El patán de la lista

El patán de la lista

Está historia comienza por una plática que tuve con mi prima Alejandra hace tiempo: “Es que creo que me gustan los chicos malos”, me dijo mientras me enseñaba la foto de perfil de Facebook de uno de sus amiguitos.
-Mira, todos tenemos un patán en la lista: Un verdadero “chico malo”, barbaján, cabrón. Ve el lado positivo: a tus 20 años ya lo puedes dar como “vivido, aprendido y olvidado”.

Este es mi patán:

Barbaján es un chavo que conocí porque trabajábamos en la misma empresa, diferente piso. Un día, mientras esperaba en la fila del comedor mi turno, nuestras miradas se cruzaron mientras platicábamos con otras personas y ahí empezó la coquetería: de cruzar miradas pasamos al saludo incómodo y penoso cuando nos topábamos en los pasillos, después en el elevador intercambiamos nombres, y fueron pocos días los necesarios para que nos pasáramos cuentas de Facebook, números celulares y messenger.
Sí, está historia es de hace años.

Yo hacía mi lucha por conocerlo mejor, le conté a mis amigas sobre Barbaján y ellas me aconsejaban de lo que podía hacer para verlo fuera del trabajo. Empezamos a crear una amistad y lo consideré un “chico bueno”, al menos eso parecía ser.
Un día, Barbaján se “confesó” diciéndome que a pesar de tener poco de conocerme sentía la confianza suficiente para contarme de “la chava”.
Damn it!, fue lo que pensé en su momento.
Ahora agradezco que desde el día 1 Barbaján no podía corresponderme.
De la que me libré…

Pasó el tiempo y yo seguía tratándolo como amigo, aconsejándolo e intentando olvidar que me gustaba.
(Lo cual es MUY difícil si ves a la persona constantemente, si me preguntan).
Sin embargo, Barbaján necesitaba con qué entretenerse para olvidar a la chava que jamás le hizo caso (muy inteligente la tipa, en mi opinión personal) y ¿qué mejor que una nueva amiga para eso?
Sacó a luz sus intenciones y empezó a bromear con frases como: “Tú y yo nos podemos divertir”, “La comida solo quita el hambre, hagamos algo más”, y cosas por el estilo.
Nunca le contesté a esas bromas, siempre los dejaban en “visto” o, en su defecto, cambiaba la conversación, pero Barbaján no desistía, así que decidí hacer lo más valiente y tonto que podía haber hecho: Le dije la verdad acerca de mis sentimientos.
Error garrafal #1.

Como un verdadero patán, cabrón, chico malo y demás sinónimos, Barbaján se aprovechó de eso y pensando que accedería me hizo la siguiente propuesta:
“Tú podrías ser mi catedral, no tendrías que preocuparte de ser una capillita”.
Wow… El romanticismo, la elocuencia… ¡Qué chica tan afortunada!
Not

Para los que no sepan: Barbaján me ofrecía ser su amiga con derecho principal, la número uno… Por encima de las demás “amiguitas”.
De nuevo, wow… ¡Qué suerte la mía!
(Sarcasmo. TOTAL. Obvio)

Barbaján inclusive intentó un estilo de “intervención” con uno de sus amigos: En una salida nos quedamos los tres solos y comenzaron a explicarle los beneficios de tener algo sin compromiso: “Es diversión pura”, “Nada de estrés”, “Conoces a un chavo que te gusta y puedes salir con él”, “Toda chava debe de saber lo que implica tener algo libre”.
¡Ja! ¡Mensos!

A pesar de la falta de respuesta -o reacción ahora que lo recuerdo- de mi parte, Barbaján no desistía. Sus insinuaciones en estilo “es broma” no paraban, y aunque yo sabia que lo que consideré en un principio como un buen chavo era realmente un patán, mis sentimientos seguían ahí y me dolía su trato.

Barbaján al ver que no cedía, llevó a cabo la mejor idea que su cerebro le pudo otorgar y comenzó a invitar a salir “por un trago” a mis mejores amigas.
Sí, las que obviamente en el momento me comenzaban a contar todo con lujo de detalles, a las que veía y sigo viendo todos los fines de semana, a ellas..

Siguiendo la alerta de peligro y el consejo de mis amigas, comencé a evitar al barbaján -así lo apodamos mis amigas y yo porque una de sus frases célebres era: “No soy un patán, no soy un barbaján”-, pero él podía ser muy insistente: “Mimi, sí te quiero”, me decía cuando le contestaba que me dejara en paz y que ya no hiciera esas bromas pesadas conmigo.
Sabía como ganarme.
Error garrafal #2. Debí alejarme por completo en ese momento.

Cuando me enojaba o empezaba a alejarme, Barbaján empezaba a hacer bromas inocentes, a preguntarme sobre mi día, a marcarme más, a ponerme más atención. Era de cierta forma más cariñoso y tranquilo, dejaba de lado las bromas pesadas y lograba que de nuevo comenzara a bajar la guardia.
Hacía su tarea, lo necesario, para de repente volver a comenzar con sus propuestas y ver qué resultado tendría ahora.

En lugar de usar frases como “Si quieres, puedo no tener capillitas y solamente a ti como mi catedral”, pasaba a frases como “te extraño Mimi”, “sí te quiero”, “me hace falta verte”, “ya no sé de ti, me tienes olvidado”.
Sabía lo que hacía, pero también sabía que aunque eran mentiras tenían efecto en mí, por lo que decidí ignorarlo.

