El Primer Acercamiento

El Primer Acercamiento

Capítulo 7

Creo que algo por lo que todos pasamos es la primera vez que presentamos al galán (o galana, depende del caso) a nuestras amistades. Y no me refiero a cualquier amistad, me refiero a ese grupo de amigos cercanos que sabes que estarán ahí para siempre y que, por ende, una amistad entre el susodicho y ellos sería ideal.

Bueno, hoy se dio esa ocasión: Aunque mis amigas, amigas, amigas –entiéndase: con la que compartí cuna, la que conocí en el jardín de niños, con la estuve en preparatoria y en la misma carrera, intercambio, etc. Ese grupito– bueno, ellas ya sabían de la existencia de Lucas y fueron las “segundas” personas en enterarse –porque les dije por el grupo de WhatsApp, ya que lo leyó después, pues ni modo… ¡Ah! Y la primera fue mi mamá, o-bvio– pero, pues… Aún no lo habían conocido en persona.

Y es que no sé ustedes pero la vida me ha enseñado que es mejor dejar que las cosas fluyan antes de andar presentando, luego si las cosas no funcionan la separación es más dura si todos están involucrados de alguna manera, ¿no creen?

Entonces, se llegó el día. Se planeó una carne asada en mi casa, vendrían a mis mejores amigos con sus respectivas parejas. Sería la noche de pareja.
Wow, por primera vez en… ¡Años!, tendré una noche de parejas, pensé.
Y bienvenidos sean los nervios.
Dios. Santo. De mi vida. ¿Y si se me olvidó como hacer todo esto? ¿Y si no se agradan?

Intenté olvidar mis nervios, ¿eran nervios? Sentía algo pero no estaba segura qué, había algo -así decidí llamarlo mientras lo decifraba- que no podía identificar bien, pero que no me dejaba estar tranquila.

Sacudí mis pensamientos y me concentré en los quehaceres para la noche; me dije que aunque me encantaba la idea de que mis amigas aprobaran a mi nuevo novio, sabía que su visto bueno no era necesario. Yo era la que salía con él, no ellas… Pero si me gustaba la idea de que todo saldría bien.

Lucas y yo terminamos con los preparativos, se llegó la hora y poco a poco la gente empezó a llegar.
Ya en la noche, mientras mis amigas estaban sentadas comiendo papitas y dejaban a los hombres hacerse cargo del carbón y la carne, vi aLucas platicar de fútbol, videojuegos, programas, trabajos, tráfico y demás con los chavos.
Creo que hizo click. ¿Ya hizo click? Creo que sí…, pensé insegura cuando de repente todos soltaron una carcajada y empezaron a pasarse una segunda ronda de cervezas.
Sonreí.
¡Ya! ¡Ok! La libró,  pensé tranquilizándome.
Sabía que los hombres no serían un problema, ¿pero las chavas?
Tssss…

¡Y no lo digo en mal plan! Es solo que creo que cuando sabes que una de tus amiga más cercenas la ha pasado mal en su vida amorosa –como yo– el estado “amiga sobreprotectora” sale a relucir.
Está bien, sé que es porque me quieren y yo a ellas también.

Lucas se sentó en una silla vacía que estaba en la mesa en donde estábamos todas las mujeres platicando.
–Lucas, ¿y a qué te dedicas? –le preguntó Ale..
Él contestó.
Mi novio hace eso, mi novio es inteligente, pensé feliz.
–¿Y dónde trabajas exactamente? –le preguntó Idalia.
Él contestó de nuevo.
Mi novio trabaja en una empresa súper wow. No sé a qué se dedica la empresa así bien, pero sé que es importante, pensé de nuevo presumiéndome a mí misma los logros de mi nuevo novio.
Duda: ¿Alguien más hace eso?
–¿Tienes hermanos? –siguieron las preguntas.
–Lucas es el hermano mayor, tiene un hermano chiquito, el pilón, el “accidente” como bromean ellos y lo lleva al cine y así, ¿verdad que sí? –les dije y luego le pregunté a Lucas para que apoyara lo que decía.
Lucas y todas mis amigas sonrieron.
OK, Mimi. Suficiente de presumir a tu nuevo novio. Todas tiene novio. Está bien, estás emocionada, pero suficiente.
Me aclaré la garganta y dejé a Lucas contar sobre sus hermanos y su familia en general, inclusive un poco de su niñez.
Ok, ya abarcaron el pasado…
Sabía lo que estaba pasando. Lucas contestaba con bromas y relajado, volteaba a verme de vez en cuando con una sonrisa. Sabía lo que estaba pasando y él, tranquilamente, dejó que mis amigas indagaran en su vida.
–¿Oye y te quieres casar? –preguntó Mariel.
Wooo… Alerta roja, alerta roja.
Pero sí, ¿te quieres casar?
–¿Quieres tener hijos? –preguntó Ale al mismo tiempo.
Wo, wo, ¡wo!
–Sí.
–¿Cuántos? –dijo Idalia. 
–¿Crees querer casarte pronto? –preguntó Claudia.
Alto. Total.
Sentí cómo puse los ojos como platos. 
–¡Hey! –dije un poco más fuerte de lo necesario –Creo que los chavos necesitan ayuda con la carne… –le dije a Lucas.
–¡Claro! Contestó Lucas relajado, –Pero antes… Señoritas, ¿cómo me fue? ¿Pasé el filtro? ¿Soy digno? –preguntó juguetón.

