Soltera, confundida y en Tinder

Tinder

Como buena mujer soltera y desempleada –en su momento– no tenía nada que hacer y un día me reuní con mis amigas para comer en un centro comercial. Fácil y sencillo porque “así cada quien come lo que quiere y no nos tenemos que poner de acuerdo”…. Casi la mitad terminamos comiendo lo mismo.

… Ok, entonces ya cuando terminamos, en la plática me dice una de ellas: “Leva, ¿ya viste la nueva aplicación para conocer chavos?”

(Sí, me dicen Leva. Esa es otra historia).

“¿Cuál?”, le contesto con curiosidad.

Mi amiga –llamémosla: Romina– me dice cómo funciona y cuántas amigas la están utilizando.

“Pues, la bajo”, le digo cuando termina de explicarme.

Instalo la aplicación y empiezo a deslizar mi dedo hacia la derecha y hacia la izquierda.

Match! No like. No like. Nop, no, no, no. Like, like, like. Match! Match!”, empiezo a decir en voz alta.

“La hemos perdido”, escucho que dice una de ellas.

Bueno, para los que no saben, Tinder funciona de esta manera:
1. Instalas la app en tu celular.
2. Conectas con Facebook (no publican nada, solamente toman fotos de perfil, primer nombre, edad e intereses o amigos en común).
3. Y ¡a elegir! Si pasas para la derecha o  le das click al corazón es “Me gusta”, si deslizas para la izquierda o le das click a la tachita es “Gracias por participar. Next!”.
4. Si te gusta y le gustas, ¡felicidades! Tienes un nuevo match y ahora puedes platicar con él via chat de Tinder.

Pero bueno, una cosa es que te guste la persona de la foto, otra es la personalidad que “sale a relucir” en la conversación.

Miedo.

Entonces, en mi experiencia, de entre todos los chavos con los que he hablado, han destacado unos muy buenos: chavos que por respeto… Y porque me cayeron bien… Y porque a algunos los tengo en Facebook… Y porque con algunos aún hablo, no los incluiré en este post. Nop.

Este post es para esos chavos… Los perfiles más peculiares con los que me ha tocado hacer match.

Primera ronda –entiéndase- la primera vez que bajé la app

El “desperate househusband”

Ok, conozco a muchos y muchas que utilizan Tinder porque quieren tener una pareja. ¿Qué tiene de malo? ¿Quién no quiere amar y ser amado? ¿Apapachar y que lo apapachen?

Entonces empecé a deslizar: izquierda, derecha, derecha, derecha, izquierda, izquierda, izquierda… IZQUIERDA.

Y entonces tengo un match. El chavo se ve bastante decente en su foto, hasta bonachón. Me cae bien no más con verlo. No tarda en saludarme. Perfecto.

Platicamos casi todos los días por una semana y luego:

“Oye, ¿tú te quieres casar?”, me pregunta Carlos de la nada.
“Sí”, le contesto.

Normal.

“¿Quieres tener hijos?”, me dice.
“Sí, unos tres o cuatro”, le digo relajada.
“¿Quieres trabajar cuando seas mamá o ser ama de casa?”

Empiezo a entender lo que tal vez sentía Fulanito (Aquél que no comprenda la referencia favor de leer: Hambre por Mariposas. Final, o de preferencia todo “Hambre por Mariposas”).

“No sé, yo creo que cuando están chiquitos quedarme con ellos, ya después que son más independientes volver a trabajar, pero también depende de que se pueda y que mi esposo quiera”, le contesto.
“¿Cuánto tiempo crees que es lo ideal antes de que una pareja se case?”

No seas paranoica Mimi. Él solamente está preguntando, es una conversación. No es personal. No significa nada. Esto no significa nada.

“Emmm…. No sé, unos… ¿Tres o cuatro años?”, le digo.

La verdad no creo eso, creo que depende mucho de las personas y de la relación, pero no quería ser honesta con él. Algo me decía que no debía ser honesta. Con él.

“Muy bien”, me dice.
“¿Por?”, le pregunto sin poder contenerme.

¿Por qué Mimi? ¿Por qué preguntas si no quieres saber?

“Es que yo me doy cuenta a la tercera salida si una chava es una chava con la que me puedo casar y formar una familia”, me explica.

Empiezo a ponerme tensa y nerviosa.

No seas paranoica Mimi. ¡Qué egocéntrica! Él no te está queriendo decir nada. Esto no es nada. Es una conversación. No es nada. NO. PASA. NADA.

“Ahh, ok”, es lo único que le puedo decir.
“Entonces, ¿cuándo vamos por un café o a cenar o algo?”, me dice  casual, tranqui.

Corre.

Strike 1, Tinder. Strike 1.
“Gris. Chuy Gris”
Primer nombre real, el apellido es inventado. Le di like, me dio like. Me saluda y platicamos.

“Hola”.
“Aló”, le contesto.
“¿Cómo estás?”, me dice.

