El sapo que se creía príncipe. Final.

El sapo que se creía príncipe. Final.

Estaba en un evento importante del trabajo con el chavo que me gustaba, pero mis sentimientos eran encontrados –me atraía y estaba enojada con él–, me había quedado mal: casi me dejó plantada y al parecer, era imposible para él reportarse pues ni un mensaje pudo enviarme. Decidí olvidarlo todo e intentar divertirme con él, pero al ver que no podíamos superar su cansancio y que su actitud empezó a cambiar me di por vencida: Sí él no quería ser atento conmigo, ¿por qué debía yo ser buena con él?

Game on!

Mientras Fulanito seguía luchando por mantenerse despierto en mi mente resonaban sus palabras “Relájate. No es para tanto”.

Entonces empecé a sentir como mi mentalidad comenzaba a cambiar: ya no me importaba atenderlo, si yo no estaba pasando un buen rato, ¿por qué debía de esforzarme para que él sí se divirtiera?, si él hacia ese tipo de comentarios, ¿por qué debía yo ser buena con él? ¡Suficiente!

Game on bitch!

Fulanito se fue al baño, entonces yo me cambié de lugar y empecé a platicar con Mony, quería que viera que no era mi centro de atención –aunque toda yo estaba concentrada en él y su maldita barba–,  regresó y no me importó dejarlo sólo por un momento: Era tiempo de tomarme fotos con el equipo de mi área, de tomarle fotos a Mony con el niño que tenía en brazos, con su pareja, burlarnos –sí, lo admito– de los pasos intensos de baile de ciertas parejas o personas –¿quién dijo que era una competencia de baile? – Era momento de disfrutar a mis amigas y de dejar de esforzarme por agradar al chico que me gustaba… y al que le quería depilar con cera caliente la barba.

Vino el mesero, era hora del after: “¿Gustan chilaquiles?”

La verdad no tenía hambre, yo no quise, él sí. Pero bueno, de repente se me antojaron –cambiar de opinión es parte de ser mujer… y de ser inteligente– ya no había. Ni modo: “No importa, él me da”, le dije al mesero segura de mi misma y sin voltear a ver a Fulanito.

Tengo hermanos, primos, amigos, sobrinos. Estoy acostumbrada a compartir y a que me “babeen” todo. A mí no me importaba, pero no estaba segura si a él sí. Obviamente no iba a preguntarle. La meta era incomodarlo y hacerlo enojar. Sí, quería hacer enojar al chavo que me gustaba.

(Favor de insertar aquí risa malvada).

Entonces, llegaron los chilaquiles, él comenzó a comer: “Ten”, me dijo después de dar solamente un par de bocados.

Awwww. ¡Cuero! Me da de su comida…
¡NO! Autocontrol, Mimi. Contrólate.

“Gracias”, le dije sinceramente y arrepintiéndome de mis deseos de venganza, pero al mismo tiempo me obligué a ser mala. Realmente no se merecía mis atenciones.

No encontraba un tenedor limpio, el mesero estaba lejos: “¿Me lo prestas?”, le dije mientras tomaba el de él y sin esperar una respuesta empecé a comer asegurándome de tocar con mis labios el tenedor y llenarlo de babas.

Babas, babas, babas. ¡Ja!

(Sí, nunca he sido vengativa, entonces cuando lo intento es de la forma más infantil y tonta posible…)

Entonces, ¿quería chilaquiles? Comía de los de él. ¿No encontraba un tenedor? Tomaba el de él. ¿No había refresco? Él me daba. Lo hice darme de todo. Todo lo de él.

Me emocioné tanto en mi venganza infantil que me acabé sus chilaquiles: “¡Woops!”, le dije con una sonrisa mientras  limpiaba lo que quedaba de crema en el tenedor.

“¿Me das tantito?”, le dije cuando terminé de comer y mientras agarraba de nuevo su refresco. Al parecer el mesero se dio cuenta de que compartíamos pues jamás trajo el mío.

Le di un trago y  unos pequeños hielos entraron a mi boca. No quise masticarlos, así que los regresé al vaso. Asco, lo sé, pero me ayudaban en mi venganza: “Gracias”, le dije casual,  tranqui mientras ponía de nuevo el vaso en la mesa.

