Leva vs. La Cucaracha

Leva vs. La Cucaracha

En mi aventura por vivir mi vida sin buscar el amor, el hombre ideal, “the one”, el padre de mis hijos no nacidos y no concebidos, estoy en la búsqueda de mi independencia en todo el sentido de la palabra.

Entonces, un día empecé a discutir con mi hermano mayor. Nada de qué preocuparse. Fue una de esas peleas entre hermanos: “¡Soy una mujer fuerte e independiente y no necesito de tu ayuda!”, le dije enojada y decidida de que él estaba mal.

¿Por qué habría yo de necesitar de mi hermano mayor?

Después de que él se fuera y mis papás salieran a dar vueltas, empecé a leer tranquilamente cuando de repente noté que algo pequeño se movió rápidamente por mi cuarto.
Eh?, pensé y dejé por un segundo mi libro en el sillón, observé mi cuarto y al no ver movimiento, continué leyendo.
De nuevo, de reojo volví a notar que algo se movía.
Temiendo estar en lo correcto, dejé de nuevo el libro en el sillón, pero esta vez me acerqué hacia donde vi el movimiento para verla: Una cucaracha parada ahí, en medio de mi cuarto, engreída. Sin moverse ni un centímetro mientras yo me paraba ahí, frente a ella.
Después de un segundo, comencé a correr en mi lugar como en la película de Flashdance, ya saben: Cuando ella está calentando-bailando con la canción de Maniac.
Pero yo no sonreía ni daba vueltas. Solo corría y empecé a sacudir mis manos y a empezar a mover mi torso.
(Ahora que lo pienso, tal vez si parecía que la quería imitar).

¿Había una en mí? ¿Tenía una en mi espalda caminando por mi blusa?

(Pausa para sacudirme y verme rápidamente en el espejo. Escribir esto me da de nuevo la sensación)

De repente movió sus alas. Era una de esas. De las guerreras grandes y horribles que sin previo aviso comenzó su vuelo hacia mi dirección, provocando una reacción y que yo corriera fuera de mi cuarto, cerrando la puerta de golpe.

Mi cuarto ya no era mío. Le pertenecía a esa bestia miniatura asquerosa.

Tenía que recuperar mi cuarto. Pronto. Ella podía pararse entre mis cosas.
Ewww. Ewwww! EWWWWW!

(Recordatorio: Comprar gel antibacterial, toallitas desinfectantes y Lysol para limpiarlo todo. TODO.)

Necesitaba ayuda: Tomé mi celular y le mandé un mensaje por WhastApp a mi hermano.
“Cucaracha voladora! Cucaracha voladora! Cucaracha voladora!!!!!!”
Una palomita. Dos palomitas. Palomitas azules.
Escribiendo…
“Una mujer fuerte e independiente puede contra un insecto”.
Fue su respuesta y después: “Última conexión….”

Damn it!
Sabía que mi hermano utilizaría esto como una lección, pero tenía que elegir ESTE momento.
Maldito bitch!

Mi hermano me había mandado a la guerra, pero no entraría a la zona de batalla sin armas ni protección. Corrí al cuarto de mis papás. Entré decidida al clóset. Tomé calcetas de mi papi. Sí, las de él. Estaba más grandes, por ende, me quedaría aguadas y protegerían más piel de mis piernas.
Elegí un mal día para traer shorts.
Después los vi. Mis armas secretas: Los zapatos de mi papá. Grandes y pesados. Justo lo que necesitaba para enviar al infierno a esa cucaracha que decidió meterse en un lugar equivocado.
Tomé varios pares. Todos los que pude cargar con mis dos manos.

Ya cansada –la verdad tanta emoción y zapato me agotó– llegué hasta mi cuarto, abrí la puerta y sin realmente ver empecé a aventar cada uno de los zapatos de mi papá. Escuche como golpeaban el piso, el sillón, la cama. Oí cosas caerse, pero nada romperse y gracias a Dios no le di a la televisión.

