¿Es esto demasiada información?

Es esto demasiada información

A mis casi 30 años uno pensaría que soy una persona con sentido común, que ya sabría qué sí se puede decir y qué no, con quién sí y con quién no, entre otras cosas que uno pensaría, dicta la lógica, al menos ya en el famoso “tercer piso” o cuando una ya está cerca de él.

Bueno, supongo que yo: Mimi Castillo soy la excepción a la regla  –me sentí muy “A Él No Le Gustas Tanto” al escribirlo – y esta es la historia, pero la verdad es que siempre  –y cuando digo siempre es “SIEMPRE” – he sido muy comunicativa. Con todos.

Se podría decir que soy un libro abierto: 1) soy transparente, es decir, si me gustas, si me enojo, si estoy triste se me nota; 2) soy muy impulsiva: lo que quiero hacer normalmente lo hago, sobre todo en aspectos personales, o sea filtro cerebro-acción inexistente en mi persona; y  3) tengo una necesidad absoluta de contar con lujo de detalle cada aspecto de mi vida… Sobre todo si ya te considero “amigo”.
Y a todo esto súmale el pilón: si es una anécdota que me gusta la compartiré en mi blog.
Wow, jamás podré ser misteriosa.

Cuando tu ciclo menstrual deja de ser un misterio
Estaba en la sala de maestros esperando a que se acabara el receso para ir al salón en donde daría clase cuando empecé a sentir retortijones en mi abdomen.
Nope. No, no, no, no, no. Aquí no. Ahorita no. Pretty please! Daddy God!
Despistadamente saqué medicamento de mi bolsa y estaba por tomar mi pastilla cuando de repente:
–¿Te sientes mal? –me dijo una maestra.
–Sí, cólico  –le contesté tristemente.

¡Error! Y yo solita, nadie más que yo es la culpable.  Yo me metí en ese lío. ¿Cuál era la necesidad de estar compartiendo con mis colegas esa información?

Nos sonreímos y tomé de nuevo mi asiento.
Siento como si alguien me estuviera acuchillando desde adentro. Me quiero ir a mi casa, me quiero acostar.
Sin pensarlo mucho y sin considerar a la gente que estaba a mi alrededor, tomé la taza de café, me medio recosté en la silla y coloqué la taza caliente sobre mi abdomen para aliviar un poco el dolor.
–¿Te sientes mal? –me dijo una segunda maestra sacándome de mis pensamientos.
–Este, sí  –le dije mientras pongo de nuevo la taza de café en la mesa.
–Yo también sufro mucho de cólicos –comenzó a explicarme– me pongo una crema en el abdomen que relaja y me ayuda mucho, es muy buena. Mañana te traigo para que la pruebes.
¿Mañana también quieres que tenga cólico? ¡No!
Ok, gracias. Compañeras del mismo dolor. Cambiemos de tema.
–Es que es horrible  –dijo de repente una tercera maestra uniéndose a la plática.
Ok, ¿qué está pasando?
–Este, ya sé, ¿verdad? –contesté medio incómoda.
–Hola maestras. Buenos días. ¿De qué se trata la plática el día de hoy? –dijo una cuarta profesora al llegar.
–Cólicos  –le contestó la primera mientras me señalaba con los ojos.
–Awww, maestra. ¡Qué horrible! ¡Y luego en clase! ¿Ya se tomó algo?
–Ya. Gracias.
Ok, ¿podemos hablar del tema sin dejarme en evidencia? O mejor aún, cambiar de tema.
–Es que es horrible y luego aquí. Es muy incómodo. Y como que con el dolor ser paciente con los alumnos se hace más difícil, ¿no crees? –dijo una de ellas.
¡No quiero hablar de mi malestar! Sé que somos mujeres, que todas pasamos por lo mismo, ¡pero no las conozco! Con todo el respeto del mundo: ¡Suficiente!
–Es más como que no me dan ganas, como que no tengo energía  –le contesté.
–¿Y sufres de cólicos desde hace mucho? –empieza a preguntarme una de ellas
¿Por qué Mimi? ¿Por qué dijiste que tenías cólico en el primer lugar? ¿Dolor de cabeza, malestar estomacal? ¡Algo más! Muchas opciones Mimi, ¿para qué decías que era cólico?

Para no hacer el cuento largo y principalmente porque no quiero compartir esa información, la plática terminó siendo entre 4 maestras y yo hablando sobre cólicos: Ellas siendo empáticas ante la situación mientras me preguntaban mi historial de experiencia en cólicos.
La verdad es que me sentía incómoda con la plática, pero su empatía e interés por ayudarme al recomendarme desde doctores hasta medicamentos y remedios caseros para aliviar el dolor, sentí que me vería sumamente malagradecida y grosera al no querer hablar del tema, por lo que terminé compartiendo con parte de mi experiencia –a menos de que pudiera salirme por la tangente– en un salón en donde hombres trabajan en silencio; sí, nuestras voces era lo único que resonaba en esa sala de maestros.
Desde ese entonces son contadas las ocasiones en que voy a dicho lugar. Casi siempre porque recuerdo que algunos presentes pueden saber demasiada información –aparentemente ya no confidencial– sobre mi vida.