La verdad no sé si se molestó o no, creo que sí porque en su momento lo noté: Serio. Pero no pude identificar si era porque sabía perfectamente cuáles eran mis intenciones. Me preocupaba ser demasiado transparente en lo que intentaba lograr: hacerlo pasar un mal rato.

Entonces mientras yo buscaba otras formas de molestarlo –no me la podía pasar comiendo– y luego noté que tenía la mirada perdida y no dejaba de bostezar. No era consciente de su alrededor, dudo mucho que, aunque tenía los ojos abiertos, realmente estaba despierto.

¡Arrg! ¡Pon atención a mi venganza!

Nos quedamos serios. Él pensando y yo observando su cara embobada. Ash.

¿Necesidad de atención acaso? ¡Pues no! Mi venganza era un plan maestro y solamente quería que recibiera más atención de la que estaba obteniendo.

Me di por vencida, tal vez ese no era el momento. El evento empezaba a terminarse, ya teníamos rato sin bailar. Entonces era hora de irnos: “¿Listo?”, le pregunté.
“Vámonos”, me dijo.

Bajamos por el elevador, en este él no pudo evitar verse en el espejo: “Me bajé la barba y bla bla bla”, comenzó a decirme mientras me presumía su barba mal delineada.

Si estaba consciente de la boda y le importó lo suficiente para arreglarse, ¿entonces por qué llegó tarde? ¿Por qué me quedó mal?

“Oye, estoy cansado. ¿Manejas tú?”, me dijo.

Él tiene un carro estándar. Tenía años de no haber manejado un carro así. Él nunca se ha subido conmigo, no sabe si manejo bien o mal.

“¿Seguro?”, le dije.
“Sí, es que estoy cansado”.

Y síguele con tu cansancio.

Ya en el lobby la mujer en la recepción le dijo que para que le den su auto tenía que darle el boletito al muchacho del valet parking. Al parecer él no etendió lo que ella le explicó, se quedó viendo como menso hacía la nada. De nuevo perdido en sus pensamiento y de nuevo bostezando sin cesar. Entonces la chava me dijo: “Tu novio no me escuchó”.

No tienes la menor idea de que tanto este tipo NO es mi novio…

Nos sonreímos. Ni cómo acabar con su ilusión…

Este es mi momento.

“Sí, es que se siente un poquitito mal… Ya sabes, el pastel tiene lácteos entonces… De repente necesita tomar su espacio”, le dije un poco apenada, pero consciente de que le estaba dando una explicación innecesaria.
“Ahh…”, me respondió un poco incómoda, “tenemos un kit de emergencia”.
“¡Ay! ¡No! Gracias. ¡Qué linda! Pero vive cerca, no pasa nada…”, le dije tranquilamente.

Jajaja, ¡qué oso! Soy una bitch.

Volví mi atención hacia él: “Fulanito, que tenemos que darle el ticket al chavo de afuera”, le dije mientras caminaba hacia la salida sin esperarlo, pero consciente de que el caminaba detrás de mí.

Llegó su carro en cuestión de minutos: “¿Seguro que quieres que maneje?”, le pregunté por última ocasión.
“Sí”.
“Son 70 pesos”, me dijo el del valet parking.
“Yo no pago, solo manejo. El caballero paga”, le contesté descaradamente.
Subí a la camioneta y empecé a mover el asiento y los espejos: “Lo siento, pero estoy chaparrita”, le dje.
“Está bien, no hay mucha diferencia entre tu altura y la mía”.

No tienes la menor idea de lo alto que eres para mí…

¿Por qué será que la gente alta se queja de “lo poco altos que son” con aquellos verdaderamente chaparritos? Ash.

“Mira,  es el boost que me tomé antes de venir”, me dijo mientras me enseñaba la prueba de lo que me contó a su llegada.

¿Cree que no le creo? Sabe que no le creo.

“Mmm…”, fue lo único que le contesté.

Ya en camino empezó la canción de Happy de Pharrell: “¡Uh!… Mi canción”, me dijo mientras acariciaba mi brazo sin abrir los ojos. No estaba segura de cómo me hizo sentir la sensación de su mano en mi brazo.

