La carta

La carta

Escribo este post en histeria TOTAL: He perdido una carta comprometedora en la cual pongo en papel, a mano, con mi letra, muletillas, expresiones, firma y obvio –porque tenía que hacerlo– el nombre del destinatario.
Y la he perdido. Damn it!

¡Ok! ¡Les cuento! Algo que tal vez algunos no saben sobre mí es que soy enamoradiza y medio romántica.
De que tipo… Mucho. Al grado de “piensa en la persona más cursi que conoces” y yo le gano.
Nivel Nicholas Sparks y “Un Amor para Recordar”.

Entonces hace tiempo, en un momento en que estaba –al parecer– vulnerable, deprimida o bajo el efecto de fuertes medicamentos, conocí a un chavo que –dentro de sus imperfecciones– era perfecto. Para mí al menos. En ese momento.

Digamos que él completaba “la lista”. Ustedes saben: los requisitos de personalidad, gustos,  pasado, presente, planes a futuro y aspecto físico que una persona dice “mi ideal tiene esto”.
Bueno, Edgar era eso para mí.
O al menos eso creía. Repito: en ese momento.

Entonces, tal vez era por falta de algo emocionante en mi vida, ¡no lo sé! Pero mientras el chavo más hablaba yo más me clavaba. Él me contaba acerca de su trabajo y yo pensaba en dónde nos casaríamos y cómo serían nuestros hijos.
Oso. TOTAL.
¿Alguien dijo “intenseando”?
Y digo “oso” porque ahora lo veo y es el típico: ¿Qué estaba pensando?
Pero en su momento era mi “hombre perfecto”.

Pero luego ¡oh! ¡Sorpresa!, en la plática todo iba muy bien, teníamos cosas en común, rápidamente nos agarramos confianza y: “Oye, estoy saliendo con una chava, dime… Mira: te digo lo que tengo planeado para sorprenderla y que ya se haga mi novia y me dices si te gusta o no”.

(Un minuto de silencio para la chica exiliada a la friendzone).

Llegando a mi casa dejé que la depresión se apoderada de mí y recordando que el escribir me ayuda a desahogarme, dramáticamente decidí escribirle una carta en donde puse todo lo que sentía y pensaba al respecto.

Por la delicadeza de “información” y dejando en claro que jamás entregaría esa carta decidí guardarla en mi bolsa de uso diario. Esa que nunca cambio.
Porque “lógica”, por eso. O sea, ahí cómo se me iba a perder, nadie jamás la podría encontrar… Obvio, ¿no?

Luego las cosas cambiaron y pasó lo que no me imaginaba: En H-E-B (¿lo cantaron en su mente? Yo sí mientras lo escribía) me topé a Edgar yyyy ya no estaba vulnerable, ni deprimida, ni bajo los efectos de fuertes medicamentos.

Me di cuenta de que a Edgar le faltaba algo: Carne en sus huesos, grasa en su abdomen, barba en su cara, color en su piel, grosor en su voz y sobre todo, “peligro” en su personalidad.
Edgar era demasiado “bueno” para mi gusto, tanto que, en esa plática de 15 minutos sentí dormir con los ojos abiertos. Edgar no era atractivo, al menos no para mí.
¿Qué estaba pensando? ¿Qué había pasado? ¿Qué fue?

Más tranquila porque realmente el “rechazo” no me importaba y segura de que todo sucedió por falta de “adrenalina” en mi vida, regresé a casa, y empecé a buscar en la bolsa la carta para tirarla y ¡Oh! ¡Oh! No había ninguna carta.

(Pausa para inyectar drama).

La carta estaba lista para ser entregada pues tiene destinatario. Sin realmente buscar entregarla, la preparé para hacerlo. Para que “se viera más bonita”
¿Por qué soy tan detallista?
Damn it!

Después de una búsqueda exhaustiva decidí darme por vencida. La carta no estaba conmigo y no sabía –ni sé– quién la tiene.
Ahora estoy a la espera de que alguien me diga sobre la carta, ya sea él, un familiar o amigo, alguien cercano tuvo que tomarla o encontrarla.
A pesar de tener un blog y escribir mis anécdotas, experiencias personales, sentimientos, de exponerme de cierta manera, debo admitir que por primera vez me siento realmente vulnerable.

¿Dónde está esa carta? ¿Quién la tiene? ¿Alguien la habrá leído? ¿Entregado? En mi mente pienso en diferentes escenarios, consecuencias de mis acciones. ¿Exagero al preocuparme? ¿Creen que llegue al destinatario? O peor aun, ¿qué él la tenga? ¿Qué creen que es lo peor que pueda pasar? ¿Qué escenarios se imaginan? ¿Debería de adelantarme a las posibilidades y decirle de frente lo sucedido?

Temo mi mala suerte y está situación. La combinación puede ser: desastrosa.

Ni modo, a esperar a ver qué sucede.

Si alguien está leyendo: ¿Qué harías en mi situación?

18 thoughts on “La carta

  1. Los duendes robacartas de amor ya deben habérsela entregado. O no. Si lo piensas, la posibilidad de que él la tenga es una en un millón. Quizás alguien la encontró tirada en la calle o en la mesita de un café y pensó “ah, mira, una carta de amor ajena, qué emocionante!” Pero, como no te conocen, no pasará de ahí. Yo trataría de no preocuparme. Y quizás de difundir el rumor de que me gusta un chico que casualmente también se llama Edgar.

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  2. No te preocupes, lo que sucede por lo general conviene. Probablemente ninguna de las posibilidades que has imaginado sea la que termine ocurriendo, así que disfruta el presente y que la carta llegue donde tenía que llegar.

    Un saludo desde Argentina.

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  3. Creo que dejaría que lo que tenga que suceder suceda…a veces, lo que a priori parece un contratiempo o algo que va en contra de nuestros deseos…es lo que tiene que ocurrir para que el desenlace sea mucho mejor. Así que nada…a disfrutar del momento, a dejar que las cosas fluyan y…ya nos contarás 😉 Un saludo 🙂

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  4. Tal vez la carta está en algún libro sirviendo de separador o alguien la encontró, le leyó y luego la desecho o la guardo, la verdad no creo que llegue a su destinatario, así que sólo te queda relajarte, de cualquier forma si él ya hubiera recibido la carta ya se hubiera contactado contigo. Saludos 🙂

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