La maldición de las palomitas azules

La maldición de las mariposas azules

Después del epic fail de Fulanito en la boda, decidí darme y darle a Tinder una nueva oportunidad. Jamás consideré lo que la nueva actualización de WhatsApp ocasionaría en mi etapa de “nuevo ligue”.

Para mí esas dos palomitas azules solamente es una forma de asegurar que el mensaje ha sido leído, pero no necesariamente que va a ser contestado pronto. ¿Qué tal si la persona está manejando y solamente pudo leer el mensaje? ¿Realmente quieres que se arriesgue a contestarte? O ¿qué tal si está en una junta?, ¿dando clase? Las personas no contestan –creo yo– porque no pueden. O al menos esa es mi razón para no hacerlo. No porque no quiera o no me interese.

Bueno, no todos opinan lo mismo, para algunos es “mensaje leído, mensaje que tienes que contestar en este momento” y más vale que tu respuesta sea inteligente.

“Nacionalidad Confundida”

Francisco era un hombre guapo, que desde que lo vi pensé que tenía una sonrisa muy tierna –eso como que me llama la atención– nos salió match y no tuve que esperar mucho para que él iniciaría la conversación. Después de saludarme y platicar un poco: “Wow, Mimi. Estoy impactado por la cantidad de cosas en común que tenemos”.

Su comentario lo encontré tierno y un poco exagerado… Al parecer a pocas personas en este mundo les gusta la nieve Cookies & Cream, el cine y los perros raza Beagle.

–Me pasas tu WhatsApp

Me dijo que fuéramos a un café con tan solo un día de “conocernos”, bueno de “platicar” como media hora.

–¿Hola?… Si sabes que puedo ver el mensaje como visto, ¿verdad? Si no quieres ir, solamente tienes que decirlo…

¡Sí, claro! Con esa actitud voy hasta el fin del mundo contigo.

–Honestamente, espero no me lo tomes a mal, pero creo que deberíamos platicar un poco más antes de conocernos.

Su respuesta: “¿Te da miedo verme en un lugar 100% público?”.

Dude! ¡No te conozco! ¿Cómo sé que no eres un asesino en serie?

Me cayó mal y consideré bloquearlo, pero apenas lo estaba conociendo. No quería ser demasiado picky.

Platicamos un poco, principalmente la que hacía las preguntas era yo. Después de todo, era la que quería conocerlo mejor antes de verlo en persona. Entonces parecía natural.

–¿Y vos? –me preguntó después de decirme sus hobbies.

¿Es extranjero? Wow…

Instintivamente chequé la conversación de Tinder  y releí lo que acabamos de decir por WhatsApp. Tal vez olvidé preguntarle de dónde era o simplemente no leí esa información.

Noté que no tenía ese dato. Claramente es información que dejamos de lado. Decidí preguntarle después de contestarle a lo que me decía:

–Me gusta escribir, leer, ir al cine, carnes asadas… Soy bastante tranquila la verdad.
–¿Y vos cómo escribes?

Las podía imaginar: Una palomita. Dos palomitas. Palomitas azules.

¿Eh? ¿Pongo mis manos sobre la laptop encendida y empiezo a mover los dedos mientras oprimo las teclas para formar palabras…?

–¿Cómo? –le contesté confundida.
–Uhhh. Que no se supone que la gente que lee mucho es muy inteligente… Ja, ja, ja. No te creas… –comienza a decirme.

Ja.Ja.Ja… Chistosito el tipo y groserito también.

–Sí, ¿cómo escribes? Vos escribes en portátil, a máquina, en pluma…

De nuevo: sentía esas palomitas azules presionándome desde la pantalla de su celular.

Preguntas extrañas por un tipo raro.

–¿No sabes decirme cómo escribes o qué? Jajaja

Ja,ja,ja… Aparte de groserito, ¿presionándome? Ja,ja,ja…Odioso.

–Ahhh… Escribo en mi laptop.

–Mmm… –me contesta.

¿Mmm?

–Hemingway escribía a máquina, de pie, descalzo, con una bebida y una .45 cerca por si acaso.

Hemingway no tenía laptop, ni siquiera tenía esa opción. Y Jane Austen escribía con plumilla de ave y tinta casera. Supongo que debería de ir a cazar un pájaro y empezar a preparar mi propia tinta. Muy del siglo XXI.

