Namaste, bitch!

Namaste bitch

En mi camino a renovar mi estructura, cambiar la forma en que vivo mi vida y abandonar la búsqueda del amor, decidí dar todo de mí para lograrlo. ¿Y qué mejor forma de conectarme conmigo misma que con un sinfín de libros de autoayuda y superación personal y clases de yoga? Dejar en blanco mi mente, conectarme con mi cuerpo, escucharlo, entenderme, cuidarme y bla bla bla. Todas esas cosas maravillosas que trae esta práctica.

Esta es mi experiencia:

–Ok –dijo la instructora de yoga –Con los ojos cerrados y sus manos unidas a la altura de su pecho piensen en una intención. Respirando profundo, una intención para la clase de hoy. ¿A qué queremos dedicársela?

A mi nueva aventura. A mi vida sin buscar el amor, pensé.

–¿Qué es lo que queremos lograr con la fortaleza que obtendremos hoy? –continuó.

Tener fortaleza interior y exterior, pensé… Así de que, súper espiritual y la fregada.

Empezó la clase y decidida a ser la mejor versión de mí, a verdaderamente trabajar en mí, empecé a hacer cada uno de las posiciones que, a simple vista, eran simples:

Respiro profundo. Estiro pierna derecha. Exhalo profundamente y pierna derecha entre manos, ahora intento alcanzar mi pie izquierdo… Es puro estiramiento, esto no está TAN difícil.

¡Ja! ¡Ilusa yo!

Poco a poco empecé a sentir mi peso calarme en las muñecas, en los hombros, en las piernas, en la espalda. En músculos que no sabía que existían y partes del cuerpo que pensé que no me podían doler no mas porque sí

(O sea, de que la ingle. ¡Es neta! ¡Lo juro! ¡Y por el yoga!)

–Estiren. Con caaaada respiración nos estiramos un poooco más. Vacíiien sus mentes. Respiiiiroo y me derrito un pooooco más –decía la maestras mientras parecía una persona sacada del Cirque du Soleil.

Respiro. Vacíiiooo mi mente. Respiro. Me estoy resbalando. ¡NO! ¡No, Leva! ¡Cállate! Mente en blaaanco. Respiiiiiro. Respirooo, intentaba concentrarme mientras sentía como mis manos empezaban a resbalarse en el tapete por el sudor.
Respiiiiiro. Me resbal- ¡No! Respiiiiiro. 

–¡Adho Mukha! –nos dijo la maestras y todos nos pusimos en posición de perro mirando hacia abajo. Posición de “descanso” en la que sientes que las muñecas te van a explotar por el peso, los músculos de las piernas te van a tronar por estirarlas de más y en cualquier momento va a ser cabeza-piso porque tus manos empiezan a sudar en el tapete y por ende, a resbalarse.

Posición de descanso, ¡mi trasero!

Una y otra vez repetimos la rutina.

–¡Metan las nalgas! –indicó la maestra.

No es problema. No tengo.

–Méeetanle más al ombligo. Aprieten ese abdomen y respiren.

Aprieeeto y respiiiiro. Aprieeeeto y respiiiiro… Aprieto o respiro, empecé a cuestionarme mientras veía en el espejo que empezaba a ponerme roja tomate.

Mientras mantenía temblorosa mi posición, la maestra comenzó a caminar entre nosotros y a contar lentamente.

–Uuuunoooooo. Respiriien. –dijo mientras corregía a una de mis compañeras.
–Dooooos. Son cinco respiraciones. Ya casi acabamos.

Yo llevo siete, ¿ya me paro? ¿Ya? ¿Ya puedo?

–Treeeeees –dijo mientras se me acerca –Más abajo, Leva. Tú puedes. –me indicó mientras ponía una mano en mi espalda y me ayudaba a bajar más.

Auch. Auch. Auch. Auch. Auch.

Su mano seguía en mi espalda.

Auch. Auch. Auch. Auch. 

–Cuaaatroooo. Métele más al ombligo. Mete esa pancita, Leva.

Con todas mis fuerzas intenté esconder mi lonjita.

–Más. Todavía puedes meterle máaaas a ese ombligo.

Con todas mis fuerzas intenté hundir mis carnes. Para lograr que se escondieran un poquito más dejé de respirar. El movimiento no me ayudaba.

–Respiiiiira.

–¡NO! ¡Mis carnes no me dejan! ¡Tengo lonja! ¿O respiro o meto la lonja? ¿Qué hago? –le contesté ya desesperada por el dolor y cansancio.

–¡Adho Mukha! –dijo sin poder ocultar una sonrisa.

¡Maldita vieja flaca!

 

Me puse en posición y  empecé a  ver a las chavas a mi alrededor. Todas se veían cansadas, pero concentradas. Por andar viendoa las demás, no notéquemi playera se desfajó, quedando por completo en mi cara. Sin dejarme respirar.

–Nos quedamos en posición de descanso cinco respiraciones –dijo la maestra –Cierren los ojos, concéntrense en su respiración. Respiiiiiiro.