Hasta ahorita todo muy normal.

Pasamos a la pregunta: “¿qué haciendo?”, le cuento que estoy con mi familia en una reunión en la que –me doy cuenta que– no ponía atención y empezamos a platicar sobre el hecho de que aún vivo con mis padres.

Discutimos un poco sobre eso: si aún pido permiso o solamente aviso,  que tanto salgo y tan tarde…

“Vivo con ellos, así que debo de respetarlos, solo aviso, pero no soy muy tardada”, le digo.
“¿Sabes lo que es la sumisión?”

¡Oh! ¡Inocente Mimi!

En mi defensa, estábamos hablando de los papás, no entendí en qué momento cambiamos de tema.

Ahora este me salió culto.

“¿Cómo?”, le contesto confundida.
“¿Te explico?”, me dice.
“Bueno…”

Comienza a explicarme…

(Pausa para recordar explicación y poner cara de “WTF?”)

Ewww!
¡Asquito!

¡Oh! ¡Inocente Mimi! Inocente, inocente, Mimi…

No voy a publicar su explicación. Soy católica.

Pero si diré lo siguiente: El joven de 32 años se creía Christian Grey región 4, pero sin dinero, sin la apariencia física y sin la actitud, y buscaba a su Ana.

Obviamente, lo bloqueé de la aplicación.

Muy mala señal de Tinder, Mimi. ¡Pésima señal!

Lo pienso como 4 segundos. Decido que esto es demasiado. Olvido mis otros “match”.

Strike 2 y 3, Tinder.

Borró la aplicación.

Segunda ronda. Porque todos –menos Chuy Gris– nos merecemos una segunda oportunidad.

Pasó un tiempo, como unos dos meses y ¡oh! ¡Sorpresa! Dos de mis amigas más cercanas conocieron a sus respectivos –entiéndase: novios– por Tinder.

“Bájalo amiga, está divertido. No tiene nada de malo”, me dice una de ellas.

“Ay, no sé…”, le contesto.

“¿Qué tienes que perder?”, me dice la otra.

Me decido y cuando estoy en mi casa me preparo mentalmente y bajo de nuevo la aplicación agregando un nuevo filtro a mi toma de decisiones: ¿Tiene cara de psicópata sadomasoquista?

Empecemos.

“El buen vecino desesperado”

La conversación empieza normal como los demás, después:

“Oye, me sale que estás muy cerca, como a cuatro kilómetros. ¿En dónde vives?”
“Emmm.. ¿En mi casa? :)”, le contesto.
“Ja, ja, ja… Chistosita. No, ya en serio…”
“Vivo en la casa de mis papás”.
“¿Pero en dónde? A lo mejor ya te conozco y ni en cuenta”.

Mi foto sale en Tinder, tu foto sale en Tinder. Si nos conociéramos, lo sabríamos.

“En el cerro…”.
“Ja, ja, ja… Sí, obvio, yo también, ¿pero en qué colonia?”
“En el Sol… de La Silla… que está En el Bosque… Viejo….”.

Capta la indirecta. Se desespera y se va.

Dude! ¿Cuál es la prisa?

Primera vez que un chavo me borra de Tinder…

Awww…

Ya le iba a decir… Mentiras de dónde vivo.

Pos, bueeeeno.

“El necesitado”

Chavo de treinta y tantos de Suramérica, está en Monterrey estudiando su maestría y busca hacer amigos.
Me pide el whatsapp y platicamos seguido, el chavo se aplica: mensajes todos los días, ¿cómo estoy?, ¿cómo me ha ido?, etc.

Un día decide que quiere que juguemos a “Preguntas”… Porque al parecer no me había preguntado ya suficientes cosas:

“¿Qué te gusta y no te gusta de mí?”, me pregunta.

Dude! No te conozco, ¡no sé!

“Me gusta que eres platicador y… No me gusta que me preguntas cosas que no sé cómo contestar”.

No tengo la menor idea de qué preguntarle.

“¿Y a ti que te gusta y qué no?”
“Me gusta que eres una chava que se nota que eres de buena familia, estudiada, bla bla bla. Lo que no me gusta es que te tardas mucho en contestarme cuando te mando mensajes”.

Estoy trabajando. No vivo pegada al celular. Tengo una vida.

Siguen las preguntas, muchas de las mías son “¿y tú?” o “¿y a ti?”. Probablemente porque no sé qué preguntar o porque realmente no me interesa saber.

Él sí quiere saber cosas.

“Dime tus guilty pleasures. Tres, pero que sean kinkys”.

Flojera.

“La verdad no hablo de eso. No es por mojigata, ni por conservadora o mamona. Pero ese es un tema que solamente hablaré con un hombre, que solamente uno va a conocer en su debido momento. No es algo que necesito, ni quiero compartir con otras personas… Sorry! Si quieres hacer otra pregunta ¡adelante!”.

