mi mamá.
Me le quedé viendo confundida.
–Señora, buenas tardes. ¿Ya escuchó de la promoción que tenemos de Huggies Supreme?
–¿Qué? –le pregunté chido.
–Sí. En la compra de dos paquetes de Huggies Supremes se lleva un shampoo pequeño de Huggies Gold.
Maldita bitch! ¡¡¡¡¡Arderas en las llamas… DE MI FURIA!!!!!
–Ahh ok –le dije con una sonrisa incómoda –Que padre promoción, pero la verdad a mí no me sirve. No tengo hijos –terminé de decirle ya con una sonrisa forzada.
–Disculpe –me dice antes de atacar a otra “señora”.

Ok. Lo entiendo. Casi 30 años. A mi edad (y considerando el mes) mi mamá ya tenía varios años de casada, a dos pequeños y una más en camino (yo).

Entonces, una prima mía pasó al tercer piso. Así es, cumplió 30 años. Y en menos de tres meses yo la acompañare en esa aventura de vivir en una hermosa época por el resto de nuestras vidas….¿Verdad flaca?

La veía elegante, divertida, segura de sí misma y yo pensaba: No tiene nada de malo cumplir 30. Es exactamente lo mismo. Ni se nota.

Verla a ella tan tranquila, tan “como si nada”, me hizo pensar que todos mis miedos de la cercanía del próximo 9 de diciembre eran tontos.

Así, yo también empecé a sentirme ya de 30. A aceptar con los brazos abiertos lo que está por venir: Soy una mujer madura, soy toda una mujer. De 30 años. Wow.

(Y digo, también está eso de que son 30 son los nuevos 20 entonces…)

Pasaron unos días y me sentía bien conmigo, con mi edad, con estar soltera: ¿Y qué que ya vaya a cumplir 30? Tengo más tiempo que vida para hacer lo que quiero. El tren no se va. Ni siquiera está listo para irse…

La eterna puberta

Y de repente una mañana desperté con algo que no extrañaba: Una marquita roja que me daba comezón y que al tacto se sentía abultada: Un granito amenazaba con invadir mi nariz.
¡Maldita sea!
Y tenía una boda por atender en esos días.
¡Maldita! ¡Maldita sea!

Bañarme en primer, corrector, maquillaje líquido y polvo no ayudaron ¡en nada! Fui simplemente una víctima de la mercadotecnia y llené mi nariz de productos que solo la hacían picar más.
Así, llegué al trabajo y empecé a platicar con la gente siendo consciente de lo que me acompañaba: Están hablando contigo Leva, nadie ve tu nariz. Nadie ve tu nariz. ¿Está viendo mi nariz? Yeap.. está viendo mi nariz. Está bien, no pasa nada. Los granitos se van…Mientras no sea un moco…No es un moco, ¿verdad?

Insegura, después de platicar con mi compañero de trabajo fui al baño y ¡Dios bendito! La marquita roja había pasado a ser una especie de piquete de mosquito rascado: De esos hinchados, súper rojos y gruesos…
Ingas, wey! ¡Qué oso!
Toqué mi nariz y me di cuenta de que necesitaba dos dedos para poder esconder la marca.
¡Lo frío calma lo irritado! Mi naricita está roja, entonces, mi naricita está irritada. Por ende, necesita algo frío.
Mojé mis manos y empecé a tallarme la nariz, logrando solamente quitarme el maquillaje. Que no traía en mi bolsa para reponer mi error.
Damn it!
Así tuve que aguantar la jornada de ocho horas en el trabajo. Intentando ser lo más normal posible, sabiendo que todos veían la cosa que crecía en mi nariz y que en cualquier momento tendría vida propia.
Finalmente, el día laboral más largo de mi vida pasó. Ya solamente me quedaba llegar a la estética para hacer una cita y podría refugiarme en mi casa e intentar todo remedio casero para eliminar a mi nuevo y fiel acompañante.
Maldito bitch!

En la estética:
–Hola, chula. ¿Cómo estás? –me dijo mientras me veía llegar acalorada, despeinada y con el poco maquillaje corrido. Todos gracias al calor de Monterrey.
–¡Hola! Vengo a pedir informes de precios para maquillaje y peinado.
–¡Claro que sí corazón! –me dijo la señora con una sonrisa sincera –Tenemos un paquete especial para graduaciones, solamente nos tienes que traer algo que compruebe que es tu graduación…
Tarde en reaccionar. ¿Era en serio? Hace unos días no me bajaban de señora, ¿ahora apenas será mi graduación de carrera? ¿Neta?
–Este…Sí. Tengo una boda, yo no soy de graduación.
–Ay, ¡no! ¿A poco chula? Yo te hacía de como 23-24
¡Ay! ¡No manches!
–No…Tengo 29…¡Casi 30!
El shock de la señora cuando le dije mi edad, jamás lo olvidaré. Admito que esta anécdota se quedará conmigo para siempre y la recordaré cada que me sienta “vieja”: Alguien me confundió con una chava de 23-24 años.

Llegando a la casa me vi al espejo: El calor me había despeinado, acabado con mi maquillaje, mi grano cada vez parecía más eso: un grano y la temperatura y acelere de dar vueltas hizo que mis mejillas se sonrojaran naturalmente. Sí me veía más joven.

Supuse que mi cuerpo está aun en esa etapa en que, dependiendo de la situación, pueden confundirme con una adolescente o con una señora.
¡OK! Pasa más con una señora, ¿pero qué le hago?

Para disfrutar más el momento, decidí empezar a peinar mi cabello más sencillo, con una simple cola y mantener mi maquillaje ligero.

Después, mientras buscaba en Liverpool unas fajas (esa es otra historia), me di la vuelta por la sección de Petit (chiquita pero picosa) y mientras me decía entre un estampado floral o rayas, una demostradora se me acercó:

–Buenas tardes, señora. ¿Le interesaría conocer nuestro nuevo producto de Clarins para eliminar las primeras líneas de expresión?
Respiré profundo.

Fin.

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