De Amores y Malentendidos

De Amores y Malentendidos

Capítulo 4

Han pasado semanas desde descubrí que una tal “Andrea” también anda tras los huesitos de Lucas. Lo peor es que, pensaba que era mutuo. Entonces, hice lo que cualquier mujer inteligente de casi 30 años haría: Me obligué a ver a Lucas como un amigo más.
En mi etapa de “superación” abrí una cuenta en Tinder y si mis amigas tenían al pretendiente “ideal” y quería presentármelo ¡Excelente! Agendé salidas, conocí a chavos y también, regresó a mi vida Patricio, un amigo que conocí en un evento artístico y con quien compartía algunos intereses.
Estaba ocupada disfrutando de mi soltería y olvidándome de Lucas.

Poco a poco empecé a descartar a ciertos chavos o ellos me descartaban a mí. Sobre todo los de Tinder. Seamos honestos eso de “pa’ la izquierda, pa’ la derecha” y luego “coinciden chateen” no es el mejor filtro del mundo.

Pronto dejé de hablar con los chicos de Tinder y solamente salía con Patricio, quien fue diferente. Desde el día uno él fue honesto acerca de sus intenciones; su perseverancia y honestidad hicieron que me decidiera a darme una oportunidad de conocerlo.
¿Quién sabe? Tal vez con el tiempo desarrollaría sentimientos por él, ¿no?

¡Al diablo Lucas y la tal “Andrea”! –ash– Era una mujer soltera y le sacaría el mejor provecho al momento: conocería chavos, me dejaría conquistar y a ver qué pasaba.

Pasaron los días en que no veía a Lucas –de hecho, muchos, o sea, de que… más de los que planeaba alejarme– y, me empecé a acostumbrar a Patricio y su estilo, pues era romántico y detallista: Me hablaba cuando decía que lo haría, nos comunicábamos y no había drama. Recibí flores en el trabajo, cartas, post its con mensajito en el parabrisas de mi carro. Patricio se estaba esforzando y, aunque aún no me sentía muy segura de él y mis sentimientos por él, empecé a disfrutar su presencia y a extrañarlo los días que no lo veía.

Obviamente, cuando por fin sentía que estaba superando a Lucas, llegó el día de su cumpleaños. Me invitó a su festejo y recordando que solamente era un amigo decidí que iría… acompañada de Patricio.
Porque eso es lo que una amiga normal hace. O sea, el llevar a Patricio no significaba que esperaba que Lucas 1) viera que ya lo había superado, 2) que yo también podía conseguir a alguien más y/o 3) que las súper salidas que tuvimos significaron algo. ¡Jamás! Era una mujer madura y decidí ir a festejar a un amigo que solía –aja, así es: tiempo pasado– considerar atractivo y ya, llevaría un date porque la gente normal lo supera y sigue con su vida. Eso es todo. En serio.

¡Alguien créame!

(Y ok, sí, lo admito: No iba a ser la looser que iba sola mientras él estaba ahí con la otra tipa, ¿verdad?)

¡Lo que sea! Siguiendo con la historia:
Ya el mero día y preocupada de sí realmente quería o no que Lucas pensara que ya tenía novio (lo cual no era cierto) o que salía con alguien (lo que si era –en parte- cierto). En el último momento le pedí ayuda a mi Mariel para que nos acompañara a la reunión.
(Por si me arrepentía de todo y necesitaba –histéricamente– dejar a Patricio en el famoso friendzone. ¡Qué bitch de mí! ¡Pero es la verdad! Tenía que ir preparada.)

Ya en la fiesta, mientras medio escuchaba lo que decían Mariel y Patricio, y sin aportar mucho al tema vi a Lucas ser un buen anfitrión: parándose un par de minutos en cada grupo de amigos, sonriendo, tomándose fotos con la gente, y luego vi a Andrea en el otro extremo del cuarto, platicando muy animada con uno de los compañeros de piso de Lucas.

Ese no es un comportamiento normal. Ni se voltean a ver. ¿Estarán enojados? ¿Qué clase de pareja se ignora completamente?

Dentro de mí había un dilema interno: Una parte me decía que tenía que recordar que estaba ahí con Patricio y había decidido darme una oportunidad con él. La otra quería estar con Lucas, platicar con él y saber –de una vez por todas– lo que sucedía con Andrea. Sin importar las consecuencias de mi interrogatorio.
De repente, vi que Lucas se dirigía sólo hacía la cocina y, sin escuchar la voz de la razón en mi mente, lo seguí:

–¡Hey! –le dije lo más sorprendida posible, como si no supiera que él estaba ahí. Ya saben, para el despiste.

–¿Qué onda? ¿Qué te sirvo? –me preguntó mientras me señalaba con la mano las botellas que estaban en la mesa.

–Emmm… ¡Whisky! Whisky está bien –le dije mientras dejaba despistadamente mi vaso lleno de bebida en la cubierta de la cocina, porque o sea, iba a tener una nueva–Yyy… ¿Cómo te la estás pasando, cumpleañero? –le dije un poquito más coqueta de lo normal.
¡Eit! ¡Reacciona! Es sólo un amigo, Mimi. Recuérdalo: sólo un amigo.