–Ahh ok –le contesté tajantemente. –Oye, ¿y de dónde eres? –le pregunté sin importarme cambiar de tema y que obviamente no encontré interesante su opinión en la forma en que tengo que escribir.
–Nací en el DF. Vivo en Monterrey desde que tengo cuatro años y tengo familia en Tamaulipas.

¿….?

–¿Te confunde mi acento?

¡Bingo! Pero más bien es tu forma de escribir, dude. No te he escuchado “hablar”.

–Sí, la verdad eso de “vos” y “portátil” no son palabras que un regio/mexicano usa entonces supuse que no eras de aquí.

–Ahh. Es que mi ex esposa…

Excuse me?!?!?!

What?!?!?!

Abrí la aplicación de Tinder. Me he topado a algunos que sí ponen en su perfil si son divorciados o si están separados. Nada. Él simplemente pone que es buena onda. Chido el tipo.

–… Vivió unos años en Argentina y se me pegó (el acento). Y también estoy leyendo a muchos autores argentinos.

1) Exesposa…
2) ELLA vivió allá, no tú.
3) ¡EXESPOSA!

Y yo leo a mucho autor inglés, ¿entonces debo de adoptar el acento y las expresiones británicas?
…¡Uh! ¡Lo haré!

Palomitas azules. No en mi pantalla, sino en la de él. Sentía como intentaban presionarme para que le contestara, para que escribiera algo, me sentía observada por ellas. ¿Es eso posible?

Era consciente de que lo que estaba por hacer era precipitado. Que uno nunca sabe en dónde puede encontrar a quién, pero la verdad, siendo muy honesta no quería meterme en esa situación. En lo más mínimo.

–Pero bueno, ya hemos platicado un poco más. ¿Qué te parece ese café?

Bloody.Tinder.

–Ahh ok. Sí…. Oye, la verdad voy a ser muy honesta: No me interesa mucho salir a conocer a un hombre divorciado, creo que es muy complicado. Pero mucha suerte ¡y éxito con tus matchs! ¿OK?

¿Ya? ¿Eso fue todo? Por favor que sea todo….

Además, seamos honestos: si hablas como argentino, tu comida favorita es la argentina y lees autores argentinos, pero jamás has visitado ese país en el que tu EXESPOSA vivió por unos años… Claramente ya superaste la relación.

–OK. Si así es como te sientes, pero creo que es una decisión muy precipitada. Creo que deberías de tomar en cuenta de que soy un perfecto desconocido, a quien conociste a través de una aplicación y con quien compartes muchos intereses. Tenemos muchas cosas en común y yo me sentí impactado por eso, pero supongo que tal vez para ti eso no significa nada.

Una palomita. Dos palomitas. Palomitas azules. Ahora podía sentir como inclusive su color enviaba el mensaje: No me interesa. Fríamente, como su color.

Bugger!

Dude! ¿Qué quieres que te diga? ¡No te conozco! No nos tenemos en Facebook, no tenemos amigos en común, no nos hemos visto. Soy solamente una chava a la que le diste like y que dio la casualidad que ella hizo lo mismo contigo. Y que cuando platicamos sí vimos que a los dos nos gusta cierto sabor de nieve, una raza de perros y algunas actividades. El que tengamos tres cosas en común no nos hace un match perfecto.

–Sí, bueno. Supongo que mi opinión es diferente. ¡Suerte y éxito con tus matchs!

Ya no más respuestas. Por fin.

Eliminar conversación.

“Directamente intenso”

Arturo es un hombre de 29 años, barbón –debo de superar mi etapa de la barba–, regio, que vio su vida dirigida hacia la docencia. ¡Perfecto! No espere mucho para que se iniciara la conversación por el chat del Tinder.

–Hola, Mimi. Me da mucho gusto haber coincidido contigo por aquí.
–Jajaja, ok.
–¿A ti no?

Pues, o sea, no te conozco, la verdad, o sea padre platicar con alguien, pero también equis.

–Oye, ¿tienes WhatsApp?

Sentí algo en mi torso, como una punzada que me decía: “No, Mimi. No se lo des”, pero decidí ignorar esa sensación, después de todo lo que quería era conocer gente nueva, ¿no?

–Sí, seguro.

