Yo pedía por ti

Yo pedía por ti
“Las cartas de amor se empiezan sin saber qué decir,
y se acaban sin saber lo que se ha dicho”, Jean Jacques Rousseau.

   Durante todo el trayecto, mientras manejaba, pensaba en todo, pero nada en específico. Era como si estuviera yo en automático. Sabía a donde me dirigía y era consciente de mis cambios de carril y demás, sin embargo, no tenía toda mi atención en el camino. Realmente es un milagro que no me haya involucrado en un  accidente automovilístico.

   Suelo ser muy comunicativa, pues aún a mis 28 años vivo con mis padres y mi hermano menor, sin embargo, hoy al cuestionarme a dónde iba solamente dije: Unas vueltas. Eso es todo.

   Al bajarme del carro, sentí que la tarde estaba fresca, muy fresco para ser un día de abril, y el cementerio estaba solo: no veía trabajadores y ni gente visitando a sus seres queridos. Solamente se veían los árboles y las flores bailando al ritmo del viento.

   Tomé la carta entre mis manos. Venía a cerrar un círculo que, siendo honesta: Jamás empezó, pero que sentía sí merecía reconocerlo, reconocerlo como lo que fue: Una posibilidad, una oportunidad perdida.

   Sabía cuál era su lugar, no había asistido al velorio ni al funeral, porque… Bueno, realmente ya no importa, eso es del pasado, pero… Sabía hacia dónde dirigirme. Los arreglos florales y la tierra fresca me indicaron el camino. Entonces lo vi:

Mateo García Hernández

1983- 2014

   Tan pronto leí, me detuve de golpe. Empezaron a brotar en mis sentimientos, sensaciones que no podía distinguir, era como una mezcla de inmensas ganas de gritar y salir corriendo, y al mismo tiempo arrodillarme y llorar.

   Sentí como la sensación de error recorría todo mi ser, no quería estar ahí, ¿acaso hice lo correcto?

   Volteé a ver mi carro, podía irme, dejar la carta e irme, pero entonces, ¿cómo sabría él lo que dice?, ¿realmente el solo entregarla me daría paz?

   Lo consideré por un momento, mi mente perseguía una emoción y mi corazón intentaba racionalizar  un sentimiento. Estaba hecha un desastre.

   Finalmente decidí honrarlo, no hacerle perder el tiempo y comencé a hablar.

   -Hola, Mateo… Realmente no sé qué decir, simplemente que, que yo sé que debe de ser muy extraño verme aquí, porque no fuimos unidos, no… no tenemos anécdotas que nos unan, ni historias que podíamos compartir con los demás. Solamente…

   …Solamente quería decirte, decírtelo a ti, porque creo que aunque te conocí poco, te conocí lo suficiente para darme cuenta, para notarlo… Y, lamento mucho que haya sido demasiado tarde…-

   Estoy hablando sola. Pensé mientras me acomodaba el cabello y volteaba a mí alrededor. Respiré profundo y sosteniendo fuerte la carta, continué:

   -Lamento mucho lo que te pasó.

Qué estúpida.

Sonreí nerviosamente.

   -… Tú sabes a lo que me refiero. ¿Te acuerdas cuando nos conocimos? Bueno, después de eso, después de lo que platicamos, llegué a escribir esto y, al final… Pensaba guardarlo, inclusive llegué a considerar echarlo a la basura, pero… Algo me obligó a guardarlo.

   -¿Crees en Dios?, bueno… Supongo tú tienes ya la respuesta.- Murmuré.

   -Yo sí, así que… Bueno, supongo es más fácil si solamente lo leo. Esto es lo que escribí, es para ti, aquí va.

   Respire profundamente, y acomodé mi cabello para dar tiempo a que mi corazón se tranquilizara, a pesar de que no recibiría respuesta alguna, me sentía vulnerable.

   Aclaré mi garganta y comencé:


31 de marzo de 2014.

 Mateo:

Dicen que una buena carta comienza sin saber lo que se va a decir y termina sin saber lo que se ha dicho, veamos…

No sé cuántas cartas has recibido en tu vida, pero sé que nunca una de parte mía… supongo solamente queda por decir – o escribir, mejor dicho- lo que tengo que compartirte:

Yo rezaba pedía por ti.