Se molesta. No me sorprende y me sigue haciendo preguntas.

Quiere que le describa a mi hombre ideal. Lo hago.

Le pregunto sobre su mujer ideal. Honestamente se veía mal si no le preguntaba.

“Mira, la verdad no hablo de eso… bla bla bla bla bla”, me da el mismo speech que le di hace unos minutos.

El tipo tiene 32 años.

¡Qué inmaduro! Flojera. TOTAL.

“Ahh ok, no hay problema. Te toca”, le digo honestamente.
“Del uno al 10, ¿qué tantas ganas tienes de conocerme?”

¿Después de tu reacción de niño de cinco años y de lo que me acabas de decir? Cero.

“Emmm… un siete o un ocho. La verdad así como vamos está bien, ¿cuál es la prisa?”.
“Ahh ok. Tip: Me voy a mi casa en diciembre”.

Tip: No me importa.

“Ahh ok, oye le continuamos mañana, ¿va?”, le digo.

Obviamente, jamás volví a hablar con él.

“El amigo de todos”

Este chavo es de esos “doble cara”: En su foto de perfil de Tinder sale en una convención, con lentes, sonrisa tímida… Ñoño. Él podría ser la definición de ñoño, ¿qué podría salir mal?

Bueno, con Barney todo fue normal: nos damos like, platicamos, me cae bien, vemos puntos en común y me pide mi celular para platicar por whatsapp.

Empezamos a hablar y de repente:

“Yo soy casado, tengo una hija de tres años, no busco nada de aventuras ni infidelidades”.

Ok, hombre CA-SA-DO, ¿entonces qué buscas en Tinder?

“Bajé la aplicación por cosas del trabajo: para monitorear y bloquear la aplicación”

OK, eso explica porque la bajaste, pero ¿por qué la usas?

“Y es una herramienta que utilizo para hacer nuevas amigas”.

¡JA! ¡Claro!

Esta aplicación es la mejor opción que tienes para hacer “nuevas amigas”. No el trabajo, el gym, un hobbie, o las amistades de tu señora esposa… No, la mejor opción para hacer nuevas amigas como un hombre casado: Tinder.

No puedo evitarlo. En lugar de cancelar el match, mi impulso me hace preguntarle más: “¿qué piensa tu esposa de esto?, “¿sabe?”, “¿es como muy liberal?”

Al parecer es un hombre tímido que no hace amistades fácilmente y que tiene mucho amor, cariño y consejos para dar. Él te quiere y quiere que tú lo quieras de vuelta.

Él ve mi curiosidad como algo tierno o gracioso…o peor aun: como señal de interés.

“Me caes bien, Mimi. Quiero conocerte. Te invito un café… ¿Cuándo puedes?”

Ooooo-kay.

1.Cancelar match.
2.Reportar persona.
3.Borrar Tinder.

¿La tercera es la vencida?

Dos o tres meses después de ese último “mal encuentro”:

“¡Mimi! ¿Adivina qué?”,  me dice una amiga.
“¿Qué?”, le contesto.
“!He tenido muchos dates!”, me dice –o mejor dicho: grita– emocionada, “¿adivina cómo?”
“¿Cómo?”
“Bajé Tinder. Obvio te encuentras de todo, pero de repente hay chavos muy buena onda… Deberías bajarlo”.

Ne, ne, ne, ne, ne.

La detuve y le conté estas historias que publico. Creo ahora ella se va por la app y sus dates con más cuidado. Espero.

Admito, algunas personas aún intentan convencerme de que vuelva a instalar la aplicación, pero creo que la última vez tomé la decisión correcta: Le dije a aquellos chavos que me caen bien y me dan buena espina que ya no me sentía cómoda en Tinder y que quitaría la app. Intercambiamos whatsapp y seguimos platicando.

Sé que en la app –como en la vida real– una se puede topar con todo tipo de personas: honestas, infieles, intensos, pervertidos, tímidos, etc. No estoy diciendo que Tinder sea malo, solamente que creo –o bueno, en mi caso “sé”– que no es para todos, en especial para aquellos que no tenemos la paciencia de ser coquetos via chat.

Tinder puede ser muy divertido, confuso y complicado. No es fácil y no es para todos. En definitiva no es para mí. No necesito bajar la aplicación una tercera vez para darme cuenta de eso.

A mis 28 años soy lo suficientemente adulta y segura de mi misma para decir: Sí, usé Tinder y no, no me gustó.

Regreso al mundo tradicional “de los viejitos” en donde tal vez sea más “difícil” –o menos complicado, depende de quien lo vea– conocer gente… En persona, cara a cara, en un ambiente casual, de preferencia con amigos en común y en un lugar público.

¡Adiós!

3 thoughts on “Soltera, confundida y en Tinder

  1. Pingback: 50 veces más… ¡Ah! ¡No! Espera… ¿Es el mismo otra vez? | Leva Mimi

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s