Después un par de semanas y veía en Facebook muchas fotos con “Cristina”… ¿Nueva “amiguita” quizás?
Pasaron unos cuantos meses y Barbaján seguía rondándome, pero ya no igual que antes. Mis amigas y yo planeamos un viaje y Barbaján me contó que él iría al mismo lugar, pero no coincidiríamos en fechas.
O al menos eso creía.

Un día llegó Barbaján a mi lugar a contarme que iría a la misma playa y que coincidiríamos en un par de días.
“Tenemos que vernos”, fue lo que me dijo.
No lo creo, pensé yo.

Llegó el viaje y mis amigas y yo ignorábamos nuestros celulares, ellas por preocupación de inbox de Barbaján, yo para evitar al 100% cualquier contacto con él.

Hasta que una noche lo vimos. La verdad fue idea mía… ¡El chavo a pesar de todo aún me gustaba!…Bueno, siguiendo con la historia: Barbaján trabajó para que nos quedáramos solos, pidiéndome que lo acompañara, diciéndole a mis amigas -directamente- que fueran a otro lado…
Y me robó un beso.
Error garrafal #3

Admito: Quería ese beso, sí.
Pero no así. No con lo siguiente:

“Hay que divertirnos, no importa que tenga candado”.
What?!?!?!
Error garrafal #3 mutó a nivel +1,000

Barbaján tenía novia… Desde hace unos cuantos meses, una novia que escondia en su Facebook, que no le daba su lugar, de la que no platicaba. Pero tenía novia.

-Los hombre siempre son infieles. No importa qué tan enamorados estén porque es el instinto del hombre. Tiene a su pareja, sí. Provee por ella, sí. Pero tiene que seguir siendo hombre.
Wow, Cristina…Chica afortunada. Envidia. Total.
Not.

Debo admitir que en ese momento me sentí mal conmigo misma, ya no me sentía como la “chava buena” o “chava bien” que tanto presumía ser. Había ayudado a un hombre a ser infiel… ¡Un beso sí cuenta!
Las monjitas del colegio en el que estudié estarían decepcionadas de mí… Yo estaba decepcionada de mí.

Sentí el balde de agua fría al darme cuenta de que para él yo no valía nada, era simplemente la oportunidad de portarse mal, de hacer algo “divertido” durante sus vacaciones familiares y ya. Después de todo el tenía novia, ¿no? Ella era “la importante”, ella terminó -de una forma- siendo la catedral y yo solo fui una capillita temporal.

Un año después de no ver a Barbaján, de no tenerlo en mis redes sociales, de cambiar de trabajo y que mis amigas también lo borrarán, me dí cuenta de que se casó con Cristina. Sentí algo: no supe si fue lástima, coraje de nuevo, tristeza o una mezcla de todo.
Me di cuenta de su boda y después seguí haciendo mis cosas.

.

.

.

Confesión: la historia que comencé con lujo de detalle mutó a esto, simplemente porque años después aún es algo que no me gusta recordar y me avergüenza, pues pocas veces en mi vida realmente me he arrepentido de algo y decepcionado de mi misma.

Sin embargo, quería publicarlo por si hay alguien más leyendo y está pasando por un mal momento debido a que se encuentra en la etapa del patán. Lo único que puedo decirle a esa persona es que sí sirve de algo: porque después empiezas a ver a los chavos diferentes, las antenas empiezan a funcionar y ves sin mucha necesidad de plática las intenciones con las que se te acercan. Te haces más inteligente, más fuerte, y sobre todo, más selectiva.

Segunda confesión: Debido a Barbaján y a lo sucedido, pues para los que no me conocen soy una persona que se rige mucho por los valores y principios aprendidos en casa y reforzados en un colegio católico, sufrí de depresión y desconfianza total hacia los hombres por un tiempo .

Para superarlo trabajé en mí, en mi autoestima, en volver a confiar tanto en mí misma y en mis acciones, como en otras personas. Y fue casi tres años después que pude de nuevo comenzar a confiar, a coquetear, a permitirme que alguien más me gustara. Y ahorita estoy en eso. Es divertido, lo admito, vivir esa emoción de “me gusta, ¿le gustaré?”.

Y bueno, supongo que lo mejor de todo esto es que ya no tengo nada de qué preocuparme: El patán en mi lista es historia vieja, lección aprendida y no repetida.

Fin.

9 thoughts on “El patán de la lista

    • Sí, recuerdo mucho la historia del patán de otra amiga. Ahora que comparo historias noto similitudes entre su patán y el mío, pero en el momento para mí “Barbaján” era bueno y perfecto…Hasta que no lo fue. Ni modo! Pero lo aprendido nadie me lo quita. 😀

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  1. En mi opinión no tienes porqué arrepentirte de nada si no sabías que el vato tenía novia, al contrario el vato fue un pendejo. Hay muchos así tanto hombres como mujeres, creo que lo peor que podemos hacer es generalizar. Aquí lo importante es aprender a leer las señales y cortar en seco a los pendejos que se quieran pasar de listos, porque si su intención es jugar con uno desde el inicio, difícilmente va a cambiar. Saludoss!!

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    • Sí, apoyo la idea. Creo que los hombres que son así es porque la mujer lo permite (cuando los perdonan) o los apoyan (que saben abiertamente que están en una relación, comprometidos o casados y no les importa), pero lamentablemente creo que también hay chavas que ayudan a los infieles sin querer (que no saben hasta que es demasiado tarde).
      Pero bueno, ingenuas habremos muchas, pero ya que lo hagan conscientemente… Ya eso es otra cosa.
      ¡Saludos!

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