50 Formas de… OMG!

50 sombras de...OMG!

Todo comenzó en una reunión:
–¿Oye Mimi? Quiero que escribas algo de lo de las 50 sombras… -me dijo Ana Paty de repente, apartándome de la conversación grupal.
¿Por primera vez una lectora –OK, una amiga, ¡pero que me lee!– me ha pedido que escriba algo?

Decidida a cumplir con sus expectativas, empecé a buscar con quién ir a ver la película. Después de preguntarles a unas cuantas personas: O todos ya la habían visto o no les interesaba.
Malditos bitches!
Lo pensé bien y decidí que podía ir sola. ¿Quién necesita compañía?

Un día, llegué a Cinépolis VIP –porque si iba a ir sola, yo con mi alma, mínimo podía hacerlo lo más cómodamente posible, ¿no?–, me acerqué a la taquilla y… No había nadie.
Mientras esperaba a que alguien notara mi presencia: Soy una mujer adulta, fuerte e independiente. Puedo ver una película sola. Puedo pedir un boleto para esta película sola.
Pasaron un par de minutos y no se acercaba nadie. Mientras volteaba a mi alrededor para dar con quien me atendiera, vi en la dulcería a una de mis exalumnas.
¡Por favor! Daddy God! ¡No!
Me volteé nerviosa, moví todo mi cuerpo para darle la espalda a ella por lo que quedé con la vista entre la taquilla y el pasillo de entrada a la sección VIP.
Posición cómoda y natural. Cero obvia.
En eso llegó un joven a la taquilla:
–Buenas tardes, un boleto para la de 50 sombras…, por favor –le dije apurada.
–¿Uno? –me preguntó el muchacho viéndome por primera vez a la cara.
–Sí –le contesté tajante mientras le daba mi tarjeta club y el dinero.
Mujer fuerte e independiente. Fuerte. Independiente. FUERTE…
–¡Digo!, no pasa nada, ¿verdad? Como en el VIP los asientos son de dos en dos, una persona no compra el boleto, ¿verdad? –empecé a decirle tan rápido que se me trababa la lengua– Si está solo, si lo ven solo porque viene en números par, ¿no?
Genial. Estaba cantinfleado.
Detente Mimi. Stop!
El chavo intentó esconder una sonrisa, claramente sabía lo que estaba pasando.
–De que puede llegar la otra persona y comprarlo, ¿verdad? No se lo tengo que comprar yo ahorita, ¿o sí?
Cállate, Mimi. Simplemente cállate.
–Sí, no pasa nada –me contestó el chavo sin poderme ver a la cara y sin poder esconder una sonrisa torcida.
Respiré profundo. Necesitaba calmarme.
–¡OK! –le dije un poco más fuerte de lo normal.
Mientras hacia los movimientos en la máquina volteé a ver hacia donde estaba mi exalumnita.
Shit! ¡Me vio!
Con una sonrisa tierna empezó a correr emocionada hacia mi dirección.
Dame el boleto, solamente dame el boleto, ¡ya!
–Ok, un boleto para las 8:15 en la sala 2 para… –empezó a decir.
–¡Ok! ¡Gracias! –le dije arrebatándole el boleto y sin dejarlo terminar de hablar.
–¡María Andrea! –dije mientras me acercaba a la chica.
–¡Miss! –me abrazó emocionada.
Después de platicar por unos momentos con ella, se dirigió a la sala en la que vería una película con sus papás –a quienes saludé de lejos–, y después de asegurarme de que ya no podía verme me dirigí a la mía.
Pero quería venir sola.   

Ya en mi asiento, apreté el botón para que se acercara el mesero a tomar mi orden mientras llegaba más gente a la sala. Poco a poco se iba llenando y el asiento a mi lado izquierdo seguía vacío.
Eres una mujer adulta. No tiene nada malo que veas sola una película con muchas escenas de sexo. No eres una depravada sexual. De hecho, hay gente que consideraría esto sano y natural… Creo.
–Buenas tardes, señorita. ¿Qué va a ordenar?
–Sí, quiero… ¿Qué quiero? ¡Ah! Quiero unas palomitas chicas de mantequilla, un refresco mediano pero que sea de té, sin hielo. Yyyy… Quiero una copita de nieve de la de Cookie Dough.
¿Alguien dijo “stress eating”?
–¿Y para la otra persona? –me dijo señalando el asiento vacío a mi lado.
Mujer fuerte, independiente, segura de mi misma y todo los demás clichés que apliquen.
–Solo soy yo –le dije como si nada. Tranqui. Casual.
El mesero obvio no hizo caras ni dijo nada. Él si era un profesional, no como el de la taquilla.
Ash.

Empezó la película y todo iba bien hasta que “Christian Grey” se quitó por primera vez la camisa:
–¡Ahhhh! –gritaron las mujeres que estaban a mi lado.
Risas nerviosas y unos cuantos aplausos empezaron a escucharse por la sala, pero terminaron cuando la escena comenzó a ser más de “Clasificación C”.
Dios. Santo. De Mi vida, comencé a taparme los ojos.
¡Espera! Casi 30 años. Vamos Mimi. Con seguridad. No es como que estás viendo la movie con tus papás, pensé mientras mantenía mi mirada en la pantalla.
–¡Llévame al cuarto rojo! –gritó una mujer de repente robándole la atención a la película.
Riéndome, volteé a mi alrededor buscando a la persona que gritó; en eso, una mujer y yo cruzamos las miradas.
Está notando que estoy sola. Que vine SOLA a ver esta película. Sobre sumisión. Sobre sexo. ¡Dios!
Le sonreí tímidamente y me volteé.
Puedo sacar mi libreta y que parezca que estoy tomando notas. Los reporteros hacen eso. Y por eso vine sola, porque estoy trabajando, pensé mientras comenzaba a  buscar despistadamente mi libretita morada en mi bolsa.
¡No!, pensé mientras sacaba la mano, Soy una mujer segura de mi misma y si quiero ver esta película sola OK, tuve que venir sola–, no pasa nada. No tengo NADA de que avergonzarme.
Seguí comiendo palomitas intentando relajarme sin realmente lograrlo. De repente empezó la escena en la que…
¡Ay! ¡No quiero decir! ¡Mi mamá lee mi blog! ¡Mis tías también!
Sin poder aguantar mucho, bajé la mirada y saqué mi celular de la bolsa:
–Te estoy mandando mensaje porque me da cosa estar en un lugar público viendo la película sola cuando hay escenas así. Siento que parezco la mega fan o mega loser o mega algo por venir sola –le mandé a Ale por WhatsApp.
–Jajaja, Ok Mimi. Tú escríbeme.