–Bien, ya 33 años, ya es hora de madurar, hacer las cosas bien, menos fiestas, más estabilidad y todo eso que me dice mi mamá.
¡Aww! ¡Cuero! ¡Yo te ayudo! ¡Yo puedo ser tu novia! Calmarme, menos fiestas y todo eso que te dice tu mamá.

No supe qué contestarle, así que solo sonreí.

–¿Dónde quedaron los refrescos? –dijo para sí mientras buscaba con la mirada alrededor de la cocina antes de agacharse a buscar debajo de la mesa y haciendo que sus atributos posteriores –sí saben a lo que me refiero– quedarán como que para observarlos.
¡Está nalgón! ¡Nuestros hijos serán nalgones!
Creo que Lucas sintió mi mirada porque volteó a verme, justo a tiempo y por reconocer su movimiento. Volteé mi mirada hacia la sala. Tuve que morder mi labio inferior porque al sentir que me cachó en la “estudiada” de sus atributos me dio risa.
Lucas siguió buscando los refrescos perdidos. Yo respiré profundo y aclaré mi garganta.
¡Ok! ¡No! ¿Qué estás haciendo Mimi? ¡Vamos! ¡Concéntrate! Es solo un amigo. Solo un amigo. Un amigo, un amigo, ¡un amigo!

–¡Lucas! ¡LUCAS! ¡Luuuu! ¡Caaaaaas! Ja, ja, ja –se empezó a oír una voz chiflada, chillante y borracha gritar desde la sala.

Me asomé y era, nada más y nada menos que Andrea, quien gritaba a todo pulmón por Lucas.

¡Vieja naca! O sea, ni es tan tarde como para ya estar borracha. ¡Ash!
–Aquí está –me dijo Lucas recuperando mi atención.

–Gracias – le dije sin ya saber qué tema de conversación sacar.

–¿Y tú? ¿Desde cuando tienes novio? –me dijo sin verme a los ojos, mientras preparaba mi bebida.

–¡Luu! ¡Caaaas! –supongo que Andrea borracha no sabe captar una indirecta.
O sea, Lucas te está ignorando.
Los dos volteamos hacia la puerta de la cocina, claramente escuchando los llamados alcoholizados de la tipa.

Lucas volteó a verme, aunque sentí un poco de ilusión por su pregunta, la voz de Andrea no me dejó disfrutar ese cachito de esperanza y acepté la realidad del momento.
–Creo que tu novia te busca –le dije seria y sin poder esconder mi tristeza.
Me quedé parada, esperando a que Lucas saliera de la cocina hacia el llamado de Andrea, pero él solamente se quedó parado frente a mí, viéndome a los ojos y sin decir nada. Como sabía que soy un libro abierto y que mis emociones siempre se demuestran por mi mirada, que opté por mirar mi vaso y esperé a que Lucas saliera primero de la cocina pero él se quedó parado frente a mí.
Ok, ¿qué más? Levanta la mirada. Levanta la mirada Mimi. Una persona puede ver su vaso solo cierto tiempo. ¡Levanta la mirada, Mimi! ¿Qué estás haciendo? ¿Contando los hielos? Levanta la mirada. ¡Ya!
Tímidamente lo hice.  Lucas tomó un trago de su bebida y se acercó un poquito más a mí. Al no esperar ese movimiento reaccioné haciéndome hacia atrás hasta chocar con la cubierta de la cocina
–OK. Escucho que llaman mi nombre, sí. Escucho que es Andrea, también. Pero no escucho a mi novia. No la que yo quiero que sea mi novia. Y que yo sepa no tengo, y no he tenido desde hace mucho –me dijo tranquilamente –Pero creo que si tienes que regresar con tu morro.
Volvió a tomar un trago de su vaso, mientras me miraba a los ojos. Alzó sus cejas, sonrió y salió de la cocina.
Ok. ¿Qué? ¿Acaba? ¿De pasar? Andrea no era su novia, ¿cierto? Acababa de decírmelo, ¿verdad? ¿Todos entendimos lo mismo?
¿Era Lucas el tipo de hombre que miente a la cara? ¿Qué niega su relación y su novia? ¿O será el tipo de chavo que habla de frente y con la verdad?

–¡Lucas! ¡LUCAS! ¡Luuu! ¡Caaaas! –oía que gritaba insistentemente la borracha de Andrea.

Me quedé parada en la cocina: ¿Y ahora qué? Lucas estaba solo, pero ahora él pensaba que yo, Mimi, la eterna soltera tenía –por fin– novio. Patricio estaba con Mariel, pero él realmente venía conmigo. Estábamos saliendo, me habló de sus intenciones y acepté salir con él.
Vi mi celular y vi que tenía mensajes de Pedro y Rodrigo, a quienes conocí por Tinder –y que al parecer no captaban una indirecta de que “no” – y también de Pepe, que me presentó mi amiga Lorena y estaba segura “éramos el uno para el otro”.
Y yo, honestamente, solo quería alcanzar a Lucas y hablar. Solo quería estar con Lucas.

