Solterita Frozen

Solterita Frozen

Ok. Solamente porque los últimos días en Monterrey el clima ha sido un poco decente, no significa que la verdad oscura y fría no está por venir.

Algo que sufrimos algunas solteras es el invierno. Y no me digan que no es cierto… O bueno, no sé para las demás, pero para mí sí. Y estás son las razones:

Toda reunión debe ser al aire libre. ¿Por qué? Alguien explíqueme por favor por qué cuando empieza a hacer frío no mudamos las reuniones del exterior al interior, en donde podamos quitarnos los abrigos y disfrutar del calor que irradia un calentador o una calefacción.

¡Ah! ¡No! Al parecer es imposible y si eres soltera, ¡pues ahora te aguantas! Y esto es porque toda reunión –entiéndase TODA, a menos de que esté lloviendo– debe de ser afuera, poco importa a cuántos grados estemos.

Y deja tú la primavera y que todos empiecen a sentir deseos de tener una relación amorosa, de ser más melosos y comer pan enfrente de los pobres. Eso lo sobrellevas, con dignidad, con honor… ¡No! Nada se le compara al estar solterita en época en donde el frío es lo único seguro. Está difícil. Principalmente porque mientras las parejitas aparte de tener la protección de la chamarra cuentan con el típico abrazo para mantenerlos calientitos mientras que la soltera, bueno:

Estábamos en el cumpleaños de un amigo, el “ambiente” estaba afuera –naturalmente– y por ende, nosotros (mi grupo de amigos) también. Yo platicaba con Adriana y Óscar cuando:

No tienes que ir al baño. No estás temblando. Estás bien. Todos estamos afuera por una razón. No hace TANTO frío.

–¡Mimi! –gritó mi amiga repentinamente recuperando mi atención, –¿estás bien?
–Sí, ¿por?
–Parece que tienes frío.
Será porque TENGO frío, porque estamos afuera cuando está como a 8 grados centígrados y mientras ustedes se abrazan para mantener el calor, yo solamente cuento con mis dos brazitos para hacer el trabajo.
–Nop, para nada… Pero, ahorita vengo… Voy al baño.

Al parecer todos notarán que tu vejiga es pequeña. Esa es la otra cosa: ¿Por qué hacer las reuniones al aire libre? Si sabes que las personas que tienen frío irán –incómodamente– al baño cada 15 minutos porque nos dan ganas de ir al baño a cada rato… Sobre todo a las que tenemos una vejiga pequeña.

Por si no sabías, es muy incómodo el tener que decir constantemente “ahorita vengo” o el tener que pasar la noche concentrada en no aflojar ciertos músculos provocando así que no pongas atención a la plática en la que estás envuelta.

Entonces cedes ante la necesidad, te disculpas y vas –sin vergüenza alguna– al baño por tercera vez –en menos de una hora–.

Seamos honestos: Aguantándote las ganas de hacer pipí no es una forma sana –y feliz– de vivir la vida.

A esto, agrégale ese momento incómodo en que el tamaño de tu vejiga y la frecuencia con la que necesitas ir al baño comienzan a ser temas de conversación.

Nada como hablar con un perfecto extraño las razones de por qué debes de ir al baño cada 15 minutos –aproximadamente–, y sus preguntas: ¿esto es siempre?, ¿y cómo le haces cuando sales de viaje?, ¿estás enferma? Y ¿sabías que el tener que orinar con frecuencia es un síntoma de la diabetes?

Pasamos por tipas amargadas. Algo muy normal en cada reunión es que llegas y te quitas el abrigo. Así pasa. Es tu forma de decir: “Ya llegué”… Además de saludar a las personas.

Bueno, cuando estás soltera y en una reunión al aire libre y no tienes quien te abrace para luchar contra el frío, no te vas a quitar el abrigo.

¡Simplemente no lo haces! Es sentido común, es… ¡Sentido de supervivencia!

Entonces para qué pasar tanto tiempo y esfuerzo eligiendo la mejor blusa –Dios no quiera que hayas elegido un vestido para la ocasión, ¡qué frío! – y los mejores accesorios… Si lo único que se va a ver en las fotos… Es tu abrigo.

(Estábamos en la misma reunión, llega un nuevo integrante a la plática. Un chavo que no conocía).

–Hola, mucho gusto, soy Pedro… ¿O debería decir, adiós? –dice señalando mi abrigo.
Jajaja, chistosito el nuevo…
–Hola, Mimi… Tengo frío –intento explicarle la razón de que siga con mi abrigo puesto.

De rato llega otra persona:

–Oigan, yo ya me voy. Nos vemos, ¿caminamos juntas Mimi?
–¿Eh?
Voltea a ver mi abrigo.
–¡Ah! No, todavía no me voy… Es que tengo frío.
–Ahhh… Yo pensé que también te estabas despidiendo.
¡Ash!

Un chavo se acerca para meterse en la plática:

–¿Y qué onda? ¿A poco ya te vas? Si es bien temprano. ¡Quédate otro ratito! Ándale, ¿qué estás tomando? ¿Whisky? ¿Cerveza?
¡Qué tengo frío!
–No, no me voy. Es que tengo frío. Vino, por favor. Tinto.
–Perfecto.

Y así, varias conversaciones durante la noche. Jamás pensé que un abrigo pudiera ocasionar tantos comentarios. Entonces al efecto de “no me quito el abrigo” favor de agregarle mi resting bitch face (cara en descanso de perra) –porque sí, sufro de eso–, digamos que ¡es muy fácil para mi socializar en tiempos de frío! ¡Claro!

Es muy difícil ser coqueta y sexy con los labios morados y titiritando de frío. ¡Y no empiecen a cantar! (Llega llega, pecador. Es un villancico).