A medida en que la película avanzaba las escenas de intimidad eran más frecuentes y fuertes. Para no ceder al instinto de bajar la mirada, empecé a comer más rápidamente mis palomitas con salsa hasta que me enchilé, por lo que  terminé por tomar mi té sin detenerme mucho para respirar hasta que me lo acabé.
Tal vez parece que estoy “disfrutando” la escena por como estoy tomando, pensé mientras veía con otros ojos mis actos.
Dejé de jugar con el popote y puse el resto de mis palomitas, vaso y demás en la mesita.

La escena volvía a ser atrevida. Mientras los personajes hacían su business:
–Ja, ja, ja. ¡Ya! ¡Quítate! –dijo entre risas la mujer que estaba atrás de mí.
De nuevo, la chava que estaba a mi lado y yo nos volteamos a ver.
No veas hacia atrás Mimi. No voltees. No sabes lo que la gente hace durante este tipo de películas.
Las risitas y golpecitos seguían.
¿Qué está pasando allá atrás? Lo que sea, yo no quiero ser parte de esta historia.
Ok, Mimi. Ignóralos. Concéntrate en la movie. 

La película avanzaba, desde hace tiempo había terminado mis alimentos, por lo que cuando me sentía incómodo sacaba mi celular y checaba las redes sociales. Cuando de repente:
¡Oh! ¡Oh!
Empecé a hacer fuerza con las piernas.
Quiero hacer pipí. Quiero hacer pipí. Quiero hacer pipí.
Volteé a mi alrededor en pánico: ¿Faltará mucho?
Vi el reloj, le calculaba unos 30 minutos para terminar.
La vejiga es un músculo. Soy más fuerte que mi vejiga. Manda la señal Mimi. El cerebro manda la señal: “No necesitas hacer pipí”, “eres más fuerte que tu vejiga”.
Empecé a moverme incómodamente. Primero sentándome derechita para luego empezar a deslizarme en mi asiento y así eliminar por unos segundos la sensación de que mi tanquecito estaba por explotar.
El material del sillón comenzó a hacer sonidos raros. Mis movimientos empezaron a ser cada vez más rápidos debido a mi desesperación.
¡Por Dios! ¿Parece que estoy disfrutando de más la película?
¡Parece que estoy disfrutando de MÁS la película!
Me paré en seco. Intenté dejar de pensar en eso, no faltaba mucho para que terminará Christian de hacerle a Anastasia lo que  –bueno, ustedes entenderán–, y podía lograr llegar hasta el final. Comencé a relajar las piernas cuando de repente sentí que el efecto estaba consiguiendo todo lo contrario. No podía contenerme más.
Nope. No, no, no.
Agarré mi bolsa y sin voltear a ver a nadie corrí hacia el baño.

(Pausa para recordar el momento y pensar: Ahhh… Paz interior).

 En el camino de regreso a la sala:
–¡Mimi! – era Lucecita, compañera de la prepa y a quien que no veía desde hace muchos años.
–¡Aló!
–¿Qué peli vienes a ver?
Volteé a ver la entrada de la sala. Por alguna razón no quería decirle que película veía. ¡OK! Sí sabía, era porque al conocerme estaba segura de que terminaría dando explicaciones innecesarias.
–Este, ninguna. Ya salí.
–¿Y por qué andas por acá?
–Emmm…, andaba buscando a las personas con las que vine, pero se me hace que han de estar ya del otro lado, por la salida… Bueno –volteé a ver por última ver la puerta “50 Sombras de Grey. Sala 2” -¡Bye!

Tomando como excusa su encuentro decidí irme a casa. No. De hecho semi corrí hasta mi carro y manejé acelerada. Quería dejar atrás la sala de cine en la que me había sentado sola por casi dos horas y media a ver una película sobre sumisión y sexo.
Suficiente para el blog.

Al llegar, estaban en la cocina mis papás, hermana y cuñado:
–¿Dónde andabas? –me preguntaron.
–¡Uh! Ni me hagan empezar a contarles… –les dije incómodamente, pero como quiera les conté.
¿Alguien dijo “comunicativa”?
Cuando terminé:
–¡Ay! Me hubieras dicho, yo hubiera ido contigo –me dijo mi hermana.
Ahorita me dices….
–¿Ves? No tenías que ir sola –me dijo mi mamá.
El sonido de una notificación robó mi atención, era Claudia que me mandaba un mensaje por WhatsApp.
–¡Mimi! ¿Vamos el próximo fin a ver la de 50 sombras…?
¡Ahhh! ¡Estrés!
Intercambié la mirada entre mi hermana, mi mamá y la pantalla del celular con el mensaje de Clau.

DAMN IT!

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