En la Banca

En la banca

–¡Maldita sea! –grité a todo pulmón después de cerrar de un portazo la puerta de mi casa –Fuck! –decía una y otra vez de camino a mi cuarto –FUCK! Fuck! Fuck! Fuck!

Gracias Daddy God que estaba sola.

Me senté enojada en la sillita de mi peinador. Mientras me quitaba los aretes, el collar, anillos, pulseras (y todo lo demás que traía “colgado”) no podía dejar de pensar en sus palabras: “Mi novia bla bla bla”… “Mi vieja bla bla bla”… “Mi morra bla bla bla”.

–O sea: What the fuck? –dije con verdadera indignación.

Respiré profundo. Por primera vez vi mi reflejo y noté en mi mirada decepción, dolor, desilusión, pero sobre todo, coraje. Mucho coraje.

–Ya. Suficiente –me dije.

Decidida abrí la aplicación de Spotify en mi laptop, busqué frenéticamente la canción y le puse play. Después de un segundo:

“All by mysee-EEElf. Don´t wanna be”, comenzó a cantar Celine Dion.

–¡Noooo! ¡Celine! –corté enojada la canción.

“And you’re gonna hear me rooooaaaaar oh-oh-oh-oh-ohhhh”, gritó/cantó Katy Perry.

Mientras escuchaba la canción, empecé a sentir como me iba llenando de coraje, de empuje y de seguridad. Decidida, me paré en medio de mi recámara, abrí los brazos, levanté la mirada, me encandilé con el foco, me moví tantito para que el mentado foco no estuviera directamente encima de mí y diije:

–¿Qué? –pregunté sin estar segura si era a Dios, al universo, al destino o a quién.

Empecé a recordarlo todo: Por mucho tiempo habíaestado saliendo, conociendo chavos y poniendo todo de mi parte para tener una relación y ¡por fin tener con quién ir a las pinkys bodas! Pero las cosas simplemente no suceden.
Webis. TOTAL.

–Ok. Ya: ¿Me toca estar soltera? ¡Bien! ¿La vida/El destino/El universo dice que no es mi momento de tener una relación? ¡Perfecto! ¿Me tocará ser la soltera de la familia? ¡Venga! ¡Seré la tía zorra y borracha! –comencé a decir al techo de mi cuarto.
Porque, tipo, estaba sola. Sino, ni de chiste.

Y luego vi la luz. ¡No! No soy dramática, realmente lo hice y me encandilé, otra vez. Así, mientras veía con cada parpadear una manchita blanca le dije a quien sea que me escuchara: Dios, mi ángel de la guarda, el fantasma, el mosquito que no dejaba de molestarme…

–Estoy harta de vivir la misma mala suerte, una y otra vez. Estoy cansada de ser la velita prendida, la que buscan para un ratito, la que quieren para ser la “capillita de su catedral”. ¡Suficiente! No voy a luchar por algo y por alguien que no va  a luchar por mí. ¿El amor no se interesa en mi? ¡Perfecto! Recibirás una cucharada de tu propia medicina. ¡Bye con Leva González! No te buscaré amor.

–Ya. Tipo, neta, ¡ya! Este último bato fue suficiente –dije un poquito más tranquila y medio insegura.
¿Estaré exagerando?

Ok, sí. Lo admito. Soy un poquito dramática. ¡¿Qué chava no lo es?! No, no es que me esté dando por vencida.

Y luego caí en cuenta: Casi toda mi vida adulta he estado buscando, literalmente, a una persona especial. ¡Qué flojera! O sea, realmente así que tu digas “woo, está disfrutando su soltería”, no. La verdad es que ¡no he disfrutado mi soltería!

Entonces tomé una decisión que, siendo muy dramática y exagerada, pero con la esperanza de que deje en claro mi punto: Me cambió la vida totalmente. ¡180 grados! y todas esas cosas.

Vi las cosas desde otra perspectiva: So, what?  ¡El chavo tiene novia! ¿Qué se le va a hacer? Move on, Leva!

La cosa es que había algo más importante en este acontecimiento que la sorpresa de mi amigo coquetón y patancito: Tanto tiempo siendo soltera y realmente no aprovecharla. Ok, sí. Sí ha he aprovechado y valorado y disfrutado y todo eso, pero en el momento era una epifanía:  Este era mi momento para estar conmigo misma, crecer, estar con mi familia, amigos, concentrarme en mi trabajo, en mi blog, en la escritura.

Me decidí a tirar la toalla. Sentarme en la banca. Dejar el juego… Como gusten llamarlo.