Empezamos a platicar un poco. Normal, tranqui, casual cuando de repente:

–Háblame de ti, ¿ándale si?

¿Qué no es lo que estoy haciendo?

–Emmm… Ok: Tengo 28 años, trabajo en bla bla bla, me gusta ir al cine, salir con mis amigos y familia, leer y escribir. De hecho tengo…

–Perfecto, ¿y qué más? Sigue diciéndome de ti por favor.

Okaaaay…
Primero déjame terminar de responderte y luego continúo.

–Emmm…Estaba estudiando la maestría, pero ya no más. Me gustan las comedias románticas y las de terror y…
–Sígueme contando de ti, ¿sí?.

¿Terminas de leer lo que te pongo?

Vi el mensaje y cerré la aplicación, pues me ocuparía por un momento.

Regresé y:

–¿Ándale si?
–¿Mimi?
–Por favor, háblame de ti…
–¿Estás ahí?
–¿Mimi?
–Sé que viste el mensaje, ¿por qué ya no me contestas? u.u te molestaste…

Los mensajes eran del mismo minuto: 9:12 pm. Lo recuerdo perfectamente.

Wow… Relájate, un ch…orro.

Tuve de nuevo esa sensación en mi torso, pero ahora me decía: “Corre”. Decidí ignorarla, pero por alguna razón ya no tenía ganas de hablar de mí… Ni de preguntarle sobre él, pero tenía que hacerlo, ¿no?

Palomitas azules en su pantalla.. Él en línea. Por sus mensajes sabía que él no era la persona indicada para no contestarle. Rápidamente.

–Dime tú acerca de ti. Te toca. –le dije intentando salirme por la tangente.
–Ok, veamos… Soy un hombre simple con mentalidad complicada. Que le gusta de un rato agradable con personalidades distintas. Me dedico a pasar mi conocimientos a otros, a quienes están buscando un grado profesionista, aunque considero que la creatividad más que ser un conocimiento es un talento que ayudo a otros a encontrar e impulsar.

Ahh okChido.

–¿Y qué te gusta hacer?
–Dime mejor de ti, ¿cuáles son tus sueños y deseos? Cómo es Mimi, quiero saber quién es Mimi…

Dude! ¡No sé! Exactamente qué tanto te puedo decir de mí para que me “conozcas” tenemos como 10 minutos hablando, esto no se puede forzar… El conocer a alguien se da con el tiempo, no en un día.

Respiré profundo. Estoy segura de que su comentario era porque quería demostrar interés, pero había un límite y él lo había cruzado… a los dos minutos de comenzar la conversación.

–Emmm… Soy chaparrita. Me gustan los Beagles y soy alérgica al kiwi.

¡Ya! Ese era mi último recurso. Ya no tengo más que decirte. Lo demás será con el tiempo.

–¿Cuántos novios has tenido? ¿Crees que debemos conocernos? ¿Tienes Facebook?

Nop. No, no, no, no.

Contesté a sus preguntas, menos a la del Facebook, pero obviamente él se dio cuenta de mi falta de respuesta así que volvió a preguntarme. No, más bien dicho a exigirme que se lo pasara: “Me pasas tu Facebook”, me dijo.

Se lo di. Pues ya qué me quedaba. Lo que no recordaba es que lo tenía bloqueado y él no podía enviarme solicitud de amistad. Me dijo que me envío un inbox y que lo checara.

Ok, normalmente ya me había pasado eso: Intentan agregarme, pero no pueden, entonces deciden escribirme. Pero mientras algunos –la mayoría– optaban por “Hola Mimi, soy Bla de Tinder, no te puedo agregar… ¿me agregas o podrías abrir tu Face para enviarte solicitud? Así, bonito. Educado. Este tipo no. Él optó por: “Agrégame”.

Así, tal cual. Decidí que no: Él quería agregarme al Facebook, entonces él debería de hacerlo.

–Oye, no te puedo agregar, pero agrégame tú.

Le dije que abrí mi Facebook, pero creo que se dio cuenta inclusive antes de que le dijera porque ya tenía una solicitud de amistad. Debí no aceptarla.

–Ya. Stalk! Stalk! Stalk!

Estaba con un post para el blog. La verdad ya no quería hablar, pues a pesar de que ya le había dicho que estaba ocupada o 1) no le importó o 2) no lo leyó porque seguía enviándome mensajes.

