El ritual de los chones rojos

El Ritual de los Chones Rojos

Algo que toda soltera conoce –creo–  es el ritual de los calzones rojos en año nuevo, pero para los que no, aquí se los explico:

Alguien debe de regalarte unos calzones rojos que usarás durante la Víspera de Año Nuevo para así tener suerte en el amor durante el año que empieza.

Siendo honesta, casi siempre –favor de recordar el “casi”– hago el ritual de los chones rojos, pero –como he mencionado en mi post anterior– en lo últimos seis años no ha surtido efecto.

Sin embargo, este 2014 –y sobre todo desde mi cumpleaños este pasado 9 de diciembre– las cosas han cambiado: Ya no me importa mucho mi soltería –aunque admito que la sigo notando, no es como que me hago la desentendida–, pero veo que mis prioridades son diferentes pues el escribir, mi blog y prepararme para mi futuro como escritora son cada vez más importantes. Quiero regresar a la maestría en este 2015 y viajar. ¡Vaya! Tengo planes que no necesariamente gritan “novio necesario” para poder hacerlo.

Ahora no. Las cosas son diferentes, las prioridades van cambiando. Quiero pedir y atraer: viajes, trabajo, salud y dinero… El amor, el amor puede esperar…, empecé a decirme constantemente cual mantra nuevo.

Pero algo raro comenzó, de repente todos –y me refiero a TODOS, o sea TO-DOS– aquellos que conozco empezaron a sacar el tema de mis calzones rojos:

–¡Ya sé que te voy a regalar en tu cumpleaños! –me dijo una amiga muy animada–, unos calzones rojos llenos de buena vibra para que el 2015 sea el año.

No pienso abrir ese regalo enfrente de la gente. Dude, en un lugar público no. O sea, no.

–Amiga, ahora en el intercambio ojalá y te regalen unos calzones rojos. Vas a ver, si vienen de una persona que te quiera mucho ahora si van a funcionar –me dijo otra en una vuelta por Paseo San Pedro.

Mmm… Maybe… ¿Ale? ¿Silvia? ¿Idalia? ¡Idalia! Ella es caso de éxito. Ella está por casarse. Sí, Idalia… Que me los regale Idalia.

(Idalia: si estás leyendo esto, no es una indirecta, ¿ok?).

–Mimi: Te doyyy eshtos calzones rojos con TODO mi amooor, con tooooda la buena vibrrra, los mejorez deseoz y demáz para que ESTE añio sea el añio en que el indicado llegue. Ja. Ja. Ja. Ja ¡Ya que se aparezca! –fue el discurso de una amiga durante el intercambio de regalos.

Dude, no manejes a tu casa…

–Mimita, este año en Liverpool pusieron en especial un paquete de calzones, viene uno rojo y otro amarillo, ándale dile a tu mami o a tu hermana que te regalen unos. ¡2015! ¡2015! ¡Si se puede! ¡Si se puede!

–Mimita, ¿y ya lista con los calzones rojos prima? ¿Pero ahora úsalos sexys pa’ que amarren? JA. JA. JA.

Al parecer eso de “cuando dices no todos se te acercan” es cierto, pero con calzones rojos. Y no, no me refiero a algo sexoso, sino que –literalmente– la gente comenzó a regalarme puros chones rojos.

(Si no me creen chequen mi cajón, tengo más de un par de calzones rojos listos para ser usados en año nuevo como parte de un ritual de amor).

Entonces comencé a sentirme como Tom Cruise en las películas de Misión Imposible con todo y música: la forma en que se mueve, se disfraza y saca de la manga diferentes artefactos para esconderse del enemigos –los que me presionan– y zafarse de posibles ataques –en mi caso, el tema de los chones rojos–, entonces me visualicé tal cual:

Yo haciendo todo lo posible –con soundtrack y toda la cosa– para evitar una sola conversación: “¿Y ya tienes listos tus calzones rojos?”

Pero luego comencé a reflexionar que tal vez tanta insistencia era por algo: Creo que el universo intenta decirme algo.

