¿El Primer Tropiezo?

El Primer Tropiezo

Estaba tranquilamente viviendo mi vida, en esta nueva etapa en la que no busco el amor, en la que me dejo llevar y fluir y todas esas cosas que he aprendido en mi clase de yoga.

A la cual, debo confesar, ya soy adicta.
(Yeap. Después de todo y la primera semana de sufrimiento. Le encontré el gusto a la disciplina.)

Así, estaba esperando la clase de yoga, con los pants, la t-shirt y el tapete ya listos –o sea: el look completo. Súper pro y así–cuando de repente la recepcionista dijo: “Chicas, esta semana tendremos maestro suplente, Caly no podrá acompañarnos , pero en su lugar se queda Memo: Es súper buena onda y es de la misma escuela que Caly, ¡esperemos les guste”.
¿Pss ya qué?

Ya con mis compañera en la clase, sentada sobre mi tapete y con cara de pocos amigos (porque la verdad me da oso mil estarme estirando con mis carnes en la clase, ¡y todavía peor con un hombre ahí!), de repente vi a Memo entrar.

Dios. Santo. De Mi Vida.

–Hola, buenas tardes, chicas. Soy Memo, seré su instructor por esta semana.

Puede ser mi instructor para siempre.

Memo es un hombre de entre 32 y 35 años de edad, alto, fornido pero no exageradamente, aperlado, con ojos miel y ….¡Barba!

¡Sí! El mismo trauma que tiene Mimi, ¡lo tengo yo! Pero a mí me pasa peor: Hay barbones con los que ya no respondo, me pierdo totalmente y reaccionó como una chavita de 15 años frente a los de One Direction.

Oso. Total.

Volteé a ver despistadamente a  mis compañeras: actuaban normal.

Malditas bitches normales!

¿Acaso era la única que veía su encanto?

–Vamos a empezar. Si se sienten incómodas cuando o si las llego a ayudar en alguna posición…

Posición…¡ja!

Me sonreí como niña de secundaria aprendiendo sobre la reproducción.

Ok. Reacciona bitch!
Poker face.

Me puse seria.

–…No duden en decírmelo. Esta clase es por y para ustedes, para que la disfruten al máximo –terminó para después agacharse a prender la música y dejarnos apreciar su …¿cómo lo digo elegantemente?

¿Espalda baja?

Y bueno: A mí me enseñaron que las oportunidades no se deben de desaprovechar.

¿Mi reacción? Como decía Joey de Friends: How u doin’?

Empezamos la clase y aunque ya sabía un poco más, mi condición ha mejorado y ya no batallo taaanto en algunos posiciones, por alguna extraña razón, no podía seguirle el paso a Memo y tenía que corregirme a cada rato.

Swear que no era adrede!

Cada que Memo se acercaba me preguntaba si podía ayudarme (o sea, aparte de guapo, súper caballeroso) y cuidando de no incomodarme y –sobre todo- cuidando su fuerza (, tipo de que, además súper considerado) me guiaba para hacer mejor cada una de las posiciones de yoga.

–No se preocupen si no pueden aún sostenerse con los brazos. Poco a poco serán más flexibles y más fuertes –dijo mientras se preparaba para enseñarnos qué era lo que debíamos hacer.

Su mirada estaba fija en nosotras, pero la posición dejó al descubierto los músculos de su abdomen y sus brazos.

Jesús. María y José.

Empecé a echarme aire con la mano.
Tímidamente dejé de hacerlo, porque supuse que parecería reacción a otra cosa más allá del ejercicio. Volteé y vi que otra compañera hacia lo mismo.
–¿Quieren que prenda el abanico? –nos preguntó Memo.
Tímidamente le dije que sí.

Así seguimos durante casi una hora: Nosotras intentando torpemente hacer posiciones de yoga y él pacientemente explicándonos y enseñándonos cómo hacerlas.

Sin darnos cuenta del tiempo transcurrido, terminó la parte difícil y entramos al momento de meditación. Con la luz apagada y los ojos cerrados Memo empezó a guiarnos con su melodiosa, profunda, rasposa, varonil y sexy voz….

(Pausa para recordar y volver a suspirar)

Entonces él comenzó a pasar por cada una de nosotras, deteniéndose para darnos un masaje en las sienes y frente con un poco de aceite relajante.

Trauma. TOTAL.

Aparte de fornido, guapo y flexible… Considerado de las necesidades de relajación de una. ¡Me caso!

Mientras Memo masajeaba mis sienes, me dejé llevar por la imaginación: Me vi junto a él en una playa lejana, totalmente relajados y haciendo yoga  a la orilla del mar…
…Bueno él, yo solamente lo observaba.

Terminó la clase y todos salimos a recepción:

Dude! Está súper guapo el profe –me dijo Meli en un susurro mientras las demás compañeras agendaban su próxima clase.
–¡Ay! ¡Ya sé! ¿Qué se quede como profe? –le contesté no muy segura de si bromeaba o no.
–Pero típico de que va a ser todo como hippie y así, cero  del estilo de nosotras, ¿no? –dijo.
–Ah. Sí. ¡Claro! Un taco de ojo y nada más.
Pero eso no me impide soñar o ¿sí?