Pero bueno, digamos que –siguiendo con eso de las reuniones al aire libre– mientras una pasa frío y se arrepiente de haber gastado mucho tiempo buscando el conjunto perfecto que no se aprecia porque el abrigo lo tapa.

A esto súmale que no hay mucho que puedas hacer para cambiar tu situación sentimental porque es muy difícil –o imposible– ser coqueta y sexy mientras tus labios pasan de un rosa lindo –besable–  a un morado pálido, mueves tus piernas como si te estuvieras aguantando las ganas de ir al baño –de nuevo– y dejas de concentrarte en la conversación para enfocarte en tu mantra:
No tengo frío.
Estoy en un lugar caliente.
Estoy bien.
Estoy en la playa.
Tengo calor.
(Repetir las veces que sea necesario para que funcione… O hasta que ya no aguantes y tengas que ir a hacer pipí).

Al parecer los hombres no encuentran atractivo a una chava con labios morado pálido –natural, nada de lápiz labial–, que estén semi bailando solas y que no demuestren un interés absoluto por otra cosa más que dejar de sentir frío, a la de ya.

Ok, lo admito. Cada una de mis historias de este post son de la misma reunión. Del cumpleaños de mi amigo. Entonces se me acercó un chavo que no conocía:

–¿Y qué onda? ¿Quién es Mimi? Dime…
–Emm… Soy una chava regia…
Que muere de frío.
–… Soy docente, tengo 28 años y….
No me importa. No quiero hablar. Quiero una colchita. Quiero un chocolate caliente.
–¿Quién eres tú? Dime mejor de ti.
–Soy bla bla bla bla bla –empieza a decirme y yo realmente no le ponía atención.
¿Eso es una broma? ¿Por qué se ríe? ¡Sonríe Mimi! Sonríe.

Lo hice, pero claramente fue forzada porque 1) no escuché lo que el susodicho dijo porque estaba más concentrada en mantenerme con actitud “relajada” ante el frío que sentía y 2) no estaba segura si reírme era la respuesta correcta, tal vez realmente esperaba una respuesta…Ya ni modo.

Después de que el chavo se fue y mientras esperaba el regreso de Ale –ahora ella era la que estaba en el baño– empecé a observar a los demás: ¿Por qué nadie parecía tener el mismo problema que yo? ¿Acaso soy la única a la que le pasa eso? ¿Este post tiene una razón de ser?

Hay oportunidad de momentos incómodos con el que sí ligaste, pero que no querías. ¡Oh! Inocente de mí. Dulce e inocente Mimi. ¿Por qué no sabías que si le dices a un chavo –aunque no sea una indirecta, sino… ya sabes, un comentario al aire– “Tengo frío”. Su primera reacción será abrazarte.

(Pausa para recordar momento y sentirme incómoda otra vez)

¿Por qué Dios? ¿Por qué?

Está historia es de otro lugar, cuando en una ocasión fui a una noche de antro con amigas en común y un chavo que estaba conociendo. Admito, no me gustaba, pero con lo poco que conocía de él sabía que era –es– una buena persona, que yo le gustaba y sus intenciones eran buenas, entonces quería conocerlo mejor. Ver si nacía algo…

Entonces: Noche de antro. Esfuerzo sobrehumano para verme decente después de una semana en cama por gripa.

Llegamos al lugar y me quito el abrigo.

¡Aleluya! Lo sé, me quite el abrigo aunque hacía frío. Pero mi vestido valía la pena… O al menos eso creía.

Estábamos platicando entre todos. Pedimos unas bebidas. Y empecé a moverme un poco al ritmo de la música, más por frío que por ya estar en “ambiente”. Intenté improvisar un paso de baile en donde me abrazaba y movía mis manos de arriba para abajo para entrar en calor.  Él volteó a verme con cara de extrañado: “Es que tengo frío”, le dije.

Paso siguiente: se acercó y me abrazó, supliendo mis manos con las de él mientras intentaba quitarme el frío.

Supongo que: ¡Cuero! ¡Qué caballeroso! Es lo que debí haber pensado, pero en realidad:

¿Qué haces?
NOOOOOO.
¡Quítate!]
–¿Mejor? –me dijo con una sonrisa y sin dejar de “abrazarme”.
–Sí… –le dije con una sonrisa forzada, –gracias…– terminé por quitar sus manos de mis brazos.
¡Déjame en paz!

Después Claudia me regaño, al parecer no puedes decirle a un chavo que tienes frío  y no esperar a que te abrace. Al parecer, eso es lo “caballeroso” por hacer. Aparte, me dijeron, así son los hombres: les das un problema y ellos lo solucionan por ti.

Problema: frío

Solución: …. (Pausa para recordar de nuevo el momento y sentirme incómoda otra vez)

Damn it!

Nota personal: Recordar esto la próxima vez que vea a Ricardo.

(Favor de insertar aquí risa malvada estilo Muajaja).

Ok, entonces estás son mis razones de porque le temo al frío, mi odio profundo a las reuniones al aire libre y la encrucijada de cada fin de semana: Quedarme en casa, en pijamada, con mi colchita y viendo Netflix ooo arreglarme, salir, socializar y sufrir todos los estragos que el frío –solo a los solteros, creo– provoca.

Mmm… Difícil decisión.

One thought on “Solterita Frozen

  1. Jajaja no eres la única, una vez en una posada estábamos a 3 grados centígrados y tenía TANTO frío que saqué las cobijas con las que nos íbamos a dormir (me valió queso el glamour jaja) y me las puse encima… me terminaron diciendo la “tía cuquita” jaja… pero al igual sigo sin entender como la gente no tenía frío a 3 grados con airesito y todo

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