La maldición de la primera cita

La maldición de la primera cita

Ok, escribí acerca del reencuentro que tuve con un chico con el que solía salir, después de eso tuve la mala suerte de conocer a un chavo que parecía ser bueno, pero que resultó tener novia…
#ash
Terminé la semana pensando que tal vez debería de dejar de intentar conocer a chavos. Al menos por un tiempo. Ya saben todo eso de “concentrarme en mí, en mi crecimiento personal, bla bla bla”.


Así, pasé toda una semana sin pensar en eso. Ok, ¡bueno! Intentando no pensar en eso…Hasta que un día platicando con una amiga, empezamos a hablar de las citas que he tenido desde septiembre de 2014:
–Oye amiga, ¿y segundas citas?
OMG!

(Pausa para recordar el momento y volver a poner cara de susto).

Shock. TOTAL.

La verdad es que, desde septiembre de 2014, no he tenido una segunda cita. Con ningún chavo. Ni siquiera por accidente. Nada. Cero.
¿Por qué será?
Intenté analizar la situación con mi amiga, la verdad, buscábamos ser objetivas y honestas, aunque me doliera:

¿Soy demasiado selectiva? ¿Cero selectiva? ¿Tal vez hablo demasiado? ¿Tal vez no lo suficiente? ¿Soy demasiado transparente y se nota cuando simplemente me está aburriendo alguien? ¿Soy muy tímida? ¿No es el momento? ¿Es una señal de Dios? ¿Seré soltera para siempre? ¿Soy apática? ¿Soy poco atractiva? ¿Me apesta la boca? ¿Qué?
¡Piensa! ¡Mimi! ¡Piensa!

La verdad es que no dimos con nada TAN grave como para algo así. Sé que no soy perfecta –aceptémoslo, nadie lo es– pero el que no haya un valiente que se atreva pasar por un segundo round… Está raro, ¿no?

Llegué a la casa y empecé a ver el baúl de los recuerdos moderno, mejor conocido como Facebook, y empecé a stalkear a algunos de los chavos de la lista de intentos fallidos.
¡No fue a todos! Swear! Solamente a aquellos que todavía tengo como “amigos”.

Participante “A”: Lo conocí en una party, salimos juntos a otra party… Yyy al parecer sigue de party.
Yo ya no tanto… Al menos no como antes.

Participante “B”: Fotos de una boda… Se casó.
Maldito bitch!

Participante “C”: Fotos en una convención de juego, publicaciones de que está jugando desde su PC…
Participante “C” no quiere una novia, quiera un juego nuevo.

Participante “D”: En una relación… Con otro hombre.
OK, ese creo que no cuenta como “participante”.

Participante “E”: Escribo su nombre en el buscador de Facebook y antes de dar Enter me detengo.
Él fue demasiado intenso en la primera salida (su historia próximamente), realmente no necesito saber sobre su vida… ¿Por qué lo sigo teniendo en Facebook?

Participante “F”: Viajes de negocios, emprendiendo, en conferencias, en convenios, en reuniones de negocio.
Él ya tiene una relación… Con su trabajo. #epicfail

Dejé de acosar a mis expretendientes y expretendidos, principalmente porque sabía que si no se dio una segunda cita, fue porque la primera fue un ¡total y verdadero desastre!, o sea: momentos de silencio incómodo, nos quedábamos sin tema de conversación a los 40 minutos (en algunas ocasiones inclusive antes de ordenar), con uno fue como un “ataque” por diferencia de personalidades y gustos…

 ¿Qué raro? ¡Esto se me hacía too much! ¡Demasiada mala suerte en un contener de 1.55metros y no-sé-cuántos-kilos!
Ok… Sí sé cuántos. No pienso decirlo.

 Entonces recordé todas esas novelas mexicanas: La gente te hace malas jugadas para que tu vida no salga como lo esperabas, te das cuenta (yo ya iba en este paso), cambias cosas y de repente la musiquita suena y ya eres un “y vivieron felices para siempre”.

 Así, con mi nueva actitud, entré a Google y busqué algunas explicaciones, intenté analizar si aquello del “mal del ojo” y esas cosas extrañas hacían match con lo que me estaba pasando.

 Al parecer las respuestas eran simples:

1.Tenía que reacomodar mi cuarto. Al parecer el lugar en donde tenía el espejo en conjunto con la ubicación de la cama, la ventana y la puerta principal no permiten que circule la energía positiva.