Wow, así de animado está.

Había tráfico por la antialcohólica, y mientras esperaba nuestro turno para pasar lo volteé a ver. Él se veía tranquilo. Estaba descansando.

Después de varios minutos por fin era nuestro turno: “Buenas noches señorita”, me dijo una mujer policía, “¿alguna bebida?”.
“Claro que no. Por eso vengo manejando”, le dije, “él viene bien borracho”, le comenté mientras volteaba a ver a Fulanito. Ella lo observó por un momento.
Después de unos segundos  y de ver que el susodicho no reaccionaba, las dos nos sobresaltamos cuando se escuchó un solo ronquido fuerte. La voltee a ver con cara de “¿ve?”. “Ok, pase”, dijo mientras le daba una palmadita a la camioneta.

Jajaja, de nuevo: Soy una bitch.

Después de unos minutos la avenida estaba libre. Entonces volteé a ver a Fulanito y noté que estaba dormido y decidí que era el momento de dar el siguiente paso: Jugar con su carro.

¿Había un bache? Le atinaba. A todos. ¿Los bordos? Los pasaba sin frenar… tanto. La cosa era jugar, pero no quería que se despertara.

La verdad esta parte de la venganza fue muy divertida.

Y ¡oh! ¡Belleza! Vislumbré en el camino un gran charco con agua lodosa. Podía sacarle la vuelta, tenía el espacio suficiente. No lo hice llenando así su carro–limpio y resplandeciente– de lodo.

(Favor de insertar aquí risa malvada).

Después ya dentro de mi colonia, en una parte del camino la calle era estrecha pues había autos estacionados por ambos lados. No conocía bien las dimensiones de su carro y en un movimiento le pegué al espejo con el de otro: “Woops!”, dije en voz alta claramente nerviosa. Me excedí en mi venganza.

Noté que él ni se inmutó por el golpe: Nah. Seguro lo ve hasta mañana, pensé mientras bajaba el vidrio y acomodaba de nuevo el espejo.

Llegamos a mi casa. Era momento en que él manejara y entonces mis deseos de venganza cambiaron por preocupación. No quería que se fuera así, necesitaba que se levantara.

¿Y si les digo a mis papás que me acompañen a dejarlo? ¿Qué me sigan a su casa y luego nos regresamos? ¿Le pido un taxi? ¿Le hablamos a alguno de sus amigos? ¿Le doy café? ¿Otro boost? ¿Un munster? ¡Dios! ¡Esto no es problema mío!

“¡Fulanito!”, le dije en voz alta, “necesito que estés despierto unos minutos antes de irte, necesito saber que vas estar bien, que puedes manejar”.

Abrió los ojos, me sonrío, los volvió a cerrar. Nada.

Necesitaba despertarlo.

“¿Quieres ver mis bubis?”, le pregunté de la nada.

Pregunta más estúpida no pude elegir. Me sentí una zorra empedernida al preguntarle eso, pero realmente necesitaba recuperar su “interés” para que se despertara. Supuse que mis bubis serían una buena táctica.

“Sí”, me dijo sonriendo, pero sin abrir los ojos.
O sea, ¿cómo? Sí, ¿pero no abres los ojos?
“Ok”.
“Seeee”, me dijo con una sonrisa aún más amplia y de nuevo acariciándome el brazo.

No supe bien porqué, pero esa reacción me hizo sonreír. ¡Ash!

Maldito bitch!

Seguía con los ojos cerrados: “Bueno, a ver…cuéntame porque tan desvelado, ¿a cuántas fiestas fuiste hoy?”, bromeé.
“Esa no es una buena pregunta, estoy desvelado porque me desperté muy temprano y nada más”, me dijo sin abrir los ojos y claramente molesto.

De nuevo él era el molesto…

Maldito bitch!

“…Estaba bromeando, era para que te rieras y despertaras”.

Maldito bitch!

“¿Te molestaste?”, no pude evitar preguntarle, a pesar de todo me educaron para evitar que la gente se enojara, sobre todo si me acompañaban a un evento.
“No estoy tan cansado”, Sentí como me empezaba a hervir la sangre mientras volteaba hacia otro lado. Aunque estuviera dormido, no quería que se diera cuenta de que me molestó su comentario.