Risas nerviosas no se hicieron esperar, incluyendo la mía.
Lucas sonrío y se fue de nuevo con los chavos.
–¡Mimi! Apenas empezábamos con lo bueno…–me dijo una amiga en son de broma.
–Sí, por eso mismo. ¡Suficiente! Está bien que quieren saber intenciones y futuro, pero primero tenemos que descubrirlo nosotros y luego ya –le dije intentando explicarme.
Aparte me lo asustan, o sea, años soltera dude! Relax y déjame intensear a mí.
Nos quedamos calladas por un momento, todas veíamos a nuestros respectivos platicar, haciendo algo para la carne asada.
–Por primera vez todas tenemos pareja al mismo tiempo –dijo una de mis amigas.
Weird.
–Qué padre.
–Ya sé, ¡por fin!
Nos quedamos en silencio… Ok, ¡no! Se oía el ruido que hacíamos al masticar las papitas por primera vez.
Crujientes…
–¿Quién cree que sea la primera en casarse? –dije de repente.
–¡Idalia! –gritamos Ale y yo en unísono.
(Y de hecho, Idalia será la primera en casarse).
Seguimos platicando y jugando a hacer profecías hasta que llegó la hora de cenar y corrimos todas a poner la mesa.
(Porque tipo, los novios tenían que ver que sí tenemos habilidades en la cocina… Aunque solo fuera poner la mesa.
¡Por algo se empieza!)

Después de cenar, seguimos platicando, pusimos música y bailamos un rato, contamos historias graciosas, y jugamos cartas.
Yo veía a Lucas platicar y a los demás reírse de sus historias. Él se llevaba bien con mis amigos, realmente no tenía nada de qué preocuparme, pero de nuevo me invadió esa sensación. Ese algo que no más no me dejaba disfrutar el momento por completo.
¿Por qué me puse tan nerviosa en la tarde?, pensé intentando explicarme mis momentos dramáticos.
De repente, ya era muy de madrugada y poco a poco todos empezaron a despedirse. Era momento de que terminara la noche.

–Ok, bueno. ¡Bye! –me dijo Ale,  mientras me abrazaba para despedirse.
–¡Oye! –le dije mientras veíamos que los chavos seguían repartiéndose la carne que había sobrado –¿y? –le pregunté mientras señalaba con la mirada a Lucas –¿qué opinas?
–Pues… –me empezó a decir insegura…
¡Lo sabía! No le cayó bien.
–Es buena onda, me cae bien, es divertido…
–¿Segura? –le pregunté invitándole entre líneas a ser honesta.
–¿Eres feliz? –me preguntó.
–…Sí –le dije lo más honestamente posible. Y ella solo me veía.
Entonces lo entendí: Fue esa milésima de segundo en que tarde en contestarle. Ella lo sabía. Lo que sea que estaba pasando en mi interior, que ni yo entendía, ella sabía que algo me estaba pasando.
–Déjalo fluir, Mimi. Conócelo, conócete con él… Habla… Comunícate como tanto querías… Yyyy… ¡Deja que las cosas simplemente pasen!, ¿ok?
–Ok –le dije asintiendo con la cabeza rápidamente y en movimientos cortos. 

Mientras salíamos todos de la casa e intercambiábamos unas cuantas bromas antes de que Alejandra y su novio subieran al carro, pensé en lo mucho que quería algo como lo de hoy: una noche de amigos, todos con sus respectivas parejas, riendo, conviviendo.
¿Qué me estaba pasando? ¿Qué era lo que sentía? ¿Inseguridad? ¿Indiferencia? ¿Arrepentimiento? Por primera vez realmente no entendía la sensación que tenía dentro.
Absorta en mis pensamientos y con la mirada pérdida, solo notaba el destello de las luces traseras de la camioneta del novio de Ale cuando de repente Lucas me tomó de la mano regresándome al momento.
Volteé para verlo de frente:
–¿Qué onda? –me preguntó serio pero tranquilo, invitándome a ser honesta, –¿qué fue?
Yo solo sonreí.

 

Continuará….

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