En eso Memo se nos acercó –supongo que fue una ventaja de que todas se acercarán a la recepción como si estuviera regalando jugos verdes–

–¿Qué onda? ¿Les gustó la clase?
–¡Ay! ¡Sí! ¡Obvio! –dijo Meli.
–Sí. ¡Estuvo muy padre! ¡Muchas gracias! –le contesté.
–Qué bueno que les gustó.
–¿Y en dónde más das clases? –le preguntó Meli.
¿Alguien dijo: acosadora?
–Pues ahorita nada más aquí. Es que me gusta mucho, ¡me encanta hacer yoga! Y me certifiqué y todo, pero no es mi trabajo de tiempo completo. Yo estoy en otro negocio, empezando uno de hecho y esto lo hago más por hobbie, para relajarme.
O sea, ¡es emprendedor!
–!Ay! ¡Qué padre! –le dijimos al unisono.
–Gracias, sí. Es que ahorita ya uno ya anda buscando estabilizarse y esas cosas.
¡Ay! ¡No! ¡Hazme un hijo!

Espera, ¿qué?

Leva: Concéntrate en tu meta. ¡Autocontrol!

Fui a la última chica que atendieron. Cuando me dispuse a caminar hacia mi carro:
–Hola, ¿Elva? ¿Verdad? –me dijo Memo mientras me alcanza para ir al estacionamiento.
–Sí. ¿Memo?
–Así es.
–Oye, es que a veces nos juntamos un grupo y vamos los fines de semana a hacer yoga en Chipinque. Está muy padre. Deberías de venir –me dijo animado.

Sus palabras fueron hipnotizantes: De repente de nuevo me perdí de la realidad y me fui a un universo paralelo, en el que yo tenía el cuerpo de Jennifer Lawrence y junto a Memo ponía una franquicia de estudios de yoga y dedicaba mi vida al ejercicio y relajación al lado de ese hombre guapo y fornido que tenía frente a mí.
Así es: Mi boda sería en la playa, todos usaríamos blanco y Memo comenzaría -de la nada- a hacer posiciones de yoga en medio de la ceremonia y yo voltearía a ver a todos con cara de “sí, eses es mi esposo”.

(Mami, ¿estás leyendo esto?)

Entonces, por un momento me decídí. ¡Tenía que volver a ver! Y empecé a idear estrategias para lograrlo.

¿Cómo agregarlo a Facebook?

Y luego recordé que así empezaba siempre: Llegaba un chavo con un toque diferente (maestro de yoga), guapo y “amable” a primera vista, que busca que me una a alguna actividad, reunión o algo y de repente y de la nada, me perdería entre sus palabras, sin poner atención a lo que hace, dice y, sobre todo, cómo me trata.

¡No! ¡Leva! ¡No! ¡Es muy pronto para esto! ¡Vamos empezando! ¡Concéntrate! ¡Concentrada mujer! ¡Mente y agua fría!

Entonces mi mentalidad cambió: Si Memo iba a ser algo más que un “taco de ojo” para mí, si temía no poder controlarme, tal vez lo mejor sería cambiar mis clases de yoga. Tomar cartas en el asunto y no dejarme vencer.
Estaba decidida a que esta prueba sería una prueba superada.

Empecé a sentir como iba reforzándome internamente: No iba a dejar que nada ni nadie se interpusiera en mi nuevo camino, en mi búsqueda de vivir la vida sin buscar el amor, sin ser la “cazadora”.

¿Nada ni nadie? ¿Y si sí conozco a alguien? ¿Entonces qué? ¿Está es la actitud que debo tomar?

Estaba tan metida en mi monólogo interno que no escuché cuando un auto se paró justo al lado de nosotros.

–¡Ay! ¡Ya llegaron por mí! Bueno, platicamos mañana y me avisas si te quieres unir con nosotros para lo de yoga en Chipinque. Bye! ¡Nena! –dijo y me dio un beso tronadito en la mejilla.

¡Ay ya?
Bye! ¡Nena!?
BYE! ¡NENA!?
NENA?!?!?!

Memo es gay.

Los despedí con la mano y una sonrisa. Más para mí que para ellos.

Me reí tontamente. Mi actitud de ligue y fantasías me parecieron sumamente estúpidas en el momento, ¿cómo es que no vi ese detalle?
¿Y mi actitud defensiva? ¡Ni se diga! Me sentía cual Katniss Everdeen, lista para la batalla. Y fue totalmente innecesario.

Memo no sería mi primer tropiezo. Estaba totalmente segura de eso. De hecho, algo me decía que mi camino estaba libre y que no debía preocuparme por lo que estaba por venir.

…Pero solo el tiempo dirá.

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