Maldito bitch. Maldito. Maldito bitch.

Me quedé en silencio mientras él dormitaba.  Consideraba si bajarme y dejarlo así o esperar a que reaccionara.

¿Parecería pancho si me bajo de repente? No somos nada, no puedo hacerle pancho, se vería raro.

Por alguna razón, no quería que él supiera que estaba molesta, no quería que él viera que me afectaba su comportamiento.

Entonces pensé en la cosa más infantil que pudiera hacer en el momento: Asustarlo. Él estaba en el asiento del copiloto dormido, su respiración se empezaba a ser más pesada y se veía tranquilo. En paz, como si realmente estuviera descansando.

Sin pensarlo dos veces me desabroché el cinturón y sin saber bien qué hacer empecé  a luchar con mi vestido para apoyar mi rodilla derecha en mi asiento, y entonces lentamente me acerqué a él. Su cabeza estaba inclinada, así que no alcanzaba su oído izquierdo. Empecé a acercarme para alcanzar su oído derecho y gritarle. Aún no estaba segura en qué: ¿¡Bu!? ¿!Fulanito!? ¿¡Despierta!?… Tenía muchas posibilidades y poco tiempo para tomar una decisión. Sabía que el momento de actuar se acercaba cuando me detuve en seco.

Jamás había estado tan cerca de él. Nunca había estado cara a cara tan cerca de él. Unos centímetros y ya.

Sabía lo que estaba haciendo. Era consciente de que si él se despertaba en el momento se asustaría pero no por la razón indicada: pensaría que soy una enferma mental que lo estaba observando dormir demasiado cerca, que tengo un problema en entender lo que es el espacio personal, probablemente me pegaría con su cabeza en la nariz al despertar. Sabía todos los posibles escenarios de la forma en que podría terminar esto. Y todos eran malos.  No me importó.

Él dormía y yo estaba cerquitita de él. Podía de nuevo oler su loción y por primera vez sentí que podía realmente observar su cara, entonces recargué mi brazo derecho en su asiento para poder equilibrarme mejor y observé la forma de sus entradas las cuales me dieron un poco de ternura.

¿Mucho estrés Fulanito? Creo que es momento de relajarte, no lo sé, una mujer en tu vida, ¿tal vez? Una chaparrita, carnosita, intensa, medio loca, celosa, bipolar, que tenga ansiedad por tu barba, que no sea muy buena cocinando pero que está dispuesta a mejorar para cocinar algo para ti, que es  más creativa que numérica, un poquito dramática y que se chivea fácilmente con tan solo verte…

Sonreí ante mi propio pensamiento. Entonces comencé a ver la forma de sus cejas, sus pestañas, la curva de su nariz y de nuevo, sus labios.

Se me antojaba tanto acariciar con mi dedo índice la forma de sus cejas.

¿Sentirá?

Sabía que si se despertaba todo lo que había con él, amistad o lo que fuera, terminaría.

¿Qué clase de chava hace eso? Tal vez era por mi edad, tal vez me sentía más segura de mis acciones o tal vez, simplemente, ya no me importaba lo que pensaría de mí sino más bien me importaba hacer lo que yo quería.

Moví mi mano izquierda como preparándome para tocarlo y mordí mi labio no muy segura de si era el mío el que quería morder.

¿Qué vas a hacer? No es un bello durmiente. ¿Cómo funcionaría esto?

Y de repente, empezó a roncar.

Suficiente.

Sacudí mi cabeza arrepintiéndome de mis acciones y deseos, solté una pequeña risa que demostraba lo tonta que me sentía.  Respiré profundo mientras volvía a sentarme en mi lugar y después de voltearlo a ver una vez más abrí la puerta de la camioneta: “Bueno, tengo que entrar. Muchas gracias por todo”, le dije mientras empezaba a tomar mis cosas.

Él despertó de repente.Sentí de nuevo una avalancha de emociones, pero sobre todo coraje y decepción. Y desilusión, mucha desilusión.

“Bueno”, le dije como para darle a entender que no tenía interés alguno en estar parada ahí con él, menos si él no decía nada. Nos despedimos de beso en el cachete. Obviamente… ¿Realmente el momento daba para algo más?

