Reencuentro de un Viejo Amor

 Reencuentro de un Viejo Amor

De nuevo, mis padres estaban de viaje y yo me encontraba con un antojo intenso de un taquito Gobernador, de esos de camarón y queso.
Yummy. Total.
Así, después de probar suerte y sin mucha insistencia con varias de mis amigas, fui sola a saciar mi hambre. Bueno, antojo.

Llegué al restaurante tranquila y tomé asiento. A diferencia de mi ida solitaria al cine, aquí no me sentía observada. De hecho, era todo lo contrario: Casi, casi podía ser invisible. La gente estaba concentrada en sus cosas. Pocas personas sintieron mi mirada y voltearon a verme mientras los observaba.
Esa “invisibilidad” más que deprimirme comenzó a alegrarme: estaba tranquila y bien. En mi vida poco a poco las cosas se iban arreglando y aunque seguía soltera y sin pretendientes –ni pretendidos–; sabía que todo era cuestión de tiempo.
Por primera vez, realmente había una sensación diferente en mí: Así como estaba. Así tal cual. Yo era feliz.

Empecé a ver el menú cuando de repente:
–¿Mimi?
Subí la mirada. Daniel estaba parado frente a mi mesa.
–¿Qué onda? –le sonreí tímidamente mientras se acercaba para saludarme con un beso en la mejilla.
–¿Cómo estás? –nos preguntamos al mismo tiempo.
–Bien, bien, ¿y tú? –le contesté.
–Bien, ¿y tú? –me dijo.
Nos sonreímos al notar que hablábamos al mismo tiempo.
–¿Qué haciendo? –me preguntó.
–Veo que voy a comer…
–Ándale que rico –me dijo con esa sonrisa que lo caracteriza.
Es que la verdad está MUY guapo.
–¿Y tú qué haciendo? –le pregunté.
–Vengo a recoger unas camisas nuevas para el trabajo.
–¿Tú? –me volvió a preguntar señalando con la mirada la mesa.
¿Miento? ¿Le digo la verdad? Tal vez si digo que la persona está en el baño…
¡Ay! ¡Ya! ¡Equis! Ni que fuera big deal.
–Emmm… –comencé a decirle mientras me sonreía nerviosa– Vine sola… A comer. –¿Sola? –me preguntó extrañado.
Yeap! –le dije mientras me encogía de hombros.
Se quedó callado por un momento, como esperando una mejor respuesta.
–Vine a comer sola porque a quienes les pregunte no podían o realmente no tenían antojo de, bueno, ¡esto! –le dije mientras señalaba el menú –y decidí venir sola, digo, eso no tiene que detenerme, ¿o sí? No es como que tiene algo de malo comer sola, ¿o sí?
¡No soy patética! No soy una loser. Ni empieces wey porque tengo hambre y yo gano enojada…
¿Por qué siempre doy explicaciones?
–Nombre. Relájate. No pasa nada.
Sentí un switch en mi interior, ese “relájate”. Siempre es un “relájate”, “tranquila” o lo que se le parezca.
Ok. Realmente no es TAN guapo después de todo…
¿Por qué será que no importa el momento o situación, cada vez que un hombre le dice a una mujer “relájate” esta se enoja?

Platicábamos y Daniel poco a poco iba tomando asiento, como no queriendo acompañarme pero la plática no lo dejaba irse. Entonces terminó de acomodarse en su asiento mientras escribía algo en su celular.
Daniel me contaba sobre su trabajo, nuevo departamento y el viaje que estaba por hacer; y yo comencé a recordar lo mucho que me gustaba y de que solíamos vernos seguido, tanto en grupo y a solas, pero nunca pasó nada.
¿Por qué?
Entonces pensé en lo que me dijeron mis amigas en su momento, cuando de repente, sin mucha complicación y sin malos tratos, Daniel y yo comenzamos a alejarnos: “Tal vez no es el momento y ya, ¿tal vez después? Nunca sabes las vueltas que da la vida”.