Es como si fueran señales de: “No abandones el camino”.

–El próximo año, cuando tengas un date con un chavo que te guste o cuando tengas un date y ya, ¿por qué no te pones los mismos calzones que uses en año nuevo? De los rojos que te regalaron. A lo mejor así sí funcionan.

Ese fue el último consejo que recibí y acepté sobre el tema: Jamás en mi vida había hablado por tanto tiempo y con tantas personas sobre la ropa interior que usaría en año nuevo… y si la volvería a utilizar o no durante el 2015.

Honestamente era suficiente. Gracias por el interés, pero cada que hablaba del tema me sentía como si no trajera jeans puestos y todos –por ende– alcanzaran a ver mis calzones y me criticarán porque no eran rojos.

Frustrada me acerqué con una amiga y me dijo: “Tal vez es el universo, Dios, un poder supremo o como tú lo conozcas diciéndote que le debes de dar una última oportunidad… O tal vez no te está diciendo nada sobre los calzones rojos, sino que simplemente ya es momento, ¿no? Que tal vez para lograr tus otras prioridades no necesitas abandonar la búsqueda, ¿no?”

¡Ay! ¿Pero entonces qué? ¿Qué hago?

“Mira, yo te aconsejo que hagas la siguiente prueba: En tu cuarto, toma uno de los calzones que te regalaron, ¡los primero que toques o los que sean! Eso no es importante: Cierra tus ojos y respira profundamente. Piensa que te estás arreglando para salir y empieza a ponerte los calzones por encima del pantalón… Y luego, ya sea que pienses en abrir la puerta de tu casa para recibir al chavo o que llegas al lugar de encuentro en donde está él… Piensa cómo es el chavo con el que te imaginas ahí. ¿Cómo te sientes? ¿Obligada? ¿Emocionada? ¿Cómo es él? Checa tus sentimientos durante ese ejercicio, eso te puede ayudar a aclarar si realmente quieres abandonar esa búsqueda de galán o si tal vez solamente comparte prioridad con otras cosas nuevas amiga. A lo mejor descubres qué es lo que te está inquietando realmente”.

Me dejó pensando y al llegar a mi casa y notar que estaba sola me decidí a hacer el ejercicio: tomé unos de los calzones que me regalaron, cerré los ojos, respiré, bla bla bla y vi una cara…. Y luego otra.

¡Ah! Cabrón.

Abrí los ojos de golpe.

No es el momento.

Cuando decidí realmente dejar de lado –por el momento– mi situación amorosa es porque realmente quiero concentrarme en otros aspectos de mi vida.

¿Por qué dos? No quiero dos, ¡quiero uno! Y pensé en dos, ¿por qué en dos?
No, no, no. Mimi. ¡No!

Me paré frente al espejo con los calzones rojos por encima de mis jeans y viéndome tan ridícula con mi look a la “Britney Spears en Slave 4 U”,  acepté que tal vez no quería –ni quiero– hacer el ritual de calzones rojos este año porque .. Tal vez, puede ser, que empiezo a notar que tengo miedo de que ahora funcione.

¿Chavos o blog? ¿Chavos o talleres de escritura? ¿Chavos o maestría? ¿Chavos o viajes?

Recordé lo desgastante que es el que me guste un chavo: la historia cada uno de ellos, de cada “amor no correspondido”, y aunque fue divertido, fue suficiente de “gusto no correspondido” . Pensé en cómo me sentía como una chica de 15 años hormonal y descontrolada cada que los veía. Con cada uno era la misma historia. ¿Y ahora en mi mente habitaban dos?

¡Ay! !No! No, no, no.
Flojera. TOTAL.
Ahorita chavos no. Por el momento no. Mañana… Tal vez. Ahorita no.

Cansada  y completamente aceptando que no quería lidiar con esa situación de dos chavos en mi mente, me quité los chones rojos sin mucho cuidado, tomé los otros que me habían regalado y decidí guardarlos en el cuarto cajón de mi clóset… En donde descansan también mis malditas fajas.

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