“¿Cómo salgo de aquí?”, me preguntó.

Ahora si tengo toda tu atención, ¿verdad?

Maldito bitch!

Le expliqué vagamente, no tenía ganas ni el humor necesario para ayudarlo.

“Gracias…por hoy”, le dije de mala gana volteando hacia atrás pero aún caminando hacia la puerta.

Subí las escaleras y cerré la puerta, sin esperar ni voltear a ver si se iba, se quedaba o qué.

Todo había salido mal: El evento al que tanto esperaba que llegara porque iría con el chavo que me gustaba fue un fracaso.  Se supone que estaríamos solos, que platicaría y bailaría con él. Se supone que sería divertido. Estaba esperando con ansias ese día y ¿qué pasó?

Empecé a sentir en cada parte de mí una tristeza y una gran desilusión, y cómo el sentimiento estaba a punto de explotar y salir de mi cuerpo a través de lágrimas. Me quité los zapatos y después de respirar profundo caminé a mi cuarto consciente de que estaba por llegar el momento de hablar con Marianita.

Entré a mi habitación, conecté mi celular al cargador y me senté en el piso y recargada en la pared le marqué a Marianita. Ella no tardó en contestarme: “Fue horrible”, le dije, “¡Ash! O sea, neta que… me choca. Me choca. Me choca. ¡Me choca!”, le dije conteniendo unas lágrimas.
“Cuéntamelo todo”, me pidió.

Después de hablar con Marianita, ya en cama e intentando dormir me di cuenta de que con Fulanito viví cosas nuevas. Que hace mucho –años, para ser honesta– no conocía a un hombre que me hiciera sentir todo lo que él había logrado.

Que tal vez su papel en mi vida era solamente ser ese chavo, el que volvería a despertar en mí el deseo de tener una relación: de querer apoyar a alguien, de querer cuidarlo, de querer… Amar.  Fui consciente de que probablemente su misión –en mi vida– era volver a despertar esas ganas de sentir Hambre por Mariposas: tener esa emoción que recorre todo tu cuerpo cuando ves a alguien que te gusta y que sin importar el día y la hora quieres verlo, conocerlo mejor.

Él me hizo sentir mariposas en el estómago. Él me dio eso, pero sobre todo gracias a esta experiencia sabía que el sentimiento no era mutuo: no le gustaba. Y no pasaba nada. Yo estaba bien. No iba a perder más tiempo intentando averiguar algo que en una noche comprobé: Él no sentía lo mismo por mí.

Y ahora sabía también que yo quería una relación. Que por fin estaba lista para dejar la banca y volver al juego, conocer más chavos –de preferencia barbones y puntuales–, de ser cortejada, de encontrar a un hombre que me viera en mi vestido, parada al final de las escaleras y que se pusiera nervioso y se emocionara como yo, que sonriera al verme, así como le sonreí yo. Y que sobre todo viera lo que valgo y lo que merezco.

Fui consciente de que tal vez –solo tal vez–, aunque me doliera aceptarlo, Fulanito era solamente mi historia “de amor” de verano.

 Fin. 

4 thoughts on “El sapo que se creía príncipe. Final.

  1. 😦 qué triste! Bueno, qué les pasa a los hombres hoy en día?! No hay interés, o no la muestran, no quieren compromiso, en fin… Desafortunadamente mi hermana está viviendo la misma situación ahorita… Ash! Estos hombres de la era moderna…

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    • ¡Sí! Pero lo padre es que estás experiencias, o bueno, experiencias buenas Y malas dan mucho material para escribir =).
      También, aunque me pongo como personaje y las historias son “basadas en hechos reales”, solamente son eso… historias “basadas”, le meto mucha ficción y todo lo exagero: ¿el chavo me gusta? ¡Es el padre de mis hijos no nacidos! y cosas así =)

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  2. Me gusto mucho la historia!!! Senti que estaba en la fiesta y cuando mencionabas las canciones, también las ponía en mi iPod y las escuchaba mientras lo leia.
    Sigue escribiendo! Escribes muy bien!
    (pd. El plan de venganza me encanto jajajaj)

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