Respiro tranquilamente, me dejo llevar por la posi… ¡Chin…¡Pinky playera!, con los ojos cerrados empecé a sacudir mi cabeza intentando lograr quitarme la playera de la cara y por ende, poder respirar. Por permanecer tanto en una misma posición y sin poder tomar mi toalla, empecé  sentir el sudor invadir mi cuello y frente.

Asquito, Leva. Asquito mil. Ewww. Ewww. Házte para allá. ¡No te quiero! ¡No!, le gritaba mentalmente a mi sudor mientras meneaba la cabeza para librarme de la playera y, al mismo tiempo, con esta limpiarme el sudor.

–Respiiiiirooooo –indicaba la maestra mientras yo seguía meneando mi cabeza –Conéctate con tu cuerpo. Siéntelo. Escúchalo.

Decidida a no dejarme vencer, opté por ignorar mi sudor y falta de oxígeno, y preferí esforzarme por mantenerme en posición y escuchar a mi cuerpo.

–¿Qué dice tu cuerpo?  Escucho.

Dolor en muñecas. Auch. Auch. Auch.

–Seguimos en posición. Ya casi acabamos. Escucha a tu cuerpo.

Sudor en el cuello. Sudor en la frente. Algo recorre mi mejilla. ¿Es eso una gota? ¿Literal? ¿De sudor? ¡Asco Leva! ¡Asco mil! Ok, yo no soy sexy en mi jugo. ¿Qué comercial de Old Spice y la fregada? ¿Quién dijo que estar en su jugo es sexy? ¿Me sudan las bubis? ¿Se nota? Ewww.. ¡Quiero mi toalla!

–Seguimos respirando, fortaleciéndonos y escuchando. Respiiiiiro.

O sea, literal estaba derritiendo todo mi bacon (tocino). Asco mil. Ni en Crossfit sudaba así. O sea, ewww. Neta. No exagero. ¡Lo juro!

–Dos respiraciones más.

Mis brazos y piernas empezaron a temblar visiblemente. Sentía que en cualquier momento caería rendida, suplicaría que ya no más y entre lágrimas iría derrotada hacía mi carro.  Mis piernas y brazos temblaban cada vez más:

–¡Mira! –dijo Meli, compañera de yoga mientras en posición sonreía al ver la temblorina de mis piernas.

Le sonreí nerviosa y cansada.

FUCK IT! SERÉ GORDITA INFLEXIBLE Y ESTRESADA. 

–¡Niño! Nos relajamos y descansamos. Hemos entrado oficialmente a meditación.

Caí rendida y agradecida ante Dios, el destino y el universo (cero exagerada, como podrán notar) porque había terminado la clase. Después de posiciones sencillas de relajación:

–Juntamos nuestras manos a la altura de nuestro pecho: Me agradezco el tiempo que me dediqué, este rato de ejercicio, de relajación, de conectarme conmigo misma. Y comprendemos que cada paso, cada dificultad que logramos superar es una muestra de nuestra fortaleza ante el mundo.

¡Espera! ¿Cómo?

Y entonces lo capté:

–Entiendo que el camino a mis metas, a mis sueños, en la vida en general, no necesariamente será fácil. Que habrá momentos en que querré rendirme, en que no veré la razón de por qué tomé la decisión de seguir adelante, de luchar, de crecer, de cambiar.

Mientras esuchaba a la maestra lo entendía.Cada una de las palabras que ella decía eran para mí. Ella no hablaba de la clase: se refería a mi búsqueda de una vidanueva , al cambio en mi estructura, a mi crecimiento personal, espiritual, mental y físico que quiero conseguir mientras dejo de buscar al hombre ideal.

–Que aunque en momentos creamos que no podemos más, con perseverancia y un poquito de fuerza, lograremos salir adelante. Porque sí podemos, porque tenemos la fuerza necesaria para hacerlo.

¿Será que esta clase fue como una muestra? Una “proyección” de lo que podría depararme el futuro. ¿Qué en momento tal vez diga “fuck it! Regreso a donde estaba, ¡no importa que el bato no me haga caso!” (ni de chiste, dude!)? ¿Qué en algún momento me deprima por creer que no hay cambio alguno? Probablemente sí. Peeero

(Tipo ya entrando en modo: Entiendo las señales del universo)

¡Esta clase la sobreviví! ¡Súper cansada y adolorida! Pero salí exitosa, ¿será también una proyección del futuro? ¿De mi destino? ¿De mi camino?

¡Estaba segura! La clase era una señal de lo que está por venir y de que tengo la fuerza necesaria para superarlo y salir victoriosa.

–Námaste.
Oh sí.
–Namaste –contesté con una sonrisa segura.

Namaste, bitch!, pensé decidida.

2 thoughts on “Namaste, bitch!

    • La verdad es que esa fue de las primera clases que tomé. Ahorita estoy enamorada del yoga, algo que no esperaba dado mis primeras experiencias (primeras clases). Que fueron las que trasmití en este post!
      Namaste! 🙂

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