Te conocí hace tiempo, pero no lo supe hasta hoy que tuve la oportunidad de realmente conocerte platicar contigo.

¿Sabes la peor parte de todo esto? Te conocí demasiado tarde… Sé que eres religioso, un hombre de Dios… Yo también soy religiosa, o al menos intento serlo. Y hoy… Tengo una gran duda en mí: “¿Por qué? ¿Para qué?”

Realmente no entiendo – y tal vez nunca lo haga- pero realmente me lo pregunto: ¿Para qué conocerte si llegué demasiado tarde?

Yo pedía por ti. Luego te conocí.

Por favor, Mateo, no te asustes. No es mi intención crearte un mal momento, incomodarte, pero sí quiero admitirlo: Cuando nos conocimos, cuando platicamos, me di cuenta de eso: Yo pedía por ti.

Buscaba – y aún lo hago- a alguien como tú.

Y no me malinterpretes, sé que no eres perfecto, en poco tiempo llegué a conocer tus defectos, pero sí…

Yo pedía por ti.

Lo escribo y lo vuelvo a escribir porque… Porque inclusive yo aún no lo creo, ¿cómo es posible pedir por alguien, alguien que no conoces, que sabes que no existe y luego darte cuenta de que estaba ahí, cerca de ti, todo este tiempo?

¿Y para qué conocerlo sabiendo que es demasiado tarde?

Yo pedía por ti. Hoy me di cuenta de eso.

Pero también me di cuenta de muchas cosas: Me di cuenta de que mi tempo es pésimo, que tengo defectos –a mí parecer superficiales y banales- pero que sé que para ti con ellos, “no hay trato”.

Me di cuenta… Me di cuenta que probablemente yo no soy por quien tu pedías.

¡No soy una mártir! Me niego rotundamente a serlo, pero, si quiero que te pongas en mi lugar, es que… ¡Mateo, imagínatelo! Piensa en el siguiente escenario:

Ves a una persona, te llama la atención, unas cuantas pláticas sobre el clima y le pierdes el rastro. Un año después te reencuentras con esa persona, y te das cuenta de que a quien has estado esperando, solo para darte cuenta de que esa persona no te esperaba a ti, que esperaba a alguien más y que la ha encontrado.

Sé que es algo muy intenso de leer…- Levanté la mirada y observé la lápida.

-… De escuchar, y reitero: No es mi intención incomodarte, pero sí creo que deberías de saberlo, Mateo:
Quiero que sepas que con todo lo que me compartiste, como te comportaste, tus acciones, tus palabras… Me ayudaste a darme cuenta de que eras tú por quien yo pedía.

Yo no soy para ti, tú estás con alguien más. Está bien, en serio. No hay problema, ¡lo juro! , solamente quería compartirte lo que descubrí.

De hecho, esto es algo egoísta, es para mí desahogo, y nada más. No espero… No esperaba nada a cambio.

No creo volver a verte, o al menos necesito alejarme un poco, tú sabes… Me gustaría tenerte en mi vida, pero no creo que sea sano para mí, al menos no ahorita. Pedí por ti, pero no quiero tenerte en mi vida. No asi.

Simplemente, me gustaría que tú también hubieras pedido por mí.

Y bueno, quería compartirte esto. Siempre lo pensé, lo tuve presente, porque creo que es algo hermoso, algo totalmente fuera de lo común. Pedir por alguien y luego, conocer a esa persona.

Yo pedía por ti.

Es hermoso, ¿no lo crees? Quería compartirlo porque pensé que te gustaría saberlo, ¿me equivoqué?

Espero realmente de corazón que consigas todo lo que has soñado.

No a pesar de tus defectos, sino tal cual con ellos. Yo pedía por ti, Mateo.


   Observé de nuevo la lápida. Aquella que decía: Mateo García Hernández 1983-2014. Me quedé ahí, como si esperara una respuesta, una reacción. Pero no pasó nada, solamente las flores respondían a la fuerza del viento.

   Sentí las lágrimas ahogar mis ojos y antes de que cayera la primera lágrima, dejé la carta debajo de un arreglo de flores.

   -Adiós, Mateo- Dije mientras tocaba la lápida.

   Y caminé hacia mi auto.

Fin.

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