El primer amor

El primer amor

No hay nada como el primer amor: Ese tiempo de tu vida en que todo es ahora o nunca, de “para siempre”, declaraciones de amor eterno, profundo y sincero bajo la luna, de peleas dramáticas y de poses estilo portadas de películas basadas en novelas de Nicholas Sparks. Ahhh… La intensidad del primer amor, ¿cómo olvidarlo?

Bueno, como he contado ya muchas historias personales, ahora contaré acerca de mi primer gran amor (y no, no me refiero al chavo de la prepa a quien le fui fiel durante los tres años y que jamás me hizo caso. Tú sabes quién eres…Maldito bitch!), me refiero a ese primer novio: Él que me hizo pensar que era “the one”, que ya no había que buscar más, que él sería el padre de mis hijos no nacidos, con quien crecería y viviría miles de aventuras…
Mmm… ¿Qué habrá sido de él?

Bueno, todo comenzó cuando tuve mi primer trabajo: Conocí a un chavo chaparrito, serio, con una mirada deprimida y que se salía del molde del resto de los chavos que conocía.

Adrián fue el típico chavo que mantenía cercanía pero “no estaba interesado”, solo era un amigo.
¡Aja!
Que me invita a salir “como amigos”, pero -de nueva cuenta- “no estaba interesado” porque había una mujer en su corazón -sin ser su novia- y como foto de perfil del messenger.
Vieja zorra… Aún años después: Ash. Intenso.

Aunque, obviamente, esa relación no funcionó -iré con lo típico: “seguimos diferentes caminos”, “crecimos”, “bla bla bla”, Adrián hizo algo hermoso
Exagerando tantito
Que no todos los chavos hacen para sus novias: Él me dio una relación amorosa dramática, de esas que le sacas jugo con tus amigas y familia, con lágrimas en pose de telenovela, frases como “ahora sí lo perdí”, “adiós para siempre” y demás que toda…¿adolescente? experimenta
Y las que digan que no es cierto mienten.
(Sobre todo tú Mony, sabes a lo que me refiero).

Hace poco, en reunión con mis amigas de la prepa, comenzamos a platicar acerca de nuestros primeros novios y dimos con los elementos obligatorios del primer noviazgo/primer amor. Aquí les dejo lo que descubrimos, aplicado a mi experiencia:

1. Círculo vicioso:  Tiene que haber un comienzo tormentoso: Él sabía que me gustaba, yo no le gustaba a él (él juraba…), salíamos “como amigos”, me marcaba, me buscaba, bla bla bla… Discutíamos porque salíamos, hablábamos, pero no eramos novios. Nos peleábamos. Él se quedaba callado, yo lo mandaba a “freír espárragos”, decidía dramáticamente que nunca más. Literal, cortaba con él (porque, osea, no importaba en lo más mínimo que no fuera mi novio) Le dejaba de hablar por unos días. Me buscaba de nuevo, me pedía perdón, nos contentábamos, decidíamos ser “amigos” y volvíamos a empezar.
Ahora que lo recuerdo: Flojera. TOTAL.
Dude! ¿cómo nos aguantábamos?

2. “Pobres almas en desgracias”, el gancho infalible: Bueno, en mi círculo social la mayoría de los chavos eran divertidos, fiesteros, relajados e inmaduros (no es grosería, seamos honestos: era la edad). Adrián no. Adrián era el típico chavo serio, tímido y que se salía del molde: En las fiestas y en las fotos era el que salía en la esquina y sin sonreír, que se arrinconaba solo con sus pensamientos, que me veía de lejos y misteriosamente se ofrecía seguro de sí mismo llevarme a casa.
¿Buscando un momento a solas? ¡Ah! Pero no quería “nada”, ¡aja!

Pues obviamente, yo, a mis 21 años, lo que ahora veo y sé que era un chavo con depresión y con demasiadas responsabilidades sobre sus hombros (al menos para un chavito de su edad, en aquel entonces), lo veía como chavo “misterioso”.
Ahora entiendo porque en las películas las chavas se van por el “calladito” ¡Es el gancho!

Adrián con su actitud, mezclado con el factor de “soy una mujer fuerte, segura de mi misma y siento amor por él”, dieron resultado que obviamente yo deseara tener la “tarea” de “ayudarlo” con sus demonios y, sobre todo, de cambiarlo.
Epic fail desde el día 1.
En lugar de ponerme a bailar como la bruja Úrsula, cuando vi a esta “pobre alma en desgracia” no pude hacer otra cosa más que adjudicarlo como mi problema e intentar solucionar situaciones que no me correspondían.
Lógica de una chica -ok, ¡mía!- a los 20 años. 