 Primera señal de que compartir mucho se me da fácilmente, sobre todo si siento “presión empática” (por aquello de que su interés me hacía sentir culpable de no querer platicar con ellas).

Un sueño no siempre es mejor compartido
Bueno, entonces una mañana desperté y noté que soñé con un amigo. Normal, nada de nada. Solamente una persona que considero amigo.
Salí de la cama y tomé el libro “El diccionario de los sueños” –sí, tengo uno– para ver lo que significaba dicho sueño:
“Ver a un amigo bien vestido significa que recibirás buenas noticias de su parte”, según el diccionario.
Mmm… Interesante.
Fui al trabajo y olvidé un poco la situación, cuando de repente recordé mi sueño.
Tal vez debería de saludarlo, hace mucho que no sé de él.
Sí, está situación fue con un hombre…
Saludé a Daniel por WhatsApp sin esperar respuesta, algo que suele suceder frecuentemente con un amigo workaholic o que simplemente no le interesa –en lo más mínimo– seguir una plática por este medio (o conmigo).
“Me he acordado mucho de ti hoy porque soñé contigo, ja, ja, ja. ¿Cómo has estado?”, fue mi mensaje.
Pocos segundos después mi celular vibró por una notificación.
–¿Qué soñaste? –era el mensaje.
Ahh, entonces sí lees los mensajes. Mmm…
–Todo depende, ¿cómo funciona… para eso de si se cumple o no?
Espera, ¿es eso broma o coqueteo?
¿Estoy coqueteando? ¿Con Daniel?
What?!?!?! Es solo un amigo. Ewww. Total.
Stop Mimi. Full stop ya.
–Eso no importa, tú cuéntame…
Sentí pena de repente. Aunque considero a Daniel un amigo, no lo conozco tanto y contarle el sueño se me hacía raro.

Supongo que no es lo mismo decirle a tu mejor amiga que soñaste con ella y contarle con lujo de detalle la situación. No, no es lo mismo. No cuando es un hombre. Pero yo sola me metí en ese lío.
Sí, estuviste en mi mente anoche. Tipo, ¿qué le vas a decir Mimi? O sea, no. ¿Para qué le decías? Oso Mimi. Oso.
–Pues todo normal, la verdad no era nada del otro mundo.
Después de rato vi que ya no podía salirme por la tangente, mientras más me tardaba en contar un sueño sencillo más se daba lugar a que se malinterpretara el tipo de sueño que tuve.
–Soñe que estábamos en una fiesta. Todos bailaban. Tú también, estabas muy animado (parte de bien vestido)
¡Ah! Y el toque final…
Y este, de repente te convertías en una rata y nadie podía alcanzarte, pero nadie quería que te perdieras porque luego ¿cómo te ibamos a distinguir de las demás ratas?, jajajaja. ¿Qué random no?

En línea.
Una palomita. Dos palomitas. Palomitas azules.
Sin respuesta.
Nada.
Nunca.
Hasta la fecha.

Ahorita ya equis, la verdad no me lo tomé a pecho. Tal vez sí me ignoró deliberadamente, tal vez sólo no supo que contestar, probablemente pensó que no había que contestar nada o solamente lo olvidó. ¡La verdad no sé! Eso es irrelevante.
Pero en su momento sí me importó: ¿Lo incomodé? ¡Es lo más equis del mundo! Fue un sueño normal. Pudo haber sido alguien más y es como que no importa… No tiene nada de malo, ¿o sí?
Tal vez no debí decirle nada del sueño, probablemente solo debí saludarlo.
De rato le conté a una amiga lo sucedido. Al parecer es parte del sentido común no hacerlo, es como que considerado “raro”.
Woops!
¡Lección aprendida!

Espero.

Actualmente vivo en una lucha intensa entre el impulso de compartir cada sueño con los involucrados, malestares y demás información personal, tal vez irrelevante, pero si pensamiento aleatorio que cruza por mi mente.
Debo admitir que no es una lucha fácil, digo, intentar reprimir el impulso de comunicar algo no es tarea sencilla.
¿Soy la única que le ocurre esto? No lo creo.
¿Te ha pasado? Que te ves envuelta en una conversación y ya no sabes cómo salirte. Que se te hace lo más sencillo y sin consecuencias mayores compartir –con quien sea– lo que soñaste, ¿te ha pasado? ¿Cómo reaccionó la otra persona?

3 thoughts on “¿Es esto demasiada información?

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s