–Adelante. –le dije animándolo.

Nota mental: ponerlo con acceso restringido.

–Si ves algo que te confunda o que quieras que te explique me dices –me contesta.
–Ahh, no te preocupes. No estoy en Facebook, ando escribiendo….

¿Recuerdas? Te dije desde hace como media hora.

Palomitas azules. Empieza a a escribir y se detiene. Luego solamente me llega un mensaje:

–Buu…

–Y la verdad tampoco hago eso. Si voy a conocer a alguien prefiero platicar, verlo, etc. Se me hace más padre que me cuenten a estarlo investigando. Y también que oso que se me vaya un like o algo así, normalmente cuando stalkeo es a mí misma o pido permiso. Ja, ja.

–Mmm… Bueno, que mal plan. La verdad yo lo veo como un acto de interés sobre la persona.

Personas diferentes, ¿recuerdas? No solamente hay una forma de hacer las cosas…

–Supongo que tengo otra forma de demostrar interés –le contesto fríamente.

…O de no demostrarlo.

Una palomita. Dos palomitas. Palomitas azules.

Le di 3 segundos para una respuesta. Nada. Le agradecí a Dios que por fin se calmara y regresé a mi escritura.

Sábado 7:30 de la noche. Abro mi WhatsApp.

–¿Oye, quieres hacer algo ahorita?

Ok. Seamos honestos: tengo 28 años, así como hay fines de semana en los que se me empalman compromisos, hay otros fines en lo que no tengo problema si no tengo otra cosa que hacer más que quedarme en casa viendo Netflix. Sin embargo, este fin me juntaría a cenar con Claudia. Tenía más de un mes sin verla….

–Qué onda. No puedo tengo compromiso.

–Buuu… ¿qué vas a hacer?

Ni creas que te invito.

–Me juntaré con una de mis mejores amigas a cenar.
–Ahh…

Su “ahhh” no me gustó.

–… Entonces prefieres salir con alguien que ya conoces en lugar de abrirte a conocer a alguien nuevo –me dice.

Si ese “alguien nuevo” eres tú, sí.

–Es una de mis mejores amigas, platicaremos de algo importante y es un compromiso que tengo desde hace días. No le cancelaré de un momento a otro.

Palomitas azules. De nueva cuenta le doy unos segundos para responder. Nada.

Pensé que ahí había terminado todo. Que tal vez fui muy directa, inclusive grosera, pero no iba a poner en segundo lugar a una amistad sobre un hombre que ni siquiera conocía.

Pasaron unos días y pensé que ya había borrado mi celular –yo nunca guardé el de él–, cuando de repente me llega un mensaje:

–Hola que tal.

Damn!

Estaba platicando con una amiga. Salía en línea, no podía no contestarle.

–Aló.
–Hey. ¡Hay que vernos!

Palomitas azules. En su pantalla. Espera una respuesta.

Intenté convencerme: Sí, el chavo era muy intenso para mí con sus preguntas de: dime de ti, dime más, cuéntame, ándale sí, quiero saber quién es Mimi, pero tal vez… No lo sé, debería de darme la oportunidad de conocerlo.

–¿Estás ahí?…
–Sí, está pendiente. Mañana no puedo porque tengo un curso en la tarde-noche y salgo como a las 10. ¿Pero maybe el jueves? –le dije.
–Si sabes lo que significan las palomitas azules, ¿verdad? –me contestó al mismo tiempo en que envié el mensaje. Claramente no vio que estaba “escribiendo”.

No. Mala señal. Nop, yo así no puedo.

–Pues es que el jueves salgo a las 7:30 –me contestó tajantemente.

Okaaay… Supongo que ya no se puede hacer nada después de esa hora.

Decidí no insistir. Después de todo, el que quería que nos conociéramos era él. Yo le iba más a eso de dejar de hablar… Para siempre.

–Jajaja me bloqueaste todas tus fotos, ¿verdad?… –me dijo cambiando de tema.

Vi su mensaje y no me importó responderle. Cambié de conversación a la de Claudia.

Me llegó una notificación de mensaje nuevo: “Número de celular: Palomitas azuuuules”.