3. Drama, drama, drama: Y digo, porque los dos puntos anteriores no son los suficientemente dramáticos, hay que inyectarle una dosis intensa de drama a la relación. He aquí un ejemplo:
Ya cuando todo estaba mal, mi familia decidió hacer una intervención en la que -lo más sanamente posible- me aconsejaron terminar la relación. Adrián y yo estábamos mal, pero debo admitir, aún pensaba que podíamos solucionar las cosas.
¿Qué problemas teníamos? Bueno, esa es información que solo sabemos él y yo… Y mi familia… Y mis mejores amigas.
Woops!
Entonces, como buena chava en su primera relación -yeap! tuve mi primer novio hasta mis veintitantos- le dije lo que había pasado y esto fue lo que pasó:
Estábamos en el parque (porque al parecer no hay otro lugar mejor para discutir que un lugar público, cerca de tu casa en el que, probablemente, te toparás a gente conocida), en mi carro, yo en el asiento del copiloto y de repente, muy enojado, él se baja del auto y empieza a caminar lejos de mí….
¡Espera! ¿Qué? ¿Cómo?
¿Qué no se supone que es la chava la que se baja muy indignada y el chavo es el que la persigue? Nope. No en esta relación.

No lo perseguí. De hecho llegué a mi casa llorando, corriendo hacia mi cuarto dejando gritos de dolor y lágrimas a mi paso, haciendo que mis papás y hermanos vieran mi condición, y provocando que mi mamá me siguiera para intentar hacer un control de daños.
De nuevo: Ahhh… El drama del primer amor.

(Pausa para recordar el momento).
Oso. TOTAL.

Y eso era solamente en las “peleas”, ya se imaginarán como me puse el día en que cortamos.

Y 4. Nada dice “amor” como poner las uñas de un perro sobre ver a tu novia: Pasaron tres meses en los que los dos
1) Intentamos luchar por la relación
2) Estábamos en negación total y absoluta de la realidad de “nuestro amor”.
Entonces, nos dejamos de ver, principalmente porque “él no tenía trabajo y pagar el transporte de su casa a la mía no era posible”. Sí, esa era la razón que dimos para nuestra decisión de mantener una relación “vía telefónica”.
Porque aunque estuviéramos en la misma ciudad, la relación a larga distancia todavía “aplicaba”.
Entonces, nos vimos para su cumpleaños y fuimos al cine
Porque no hay mejor cosa que hacer con tu novio que no has visto en semanas más que ir a un lugar en el que no puedes platicar, y realmente ponerte a ver la película.
Dejó su celular en mi coche, me marcó y él iría recogerlo: “Voy para allá” fue su último mensaje.
Adrián nunca llegó.
Literal, me dejó vestida y alborotada.
Al día siguiente, Adrián llamó tranqui, relax, como si nada hubiera pasado y, sobre todo, sin notar mi enojo nivel Hulk. Cuando le pregunté por qué no fue a mi casa: “Es que mi perrito se arrancó unas uñas con la reja, le salió sangre y me quedé a cuidarlo”.
What?!?!?!?!?! 
-¿Te quedaste a cuidar todo el día a tu perro porque se arrancó unas uñas?
-Sí…
Lo corto.
-Ven para acá -le dije antes de colgar.
Lección aprendida: Uñas del perro son más importantes que una novia.
Honestamente creo que esa es la parte de la relación que nunca se me olvida.

Mientras esperaba su llegada había un pensamiento constante en mi mente: “Algunas veces hacemos cosas porque no queremos dar el paso, terminar la relación. Las provocamos para que ustedes lo hagan”, eso fue algo que él me llegó a comentar, pero que estaba segura, olvidó que lo había hecho.
Adrián me estaba provocando.
Shock. TOTAL.

Ahora, en mi defensa: Jamás había terminado una relación, no sabía que uno le daba vueltas al asunto hasta por fin decirlo. Al menos eso me explicaron mis amigas después de. Entonces:
Adrián llegó serio, como quien ya sabe lo que está por suceder.
-¿Qué onda? -me dijo.
-¿Qué onda? -le contesté mientras salía de la casa y cerraba la puerta. No lo invité a pasar -Quiero cortar.
Duro y directo. ¡Auch!

Lo que pasó después es -de nuevo- entre Adrián y yo… Y mi familia… Y mis mejores amigas.

