El antro y el elástico flojo

De antro y con elastico flojo

Voy a ser muy honesta: Estoy por cumplir 29 años y desde principios de 2014 que no iba a un antro. Sí, a ese lugar en donde personas jóvenes pero mayores de edad –se supone– se reúnen vistiendo sus mejores lookspara bailar, beber, tomar muchas fotos y bueno, divertirse en la noche.

Entonces cuando una amiga nos avisó: “Me voy a festejar en el antro Moda”, me emocioné y corrí hasta mi clóset como una persona que está por descubrir un mundo nuevo para ver qué outfit me pondría esa noche.

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Confesiones de una blogger

Confesiones de una blogger

Ok. 12:00 am, ya se publicó el post de hoy, pienso mientras abro la aplicación de WordPress en mi iPad para checarlo. Veo que todo está en orden y decido por fin dormir. Pasan no más de quince minutos: ¿Y sí olvidé algo? ¿Corregí los errores que me dijo Nancy? ¿Y si puse un nombre real?

Vuelvo a checar la entrada. Falsa alarma, todo está en orden.

Esto es solamente una prueba de lo que me sucede cada martes. Sí, me da un estilo de paranoia, pero hay más cosas detrás de cada uno de mis posts.

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La maldición de las palomitas azules

La maldición de las mariposas azules

Después del epic fail de Fulanito en la boda, decidí darme y darle a Tinder una nueva oportunidad. Jamás consideré lo que la nueva actualización de WhatsApp ocasionaría en mi etapa de “nuevo ligue”.

Para mí esas dos palomitas azules solamente es una forma de asegurar que el mensaje ha sido leído, pero no necesariamente que va a ser contestado pronto. ¿Qué tal si la persona está manejando y solamente pudo leer el mensaje? ¿Realmente quieres que se arriesgue a contestarte? O ¿qué tal si está en una junta?, ¿dando clase? Las personas no contestan –creo yo– porque no pueden. O al menos esa es mi razón para no hacerlo. No porque no quiera o no me interese.

Bueno, no todos opinan lo mismo, para algunos es “mensaje leído, mensaje que tienes que contestar en este momento” y más vale que tu respuesta sea inteligente.

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El sapo que se creía príncipe. Final.

El sapo que se creía príncipe. Final.

Estaba en un evento importante del trabajo con el chavo que me gustaba, pero mis sentimientos eran encontrados –me atraía y estaba enojada con él–, me había quedado mal: casi me dejó plantada y al parecer, era imposible para él reportarse pues ni un mensaje pudo enviarme. Decidí olvidarlo todo e intentar divertirme con él, pero al ver que no podíamos superar su cansancio y que su actitud empezó a cambiar me di por vencida: Sí él no quería ser atento conmigo, ¿por qué debía yo ser buena con él?

Game on!

Mientras Fulanito seguía luchando por mantenerse despierto en mi mente resonaban sus palabras “Relájate. No es para tanto”.

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