¡Estaba intentando ver mi Facebook! Y me exigía que le respondiera rápido. Empecé a sentirme incómoda.

–Para todos. Solo se ven unas cosas…

¡Mentira! Solo para ti y como dos más. Si eres así conmigo, no quiero que stalkees a mis amigos, que andes viendo con quién me junto y así. Si quieres saber algo, pregúntame.

–No estaba así cuando te agregué. De hecho no estaba así hace unos días…

¡Miedo! Miedo, miedo, miedo.

–… De nuevo palomitas azules. ¿No me quieres contestar o no sabes qué decirme?

No tengo porque compartir mi vida –la parte que pongo en Facebook–si no quiero. Tan sencillo como eso.

–No, lo cambié anoche… Para todos. Solo se ven unas cosas.
–Pues no se ve nada.

Mentira. Se ven algunas cosas, lo sé porque se supone que puedes ver lo que tengo como “público”, que no se vea lo que tú quieres… Eso es otra cosa.

–Ahh ok…
–Pero bueno. Solo tú sabes qué escondes.

Estúpido.

–Nada.
–Digo, no es que yo sea de los que se meten a checar todo…

Claro, por supuesto. Por eso me dices que “hace unos días no estaba así”.

–… Pero si me da un poco de desconfianza cuando hacen esas cosas.

Y a mí me da desconfianza que un tipo al que NO CONOZCO quiera ver cosas de mi vida: fotos de mi familia, amigos, lo que me postean en mi muro, lo que comentan en mis publicaciones… Me da desconfianza una persona que –de nuevo– NO CONOZCO quiera “investigar” cosas de mi vida: ¿Quieres saber? Pregunta. Se supone que platicas conmigo, no tengo que decirte ni compartirte aspectos de mi vida si no quiero.

–Ahh ok. Oye, siendo muy honesta: Eres demasiado intenso para mí. Mejor lo dejamos aquí, ¿va?

Palomitas azules.

–No soy intenso, solo soy directo.

PAUSA

El compañero no entiende la diferencia. Veamos, una pequeña clase con ejemplos: 

Frases intensas:

“Dime más de ti, ¿si? ándale si, por favor…” .- porque al parecer es SUMAMENTE necesario conocer todo sobre la persona en los primeros 15 minutos.

“Dime más sobre ti por favor, quiero conocerte, quiero saber quién es Mimi” .- porque una persona puede decirte todo sobre ella en una conversación de WhatsApp

“¿Quieres hacer algo ahorita?” (De que ya) .- porque normalmente la chava va a estar esperando en el último momento a que le digas de salir.

Loser!

“¿Me bloqueaste todas tus fotos verdad?” (la intensidad de la frase está implícita)

Frases directas:

“Eres demasiado intenso para mí. Mejor lo dejamos aquí, ¿va?” .- Se dice lo que se quiere y la razón. Sin rodeos.

PLAY

–Sorry y ¡suerte con tus matchs! –le digo ya sin leer mucho lo que me pone. No sé si es grosero o si me intenta explicar porque según él no es intenso.
–No le veo el caso. Éxito. –me dice.
–Igual.

Palomitas azules.

Borrar conversación.

Cerré la aplicación y me preparaba para dormir cuando no pude evitar pensar que eran dos epic fails seguidos. ¿Acaso era demasiado picky? Tal vez el problema era yo. O probablemente era que aunque sabía que lo de Fulanito no iba a suceder. Nunca. No estaba realmente “lista” para intentar conocer gente por medio de una aplicación. Lo mejor sería conocer personas de la forma natural: en un lugar público, de la nada tal vez, o por coincidir en un evento de un amigo en común… Sí, probablemente debería de hacer eso.

Aun así, no podía evitar sacudir el pensamiento: ¿seré muy picky? ¿La del problema soy yo? ¡No! Un chavo que tenga delirios de nacionalidad confundida y otro intenso y necesitado de atención, no significa que sea picky. Es bueno ser selectiva, mientras no se me pase la mano.

Ya en cama, vi que tenía un mensaje de Alejandra: “Mimi, tengo un amigo que quiero presentarte”.

Sonreí, lo tomé como una señal de Dios de que lo sucedido no fue una exageración, ni un error. Esta es la forma correcta de conocer gente nueva.

–Muy bien Ale… cuéntame de él.

Fin.

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