La verdad es que cuando le dije que quería cortar sentí como un peso abandonaba mi cuerpo. Ya no lo quería. Y sabía que él a mí tampoco. Que desde hace tiempo no éramos más que costumbre. Aún así, fue una decisión díficil que no quería tomar. Aunque ya no lo amaba, Adrián era parte importante de mi vida y de mi día a día. Lo iba a extrañar.
No estaba lista para decirle adiós, pero ¿estaba lista para que los dos siguiéramos perdiendo el tiempo?

Recuerdo que nos quedamos callados y que yo pensaba en toda la vida que me imaginé junto a él: la boda, la casa, los hijos. Sí. Por un tiempo de mi vida Adrián fue “ese chavo”, el que me hacía sentir tan segura de que había encontrado al famoso “the one”, que hasta me atrevía a “firmar con sangre” mi declaración de amor de “para siempre”.

¿En qué momento las cosas cambiaron? Hubo un momento en mi vida que yo no sentía otra cosa más que seguridad: Era él, al que tanto había esperado, lo podía firmar con sangre, apostar cosas que no tenía porque estaba segura de él, de lo que sentía y de nosotros.

Debo admitir, que siguiendo los ejemplos de las novelas de Nicholas Sparks, por un tiempo pensé que nos encontraríamos años después, regresaríamos y seríamos “felices para siempre”.

Me tomó unos meses -¡OK! ¡Como un año! ¡Ya! Siendo honesta- en darme cuenta de que los caminos que tomamos fueron diferentes y que, de hecho, no hacían otra cosa que alejarnos.

Y después conocí a otros chavos y bla bla bla, “la vida sigue” y todo eso.

Bueno, esa es la “historia” muy resumida de mi primer amor. Que así como comenzó (rápido, intenso y lleno de drama), así terminó.

Pero bueno, supongo que todos tenemos una historia peculiar y graciosa de nuestro primer amor o novio.  ¿Cómo fue el tuyo? ¿También estaba lleno de drama como el mío? ¡Dígame alguien, por favor, que también le da pena ajena contar la historia….!

9 thoughts on “El primer amor

  1. jajajajaj Mimi me he sentido muy identificada contigo. Yo también tuve un primer amor lleno de drama… Lo de las discursiones cerca de casa y en lugares públicos también forma parte de mi historia. Dios mío, ¡Cuánto aprende una!
    Por cierto, ¿Qué significa la expresión “Oso”?

    Liked by 3 people

    • Sí! La verdad aprendes mucho de la primera relación. Ahora ya sé que la dramática debo ser yo y no él. Si alguien va a aportar drama seré yo, jajajaja.
      El “oso” o “que oso” es una expresión que usamos para decir: Qué pena o qué vergüenza. 😃

      Liked by 2 people

    • No es por la edad, les recomiendo que lean “Las mujeres que Aman Demasiado” de la Dra. Robin Norwood, ahí nos retrata de tiempo completo, tenemos las mismas características, nos enamoramos de el mismo tipo de hombres (cada uno el suyo), estas cosas nos pasan a las mujeres de cualquier edad, ojalá que a ustedes sólo les haya pasado una vez. Saludos “colegas”

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  2. Jajaja me divertí mucho leyendo esta entrada, sobre todo porque me recordo a mi historia, el drama, los sitios públicos, el pensar que era el hombre de tu vida y sobre todo que ellos hagan el drama jajaja . Por suerte he aprendido mucho y creo que tu también 😛
    Genial entrada, un beso 😦

    Liked by 2 people

  3. Me encanta leerte, dices cosas profundas en un tono de humor muy agradable. Yo me identifico con lo que te pasó en tu primer amor, también me pasó esa primera vez que me enamoré, y luego lo repetí muchas veces con otros hombres y qué crees?, después de varias décadas y varias veces he vuelto con él, a pesar de las canalladas que me hizo, sé que me ama, ya lo perdoné y ahora ya no hay drama, ya maduramos (¡ya era hora!).

    Aunque al leerme me sentí un poco ridícula, pero dicen que “hechos son amores y no buenas razones”, de alguna manera estoy segura de que me ama y las 3 últimas veces (qué oso, jajaja) yo he terminado con él sin ningún tipo de drama, simplemente las circunstancias no nos permitían estar juntos. Ahora veremos qué pasa, pero ya todo muy tranquilo, calmado y seguro, aunque sabemos que el amor es eterno… mientras dura. Se va a acabar en algún momento, pero creo que me va a dejar un sabor dulce, como las 3 últimas veces.

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