Y sé que este es el mejor momento. Con seguridad que en este momento no hay pretendientes, ni pretendidos.
Ni un chavo me gusta, ni hay “perro que me ladra”
Yeap! 100% solterita. Nada de nada.
“Solterita me veo más bonita”.
(Ok, creo que lo dejo claro. Suficiente con frases sobre la falta de vida amorosa y estatus civil).

Volví hacia el espejo y sabiendo que hablaba conmigo misma, le dije decidida a mi reflejo:
–Leva: ¡A la chingada con estos chavos! Tú no te mereces ser el plato de segunda mesa, que te dejen semiplantada en las bodas, que te pidan ser la capillita de su catedral, que te quieran “mietras llega algo más serio”. Ni chavos que quieren conformarse y que creen que no es necesario luchar por ti, ¡no! ¿Esos son los chavos que conoces? ¿Con los que sales? ¿Qué TE GUSTAN? ¿Eso es lo que quieres en tu vida? ¡Ingas, wey! ¡Qué oso! –entre risa y coraje se me escapó una lagrimita.
–¡Te mereces a alguien que cuando te vea diga “ahí está mi esposa” (mi papá a mi mamá), que dejé todo si está en Saltillo y corra por ir a acompañarte a dar la vuelta a Valle Oriente no más porque sí (mi cuñado con mi hermana), que si te va a acompañar a una boda y no tiene carro, mueva cielo, mar y tierra para conseguir uno y llevarte como Dios manda! (el ahora prometido de una amiga).

Respiré profundo. Dejé que mis palabras se grabaran en mi mente.

–Dude! O sea. No estás pidiendo las perlas de la Virgen. ¡Esas cosas sí pasan! A los chavos sí les importa, sí se mueven, si luchan. ¿Por qué fregados por ti no? ¿Quién dijo que no merecías eso? ¿Por qué te vas a conformar? ¿A dejar?  ¡Al diablo con estos cabrones!

Al decir en voz alta lo que ya sabía, pero que, por más tiempo del que quiero admitir, ignoré por completo, me sentí diferente.
Por primera vez quería estar soltera. Disfrutar mi momento conmigo misma, mi familia, amigos, mi blog, la escritura, los talleres, el  trabajo. Conocer gente, ¡chavos! ¡Sí! Pero sin pensar más allá de una posible amistad.

Sonó mi celular con una notificación. Era el timbre personalidado de mi amigo “coquetón y patancito” con novia.
–¡Pobre de ti que le contestes, wey! –le dije a mi reflejo –¡A la fregada! ¡Qué se largue con su novia!

Me moví incómoda. No estaba acostumbrada a ignorar llamadas.

–Tengo un nuevo lema: Fuck it! 

Y la actitud cambió.

Admito que es increíble como noto cosas, la manera en que las disfruto, la forma en que me desenvuelvo con los demás estando en la banca. Cuando no estoy preocupada por mi situación amorosa, estatus civil y, sobre todo, en lo que piensan los demás.
(Y con los demás me refiero a los hombres. Por que tipo, era soltera con una misión! Ahora, supongo, simplemente soy soltera).

La cosa es que, todo es diferente cuando decides que tu vida amorosa, ¡te vale madre!

Y es que, veamos el lado positivo: Las puertas están abiertos y el camino ¡está libre! Al estar sola y sin perro que me ladra (que triii-ste wey!), el mundo se llena de posibilidades, de aventuras, de oportunidades.

¡Eso es emocionante!

La puerta está abierta y no hay nadie estorbando en la pasada: ¡Qué venga la vida! ¡Qué llegue la aventura! ¡Qué el futuro me sorprenda!
Mientras si el destino/Diosito/la vida o lo que sea decide que es mi momento de estar soltera, por primera vez haré lo correcto y disfrutaré el momento!
Yeah!

¡Veamos qué pasa cuando decido aceptar mi situación y disfrutarla, sin la expectativa del amor!

Ahora, quiero hacer cosas que no había intentado: Primero, me meteré a clases de yoga.

El próximo martes les cuento cómo me fue, ¿va?

¡Besos!,
Leva.

8 thoughts on “En la Banca

  1. Últimamente me ha estado pasando lo mismo! Digo totalmente identificada, pero ahí sigue uno dandole pa ver si algún día llega la persona que se moleste como uno se molesta.

    Pd: me encanta tu blog! 🙂

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    • Gracias! Sí, la cosa es mantrenerse abierta mientras llega pero sin andar buscándolo, no? Aunque dicen que lo que “buscas te busca”, a lo mejor de tanto movimiento uno de los dos tiene que calmarse, “quedarse quieto”, no crees? A ver si así dan jajaja 🙂

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