2.Tenía que tirar todo aquello que podría provenir de personas malintencionadas. El buscar entre mis cosas -lo que sea que me llamara la atención- e intentar recordar quién me lo regalo y si esa persona la considero bien intencionada o no puede ser muy exhausto.

3.Debía tirar las conchas de mar. Simple y sencillo. Si tienes conchas de mar en tu casa no te casas. Punto.
Miedo. TOTAL.
Recordé que solamente había un frasco pequeño de conchas por un souvenir de Mazatlán que le regalaron a mi mamá. Ni modo. Lo tomé y le conté a mi mamá lo que había encontrado y que lo tiraría por si acaso el usuario “fun&s6y_girL” del foro “No tengo novio ¡ayuda!” tiene razón.
Como dicen “hija soltera mata a frasquito de conchas de Mazatlán”.

4.Había una situación grave con mi ropa interior. Esto es en dos partes: 1) al parecer, si quieres atraer al hombre ideal debes de estar prepara y ser sexy en todo momento. Esto se logra utilizando la ropa interior correcta, no con calzones “de abuelita”. Problema para mí. Gran problema. ¡No tengo ropa interior sexy! ¡¿Qué no entienden que NO HAY quien vea mi ropa interior?!…
Mami… ¿Estás leyendo esto?
Y 2) Al parecer el bañarme y cambiar de calzones a diario es malo. Muy malo. Según otras usuarias del foro, lo que necesito hacer es usar los mismos calzones tres o cuatro días seguidos para que las feromonas se acumularan en mi…Pues…En mi calzón, entonces cuando el chico ideal se me acerque y sin saber por qué o cómo esperar a que él sintiera un amor intenso, profundo, sincero –y sobre todo- instantáneo por mí y ¡pum! “Fueron felices para siempre”. Peeero, eso solo se logra dejando que tu “olor corporal” se acumule, por unos tres o cuatro días…
Mmm…Decisiones, decisiones.
Esto último no lo voy a hacer. Lo prometo…
¡Es en serio!

Después de leer sobre mis calzones y la problemática que representaban, me sentía cansada. Pero lo estaba considerando “por si acaso”, no la parte de no cambiarme, sino la de los calzones sexys.
Aunque digo que soy una “no creyente” de ese tipo de cosas, la verdad es que “uno nunca sabe”.
Entonces fui directo a mi cajón de ropa interior y empecé a separarlas en “favor de tirar” y en “mientras consigo algo mejor”.
¡Uh! Encontré unos chones que pensé pasaban la prueba. Después de probármelos para ver si aún me quedaban (no recordaba cuándo me los compré o quién me los regaló) y cómo se sentían con mi ropa normal, empecé a caminar por mi cuarto para ver cómo se sentían.
La verdad es que no sé cómo le hacen las demás. Pero la ropa interior de encaje NO es cómoda. En lo más mínimo. Raspa y pica. En lugares estratégicos.
Regresé al clóset y comencé para seguir separando mi ropa.
Raspa y pica.
Raspa y pica.
Sacudí el cuerpo intentando olvidar la sensación.
Raspa y pica.
Raspa y pica.
Volví a mi cuarto y me paré en la puerta: Estaba todo desordenado por las cosas que busqué, tiré, moví y demás por todo lo encontrado en Google.
Sentí cansancio, frustración y enojo.
¿Realmente la ubicación de mi cama o el calzón que nadie ve afectan mi situación amorosa?
Intenté convencerme. Estaba haciendo esto por un “bien común” a mis casi 30 años.
Una segunda cita Mimi, una segunda cita.
Mientras veía la forma de convencerme a seguir, solo había un pensamiento en mi mente:
Raspa y pica.
Raspa y pica.
Ya no aguanté más. Cedí ante la incomodidad y  me rasqué las nalguitas.

–¡Al diablo! ¡Me quedo soltera!
Y agarré de nuevo mis calzones de abuelita. Que no raspan, ni pican.

11 thoughts on “La maldición de la primera cita

  1. No te preocupes tanto… te lo dice una vieja “medio bruja”, en el momento en el que lo dejes de buscar aparecerá ya lo verás….. ah! pero cuando eso ocurra no se te olvide contarlo de esta manera tan chula en que lo haces y mientras sigue contándonos lo que quieras, siempre es un placer leerte.
    un beso

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  2. ajajajaja suena bien rara la información que encontraste, algunos dicen que hay que hacer lo que uno ama, apasionarse por las cosas no dejando de ser humanos, no viviendo en automático por éxitos, y experimentar a prueba y error. Saludos!

    Liked by 1 person

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