Ahora, en 2015 y casi dos años después de haber conocido a Daniel, mi vida poco a poco empezaba a acomodarse: las piezas empezaban a encajar, estaba más tranquila y estable, era feliz, pero yo seguía soltera y ¿él seguía soltero? ¿Tal vez?
¿Será que era cierto? ¿Es posible que todo eso de “tal vez no es el momento” realmente exista? ¿Tal ve cuando dije en año nuevo “este año será mi año” era cierto ahora sí? ¿Será?
Tal vez, solo tal vez, el encontrarnos así, de la nada, en el Main Entrance de San Agustín, en hora de comida, mientras se supone que los dos deberíamos de estar trabajando… Tal vez es está la forma de Dios de decir: Ahora sí.
Digo, debe de ser una señal o algo así, ¿no?

Mientras escuchaba –OK, observaba más que nada– a Daniel contarme de su vida, comencé a pensar en la mejor técnica de ligue: Movimiento sutil de cabellera seguido por… ¡Espera! Creo que no es lo mejor poner en internet mis tácticas de conquista. Uno nunca sabe quién puede estar leyendo.
Yo me debatía en qué hacer cuando:

–¡Hooola! –llegó un chavo guapísimo y saludó a Daniel… Más entusiasmado de lo normal.
Nuestra atención fue robada por este alto, guapo, fornido y lampiño hombre….La verdad es que estaba muy guapo. O sea, de que MUCHO. Y bien vestido también. O sea de que, fashion el tipo, fashion.
–¿Qué onda? –le contestó Daniel con una sonrisa mientras se ponía de pie, alistándose para irse.
¡Noooo! ¡No te vayas!
¿Qué te pasa maldito bitch? ¡Lárgate y déjanos solos! ¿Qué no ves que estoy en tácticas de ligue?
–¿Listo Dany? –le dijo el metiche mientras coquetamente chocaba su hombro contra el brazo fuerte de Daniel, a lo que él respondió con una sonrisa.
Espera, ¿qué está pasando?
–Bueno, Mimi. Te dejamos que vamos a recoger las camisas y tenemos otras vueltas que dar –me dijo Daniel mientras me daba un beso en el mejilla.
What?!?!?! ¡No! Nope. No, no, no, no, no, no.
–Mucho gusto –me dijo el nuevo hombre mientras tocaba la espalda de Daniel para guiarlo hacia la salida.
¿Cómo? ¿Qué? ¿En qué momento?
–¡Bye! –les dije intentando esconder con una sonrisa mi shock TOTAL.
¿Qué. Acaba. De pasar?

Mientras los veía irse, sentí como el pequeño hámster corría histéricamente en mi cabeza intentando organizar todos mis recuerdos, todo lo previamente vivido con Daniel.
Los observé y era obvio. No “obvio, obvio”, pero si conocías a Daniel, sabías que era claro que él jamás me iba a corresponder.
Dios. Santo. De mi vida.
¿Estuve por un tiempo intentando ligar con un amigo que claramente es jamás podría corresponderme? ¿Estaba hace un momento intentando un segundo round?
Empecé a recordar cada salida, cada plática. Todo lo vi con nuevos ojos.
¡Nooooo!
Ok. Ok. Ok. Respira Mimi. Respira.

Ahora resultaba que a mi problema de soltería había que agregarle que mi antena de chicos no interesados por causas de fuerza mayor estaba descompuesta.
Genial.

Intenté olvida lo sucedido, pedí mi comida y mientras esperaba a que llegara mi platillo comencé a observar a los chavos a mi alrededor. Uno de ellos era guapo, fornido, rubio y atractivo.
De repente el chavo volteó a verme y me cachó observándolo.
Oso. Total.
Le sonreí tímidamente mientras volteaba hacia otro lado… Para el despiste, ustedes sabrán.
De nuevo, volteé a verlo y vi que comía con otro chavo, también atractivo. Ahí algo estaba pasando. Yo estaba siendo testigo…
Más o menos mismo tipo de sonrisas, miraditas y demás, tanto como entre Daniel y su ahora novio, como yo cuando veo al chavo que me gusta.
Ohh, fuck it!
Respiré profundo, agradecí a la mesera mientras dejaba mi comida y yo marcaba histéricamente un teléfono desde mi celular.
–¡Carolina! Tengo un problema mayor

8 thoughts on “Reencuentro de un Viejo Amor

  1. Es un placer leerte mujer.

    Vivo en Monterrey y me imagine toda la escena de tu relato tal cual te a de haber pasado en el Main Entrance de San Agustin.

    Saludos!

    Liked by 1 person

  2. Pingback: A la Espera de Respuesta |

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