Cerré de nuevo la puerta. Esperé un segundo y escuché atentamente. Nada. No aleteó, no  nada.

Abrí de nuevo la puerta y sin entrar, comencé a inspeccionar cada rincón de mi cuarto y ahí estaba: Elegante, erguida con sus malditas antenas asquerositas moviéndose. La maldita cucaracha estaba sana y salva. Ni siquiera la rocé.

Volví a cerrar la puerta. Tenía que ser rápida. Sino, corría el peligro de que escapara y la cosa se pondría peor.
Abrí el clóset de limpieza. Tomé un detergente al azar la escoba.
Cerré los ojos por un segundo y me armé de valor. Era ella o mis cosas. La decisión era sencilla.
Abrí la puerta, aventándola mientras lo hacía y sintiendo toda la emoción y todo el poder al estilo: “This is Sparta!” (300)
Me lancé echando del spray del detergente por donde pasaba hasta llegar a la cucaracha. Esta intento huir, pero le di y sin pensarlo dos veces tome la escoba como si fuera un hacha y comencé a golpear el piso por donde estaba.
Cerré los ojos y no dejé de golpear: “Ahhhhh!” grité de repente cuando comencé a sentir ardor en mis hombros y brazos por la fuerza que estaba haciendo.
No supe cuántas veces tiré golpes, pero me detuve un segundo y lo vi todo. Una de sus alas asquerosas por aquí, ella por allá…Un pedazo de algo por el otro lado.
Lo había logrado. La había matado o mínimo, la dejé malherida.
Insegura aún de mi logro, acerqué la escoba y sacudí un poco a la desgraciada. Movió sus asquerosas patitas indicándome que seguía con vida.
Maldita bitch arrastrada.
Sintiendo todo el odio y susto salir de mi cuerpo, levanté una ceja al mismo tiempo en que levanté la escoba y con un movimiento limpio la golpeé una sola vez.
Fue el golpe de la muerte. La cucaracha no se movía más.

Observé mi cuarto: Estaba lleno de zapatos de mi papá, de detergente derramado, había unas cajas y libros caídos –supuse que fue consecuencia de aventar los zapatos sin ver– y yo estaba cansada y sudada. Pero lo había logrado. Había matado a una cucaracha voladora. Yo: Leva González le había ganado la batalla a una cucaracha gigante voladora.
Ok, no gigante, pero sí grande.

Hoy había aprendido dos cosas:

  1. No aventar objetos sin ver el blanco.
  2. Soy una mujer fuerte e independiente que puede valerse por sí misma ante las adversidades de la vida.

Limpié la evidencia. Lo ordené todo y pasaron las horas. Llegó mi hermano y le conté la anécdota:
–Y todo eso lo pude hacer yo sola. ¡No necesito de tu ayuda! –le dije con actitud –Sí soy fuerte e independiente –terminé orgullosa.
–Ahh bueno –me dijo tranquilo, sin responder a mi tono ni actitud –Pues es bueno saberlo….
–Así es –le dije enojada antes de que terminara.
–….Entonces de ahora en adelante ya sabemos que cualquier situación con un insecto, Leva puede sola –terminó.
–Qué??? –le dije mientras lo veía despedirse antes de cerrar la puerta detrás de él.

¿Por qué siempre hablo antes de tiempo?

Fin.

5 thoughts on “Leva vs. La Cucaracha

  1. hahaha asi es el ser independiente, espero ver la historia, Leva vs la llanta de refacción. Ser mujer independiente nivel “cinta negra” hahaha felicidades por tu blog Elva excelentes historias extraordinarias de ahora el “personaje” Leva =). Saludos.

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  2. Lo bueno es que nadie salió herido… a excepción de la cuchara quien dió bastante guerra y será recordada en canciones por sus amigos. Que por cierto… ¿tomarán venganza? 😀 disfruté mucho.

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