¿Qué había pasado? ¿Por qué no me explico lo de Andrea? ¿Por qué Andrea le dijo “baby” y le ponía “mi amor” en las redes sociales? ¿Por qué cuando notó que me alejé no dijo nada?
Espera. No dijo nada. Tal vez realmente no le importaba, ¿tal vez era lo que quería?

–Eit – la voz de Patricio me sacó de mis pensamientos –¿Todo bien?
–¡Sí! ¡Claro!… Solamente me estaba reportando –le dije mientras le enseñaba el celular antes de guardarlo en el bolsillo del pantalón.
Me tomó de la mano y me guío de nuevo a la fiesta.
Ya con los demás, Patricio entró en confianza y entre bromas, risas y pláticas, comenzó a abrazarme y a tomarme más de la mano.
Nada malo, pues después de todo íbamos juntos, ¿no?
Mi mirada viajaba entre mis amigos y Lucas.
Fuuuuck! ¿Qué hice?

Empecé a sentir una mezcla de culpa e indecisión. ¿Realmente era tan impulsiva? ¿Tan inmadura? De dejar algo sin dar explicaciones, sin hablar. ¿Realmente quería ser la clase de mujer que usaba “un clavo para sacar a otro”?
No. No quiero. No soy ese tipo de chavaCreo.

Aquí estaba Patricio al lado mío, dándome mi lugar, tratándome con el respeto y cariño que me merecía. Sabía bien que él quería que yo fuera su novia. Patricio hacía todo lo que una chava busca. Pero, por otro lado, estaba Lucas, con quien había ya tenido un fuerte maletendido, pero quien no podía dejar de gustarme.
¿Quería salir con Patricio o con Lucas? ¿Por qué será que cuando estás soltera –y por soltera entiéndase de que ni los perros te ladran cuando pasas– y de repente te despiertas y todos se te juntan?
Ash. Total.

Ya listos para irnos, Mariel me ayudó adelantándose con Patricio al carro:
–Ok, bueno. Sigue divirtiéndote –le dije a Lucas mientras le daba un abrazo de despedida.
–Sí, claro, claro. Hasta que salga el sol –me dijo mientras señalaba la mesa llena de botellas aún por abrir.
–Todo con moderación –le dije con una sonrisa, medio en broma, medio en serio.
–Todo tranquilo. No pasa nada… ¿Tú novio? –me dijo de repente.
–Patricio. Mi amigo –le dije con una sonrisa –se adelantó con Mariel.
–¿Amigo? ¿Segura?
O bueno, eso creo.
–Se-segura. Sí.. ¡Sí! Segura. –le dije, obviamente cero segura. No hasta hablar con Patricio.
–¿Andrea? ¿”baby” y eso? –le pregunté lo más directamente que pude.
–Amiga. Desde la prepa. Sí, salimos pero hace mucho tiempo. Solo amigos –dijo antes de darle un trago a su bebida.
–¿Seguro?
¿100% seguro? Maldito bitch!
–Sí. Como quiera, ¿platicamos mañana? –me dijo mientras me tomaba de la mano.
–Ok –le dije con una sonrisa tímida.
–¡Lucas! ¡Vente! Beer pong! –gritó uno de sus compañeros de piso.

De camino al carro y decidida a arreglar la situación, sin saber cómo, empecé a pensar en lo sucedido: ¿Por qué Lucas no me dijo nada? ¿Por qué yo no le dije nada? ¿Realmente es tan difícil hablar con alguien del sexo opuesto? ¿O era porque me gustaba? Y, sobre todo: ¿Es esta situación normal? Este tipo de malos entendidos y confusiones, ¿o será que es una señal divina de que este no es el camino –entiéndase chavo– que debo elegir?

¿Les ha pasado esto? ¿Es normal? A veces siento que es un ataque de inmadurez de mi parte y/o del chavo en cuestión. O sea, ¿en serio es tan complicado esto del ligue¿ y ¿es normal saltar a conclusiones sin tener toda la información?

Creo que decidí alejarme y no intentar más por miedo al rechazo, por lo que él me diría, por realmente saber el papel de Andrea en su vida, o un mezcla de todo. Creo que a mis casi 30 años decidí que era mejor darme por vencida, que intentar entender la situación y tomar el “golpe” de frente.

Ahora, arrepentida de mis acciones sabía que tenía  que tomar una decisión y lidiar con las consecuencias… Con Lucas y con Patricio.

Continuará…

12 thoughts on “De Amores y Malentendidos

    • Wow, no sabía lo que significaba el nombre.
      Creo que la decisión de Mimi es la más fácil si se deja guiar por el corazón, pero tan pronto deja intervenir a la mente, es un desastre! No te ha pasado? Que sabes bien lo que quieres y de repente, por alguna razón, empiezas a dudar?

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